El hombre que quiero amar anda por ahí con paso fuerte y seguro porque ya sabe que llegará a su destino. Camina sin prisa, apreciando la belleza de la vida, disfrutando su soledad, pero dispuesto a compartir su futuro con la mujer indicada.

Ama lo que hace, porque él no tiene un trabajo: tiene una misión vital y se entrega a ella con pasión y entusiasmo.

 

El hombre que quiero amar es un viajero empedernido, aunque puede tener grandes períodos de sedentarismo.  Sabe comer en restaurantes lujosos, pero prefiere el sabor local y la alegría que se encuentra en un mercado. Cuando viaja se sumerge en el lugar que visita, no mira superficialmente, no acumula selfies delante de un monumento famoso. Él crea recuerdos y captura emociones que vivirán para siempre. Emociones que convertirá en historias compartidas a mitad de la noche.

El hombre que quiero amar vibra con la música y su cuerpo no se queda indiferente ante ella. Canta, baila, ríe, se emociona a cada acorde.

Vibra con las palabras y puede pasar una noche completa sumergido en un libro sin poner atención a lo que sucede a su alrededor. Ama las historias en el formato que sea y va al cine con el mismo entusiasmo que un niño.

Puede parecer serio, pero es porque su humor irónico y negro no es para cualquiera.

Es un héroe anónimo que lucha por la justicia desde su trinchera, no con grandes actos porque sabe que para cambiar el mundo se puede empezar cambiando uno mismo. Apuesta por la verdad, el amor, el respeto a todos los seres vivos.

El hombre que quiero amar sabe y puede lidiar con sus problemas, resolverlos o reponerse de un fracaso. Ha librado suficientes batallas como para saber cuándo rendirse y cuándo continuar. Celebra las victorias y aprende de las derrotas. Distingue la belleza de una cicatriz porque él mismo tiene varias.

Está dispuesto a probar cosas nuevas porque sabe que la vida dura un suspiro y que la edad no es pretexto cuando la mente se mantiene joven.

El hombre que quiero amar tiene manos sabias que han recorrido cuerpos y pieles, sabe dónde tocar, cuándo acariciar y cuándo sostener con fuerza. Sus manos no se cansan de tocar y su piel está ávida de caricias. Es cachondo como un joven, pero ya no tiene la prisa de antaño y sabe que el placer total viene de compartir alma, mente, cuerpo y corazón.

El hombre que quiero amar está ahí cuando se le necesita, sus brazos transmiten seguridad y protección.

El hombre que quiero amar no confunde amor con posesión, valora la libertad compartida. La libertad de dos que ven hacia el horizonte en la misma dirección.