Comala era un pueblo terracota y espectral con una calle alargada y empinada por la que caminaban los visitantes… al menos así era en mi mente antes de conocerlo. Imaginaba que las ventanas se entreabrían para ver al extraño que merodeaba por esas calles fantasmales.

Así era Comala porque solo la conocía a través de las palabras de Rulfo aunque había visto imágenes de la blanca Comala para mí se imponía la imagen sepia que imaginé hace más de 20 años.

Todo cambió en octubre del 2014 cuando conocí a la blanca Comala.

Viaje a Comala

«Comala de verdad es blanca» pensé con desilusión.

Comala es bella, tiene una plaza con una fuente donde se reúnen las palomas para tomar su baño diario y criticar a los turistas que se toman la foto del recuerdo con la estatua de Juan Rulfo.

Comala tiene tiendas de artesanías coloridas, de esas que se ven en casi todo México, restaurantes, un templo y un puente en el que alguna vez habitaron fantasmas.

La Comala que conocí a través de las palabras de Rulfo es mi Comala verdadera porque el poder de una historia pudo más que lo que vi.

Visita a Colima

Colima se mueve a ritmo de jazz, sabe a tranquilidad y es suave y caliente al tacto como la Piedra Lisa. Se ve como la hermana menor de Guadalajara y huele a amor flotando en el aire.

Cuando vayas a Colima busca al polícia vial que ama su trabajo, lo reconocerás por su amabilidad, por su sonrisa y por la manera en la que detiene los autos para que pasen los peatones. Cuando se entere que eres un turista posará para la foto del recuerdo y te contará su historia.

La visita obligada es el parque donde está la Piedra Lisa, cuenta la leyenda que esa piedra fue arrojada por el volcán y que si te resbalas en ella te quedarás por siempre en la ciudad. Conmigo la leyenda no funcionó y ahora me encuentro a más de mil kilómetros de ese sitio.

Con este viaje comenzó la aventura de recorrer gran parte de México en compañía de mis hijos.