Esta es una obra del dramaturgo chileno Jorge Díaz (1930-2007), puede ser representada por actores, títeres o marionetas. El libro completo está aquí 

AVENTURAS DE PAPEL

Personajes

  • Séneca ratón de biblioteca
  • Raúl ratón de campo
  • Ramón ratón de campo
  • Rafael ratón de campo
  • Bellaco gato malandrín
  • Benigno perro lanudo

En el escenario hay algunos elementos de tela o madera pintada que representan árboles, arbustos, etc.
Estamos en el campo.
A un costado se ven cubos de basura y papeles sucios.
Entra SÉNECA, el ratón de biblioteca. Máscara o maquillaje muy bien hecho representando la cabeza de un ratón. Larga cola. Gafas intelectuales.
Lleva consigo una cesta de merienda campestre y tres o cuatro grandes libracos. Mira a derecha e izquierda y, finalmente, se decide a acampar allí, extendiendo en el suelo un mantel a cuadros que saca de la cesta.

Séneca– no parece un mal sitio. Hay sombra y aire puro (husmea levantando el hocico). Bueno, no tan puro que digamos (estornuda). 

Se acerca a las candilejas y mira al público.

¡Lástima que esté lleno de niños! Es inútil. Resulta imposible encontrar un sitio tranquilo para merendar en el campo. Por todas partes hay basura, niños y lagartijas. Hace diez años que no salía de mi casa, no sabía que el mundo exterior fuera así. 

Saca de la cesta libros y se pone una gran servilleta en el cuello como disponiéndose a comer, de pronto mira nuevamente hacia el público (todo lo ha hecho silbando alegremente)

¡Todos me miran!… ¿por qué será? seguramente les extraña que venga a merendar al campo con tantos libros.

Vuelve a las candilejas y les habla a los niños

Buenas tardes. Me llamo Séneca y soy el Ratón de Biblioteca. Vivo hace diez años en la biblioteca del convento, ya saben, allí arriba, cerca de la ermita (señala en alguna dirección)

Me encanta comer los libros de literatura, sobre todo los clásicos.  Hoy, para merendar en el campo, traje a Don Quijote -que está riquísimo- y al Lazarillo de Tormes, que ya lo tengo roído hasta casi la mitad. De postre me he traído este Tratado de Zoología con láminas de colores. ¡Qué láminas! caballos, gatos, leones y camellos. Están impresas en un papel muy digestivo. Si gustan…

Toma una copa llena de tinta

Y para pasar la letra impresa, no hay nada mejor que un buen trago de tinta. 

Bebe un trago y canta con acento de borracho

«La tinta que tiene Asunción no es blanca ni es tinta ni tiene color. Asunción, Asunción echa un poco de tinta al porrón.

Puede repetir o seguir improvisando, al oír el canto se asoman por detrás de los cubos de basura, uno a uno, tres ratones de campo. Sus máscaras o maquillajes son más toscos y su vestimenta remendada y harapienta, parecen asombrados y miran al elegante ratón de biblioteca con respeto, el más temerario se acerca a él. 

Ramón- Buenas…

Séneca– ¡Hola paisano! ¿De dónde sales?

Ramón– De la basura.

 

Séneca– ¡qué asco!

Los otros ratones, ya envalentonados, se acercan.

Raúl– (mirando ávidamente la cesta de la merienda) ¡qué aproveche!

Séneca– Gracias. No he empezado a comer todavía.

Rafael– ¿qué tienes para comer?

Séneca– (revolviendo los libros) El diccionario Enciclopédico, la Historia Antigua y La Odisea.

Ramón– eso no es comida, compadre.

Séneca– ¡no saben lo que es bueno! se ve a las claras que son ratones de campo, ignorantes y analfabetos.

Raúl– analta… ¿cuánto?

Séneca– a-nal-fa-be-tos. ¿qué no saben leer?

Rafael– no, leer no sabemos, pero comer y cantar por el campo sí que sabemos

Séneca– ¿cómo se llaman?

Los tres a coro– ¡Los Hermanos Ra Ra Ra!

Raúl– ¡Raúl!

Ramón– ¡Ramón!

Rafael– ¡Rafael!

Los tres– ¡Ra Ra Ra! (Cantando) «Qué bien se vive en campo en medio del basural. Aquí no te enteras de nada ni te mandan trabajar. ¡Ra Ra Ra! ¡Ra Ra Ra!

Séneca– ustedes no saben nada del mundo. Se les ha pasado el tiempo hurgando en la basura. ¿Qué saben de la conjunción copulativa o del futuro pluscuamperfecto?

Ramón– ¿Qué es eso?

Raúl– ¿Una marca de queso?

Séneca– (a Rafael) ¿Te has preguntado quién fue Nerón y Popea?

Rafael– ¡Ni idea!

Ramón– ¡Qué tipo!

Raúl- ¡Cómo habla!

Rafael– ¡Cuántas cosas sabe!

Ramón – ¡Qué elegante!

Este es un texto de Jorge Díaz, visita su sitio para solicitar los derechos de autor.

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Séneca– son unos muertos de hambre.

Raúl– Eso tampoco, que entre la basura se encuentran cáscaras muy ricas.

Sénaca– (en medio de acceso de risa) ¡cáscaras! díganme ¿se han comido alguna vez un gato?

Los tres– (alarmados) ¡ha dicho un gato!

Séneca- Exactamente. Gatos pequeños y grandes. Son muy sabrosos.

Ramón- (Tembloroso) Aquí en el campo son los gatos los que se comen a los ratones. 

Séneca– bah, en la biblioteca me he comido más de uno y no dijeron ni ¡miau!

Rafael– ¿No se defendieron?

Raúl– ¿No sacaron las garras?

Séneca– se quedaron quietecitos

Ramón– ¿y qué sabor tenían?

Séneca– A papel y tinta, por supuesto. En el campo se asombran por cualquier cosa. ¿No han comido alguna vez un león?

Los tres– ¿Qué?

Séneca– ayer mismo me comí uno. Tenía unos colmillos y unas zarpas así… ggrrrr.

Rafael- (temblando) es… increíble.

Séneca– se dejó comer quietecito y ni me gruñó siquiera.

Los tres– ¡ohhh!

Séneca– son unos timoratos. No saben nada de la vida. En la biblioteca me he comido rinocerontes, hipopótamos, jirafas y cocodrilos. 

Raúl– ¿pero es que esa biblioteca es un zoológico?

Séneca– los libros, ignorante. Los libros con láminas, los tratados de zoología. He comido libros, libritos y libracos durante diez años.

Raúl– yo no he visto a un rinoceronte en mi vida.

Ramón- ¿y qué sabor tiene un rinoceronte?

Rafael– ¿A queso de chanco o queso de cabra?

Séneca– un rinoceronte sólo tiene sabor a rinoceronte. ¡Dios mío, qué torpes son los ratones de campo! ahora me doy cuenta por qué caen en las trampas, por qué andan mal vestidos y mal alimentados. ¡Les falta experiencia!

Ramón– ¡qué facilidad de palabra!

Rafael– ¡No parece un ratón!

Séneca– Necesitan alguien que los defienda, alguien que haya roído los libros de Derecho de las bibliotecas, alguien que haya comido y digerido el papel de la Constitución (en plan de gran orador) ¡presento mi candidatura! ¡los representaré, llevando su voz a las bibliotecas de la capital!

Los tres– ¡Bravo! muy bien dicho ¡vota por Séneca!

Séneca- No prometo nada que no pueda cumplir. Para mí los gatos son papel comido.

 

 Los tres– Mueran los gatos (coreando consignas). Los ratones unidos jamás serán vencidos. 

En ese momento aparece por el fondo sin hacer ruido y caminando como un felino, el gato Bellaco. Los tres ratones de campo lo ven, pero el ratón de biblioteca no puede verle porque le está dando la espalda. Los tres ratones de campo retroceden espantados. 

Séneca– ¿qué les pasa? parece que han visto a un fantasma. ¿Cómo dijeron que se llamaban?

Los tres– (Con voz temblorosa) raaa… raaa…. raaa

Huyen a esconderse detrás de los cubos de la basura y observan, desde allí lo que pasa. El gato Bellaco se ha colocado detrás de Séneca, casi en la oreja le lanza un terrorífico maullido. 

Bellaco– ¡miaaaaauuuuiuu!

Séneca– (sin volverse) ¡qué ruido más extraño! nunca había oído algo así. Debe ser un trueno.

Los tres– (desde atrás de los cubos de la basura) ¡nooo! ¡es un gato!

Séneca se vuelve muy lentamente y se enfrenta cara a cara con el gato. El gato está absolutamente inmóvil, somo si fuera una estatua. Séneca lo toca con cuidado. 

Séneca– (inquieto) ¿un gato? sí se parece bastante a los dibujos de gatos que he visto. 

El gato no se mueve

Séneca(sonriendo, tranquilizando a los ratones de campo) Ya ven, es igual a las láminas de los libros, completamente inofensivo. (Le da unas palamaditas en la cara)

En ese momento el gato reacciona con un bufido tremendo y se lanza sobre Séneca que huye.  Persecusión por el escenario y quizás también por el patio de butacas, entre exclamaciones, gritos e improvisaciones. La persecución termina en el escenario cuando el ratón se cae al suelo. El gato lo levanta del cuello. 

Séneca– (asombrado y aterrado) ¡no es un gato de papel!

Bellaco– Tú eres el ratón que dice que se come a los gatos, ¿no?

Séneca– (asustado) bueno, verá usted, no solo como gatos, sino también panteras y jablies, pero lo que como son las láminas que los respresntan. Soy un ratón de biblioteca. 

Bellaco– ¿y no sabes que un ratón no debe tocar siquiera la fotografía de un gato?

Séneca– sí señor gato… no, señor gato, no lo sabía… es que soy un ratón intelectual.

Bellaco– llámame Bellaco. Ése es mi nombre. 

Séneca– (sorprendid0) ¿Bellaco?

Bellaco– Sí, Bellaco. Me llaman así porque soy Bello y porque no soy un gato.

Séneca– ¿Y qué es, entonces?

Bellaco– Un león gatuno oun gato aleonado, como quieras. (De una mochila que lleva en bandolera saca una peluca roja enorme de león y se la encasqueta) ¿Qué tal?

Séneca- ¡Bellísimo, Bellaco!

Bellaco– soy el Rey de la Selva.

 

 

Séneca– ¿De qué selva? aquí solo hay basura.

Bellaco– ¡pues soy el Rey de la Basura! (El gato Bellaco le ata las manos al ratón) ya no comerás nunca más zoológicos de papel. Si hubieras salido antes de la biblioteca, habrías sabido que no todos los gatos están dibujados. 

Los tres ratones de campo tratan de salir en puntillas del escenario, el gato los sorprende y cae sobre ellos echándoles una redecilla encima.

Bellaco– jajaja son tus parientes pobres, ratón de biblioteca. 

Rafael– usted se hace el matón con nosotros, pero si viera a un perro se moriría de miedo.

El gato bellaco se ríe a carcajadas y agita su melena.

Bellaco– ¡un perro! ja, ja, ja… ¿sabes para qué me sirven los perros? ¡para sacarme las pulgas y para cantarme nanas antes de dormir!

Séneca(a los tres ratones del campo) Jamás pensé que un gato fuera tan grande y oliera a gato.

Bellaco– Me los voy a comer aprovechando el mantel, el salero y los platos que han preparado.

Los cuatro–  ¡oh, no! ¡Bellaco, por favor!

Bellaco– habría una posibilidad de que salvaran la vida.

Los cuatro– ¿cuál?

Bellaco– Que voten por mí como representante de los animales del campo. Un voto libre, claro está.

Los cuatro– ¡sí, sí!

Bellaco– ¿Lo han pensado bien?

Los cuatro– ¡Sí, sí!

Bellaco– ¿Están ya maduros para una votación libre y democrática?

Los cuatro– ¡Sí, sí!

Bellaco– yo no quiero influir en nada. El pueblo tiene la palabra.

Séneca– ¡Voto por Bellaco!

Ramón– ¡Voto por Bellaco!

Rafael– ¡Voto por Bellaco!

Raúl- ¡Voto por Bellaco!

Los tres– ¡Bellaco, Ra Ra Ra!

Los cuatro– ¡Viva Bellaco! ¡Bellaco al poder!

Bellaco– (canta) «Soy león. No soy un gato. Honrado, bello y bellaco. Soy el mejor candidato de los ratones de campo, y también los educados ratones bibliotecarios votan por mí sin reparos. Tragarán discursos largos, octavillas y sufragios, y no busquen por debajo las cinco patas al gato. ¡Bellaco es seguridad! ¡Bellaco es prosperidad! ¡Bellaco es el candidato!»

Y ahora que me han elegido su representante, debo pensar que es lo mejor para todos ustedes.

Séneca– ¡La libertad! ¡Mi biblioteca!

Bellaco– ¿Para que se revuelquen en la basura? ¿para que sigan comiendo gatos de papel? ¡no, no y no! debo preocuparme de ustedes: los tendré metidos en la red para cuidarlos mejor.

Los tres– ¡Oh no, es un abusón!

Rafael lanza varios silbidos.

Bellaco– ¿Por qué silbas?

Ramón- de admiración

Ramón vuelve a silbar

Bellaco– Deja de silbar que quiero comer tranquilo.

El gato quita la servilleta que cubre la cesta y se la pone al cuello como babero, abre la cesta y empieza a sacar los libritos que va tirando lejos luego de leer sus títulos. 

Bellaco– ¡Ejercicios de gramática! ¡buag! ¡ciencias naturales! ¡puff! ¡Historia y zoología! ¡ajj! aquí no hay comida sino libracos mordisqueados. ¡qué asco!

Aparece Benigno que es un perro de lanas muy bonachón, voz gruesa, gestos lentos y cara cubierta de pelo lanudo.

Benigno– ¿Quién me llama?

Bellaco no ha visto entrar al perro.

Ramón– ¡yo te silbaba! nos ha cazado este gato bellaco.

Séneca- (en voz baja) ¿es un perro de papel?

Ramón– es Benigno, un perro de carne y hueso.

El gato Bellaco se apoya cómodamente en el perro de lanas como si fuera un cojín, sin darse cuenta que es un perro. Bebe de la copa de Séneca. Escupe todo lo que se echó a la boca con un gesto de asco.

Bellaco– ¡es tinta! (se vuelve hacia el perro) ¿y esta montaña de lana?

Benigno– (bondadoso) puedes apoyarte, que no me molesta. 

Bellaco– Gracias. ¿qué clase de bicho o de almohadón eres? 

Benigno– soy un perro.

Bellaco– (distraído) ah, bien (reacciona en forma tardía dando un salto tremendo, se le cae la peluca de león) ¡un perro!

Benigno le quita la redecilla a los ratones de campo y la cuerda a Séneca.

Benigno– (sin agresividad) guau, guau no tengas miedo.

Bellaco– (temblando) ¡San Gato, protégeme!.. no… no te acerques (lanza un bufido de gato) ¡socorro! ¡auxilio!

El gato huye por el patio de butacas o por el escenario seguido por el perro que trata de convencerle que no le hará daño.

Benigno– Espera. Solo quiero quitarte las pulgas. ¡Vuelve que se te quedó la mochila! 

El gato al ver que Benigno lo sigue cree que lo persigue y huye aún más despavorido.

 

 

Ambos desaparecen entre bambalinas

Séneca– ¡Uf! ¡qué susto pasé!

Ramón– (a Séneca) nos trataste de ignorantes y ya ves, un ratón de campo puede saber mejor que un ratón de biblioteca cómo perder de vista a un gato bellaco. 

Séneca– no me gusta la basura. Me gusta la literatura.

Rafael- Nosotros comemos lo que podemos, porque todos los candidatos han sido como tú o como el gato. No nos llenan el estómago ni la alforja.

Raúl– A propósito de alforjas, el gato Bellaco se ha dejado olvidada la mochila.

Séneca– sólo guardará peluquines y trapas. Del Bellaco no me fío.

Raúl– (mirando el interior de la mochila) ¡Pero es un bellaco riquísimo!

Los otros dos– ¿rico?

Raúl– Miren. Guarda aquí sus moneditas y sus alhajas.

Séneca– ¿alhajas?

Raúl– anillos de oro y otras joyas.

Séneca– ¿pero es un gato sarnoso o un felino de estirpe real?

Rafael- es un gato presumido, nada más.

Ramón– eso significa que volverá a buscarlas

Raúl- Prepararemos una trampa.

Rafael– Con su propia cuerda y su red.

Los tres– ¡caeremos sobre él! ¡Ra Ra Ra!

Dos de ellos estiran la cuerda a 40 centímetros del suelo, el otro ratón coloca la mochila en medio del escenario y prepara la red.

Séneca– (miedoso) yo me voy, tengo miedo que vuelva. Regreso a mi biblioteca.

Raúl– ¡ya está aquí! no te muevas.

El perro Benigno entra corriendo y tropieza en la cuerda cayendo al suelo, ramón cae sobre él con la red.

Benigno– ¿qué hacen? ¡quítenme esta red! ¿qué les pasa?

Ramón– (avergonzado) perdona, Benigno, era una trampa, pero no para ti, sino para Bellaco.

Benigno– se escapó de mis manos. Me encantan los gatos, pero me huyen como si les fuera a hacer daño. 

Séneca– es natural. El gato le teme al perro. Lo leí en las Fábulas de Samaniego.

Rafael- Volverá  a buscar su mochila.

Benigno– No le hagan daño.

Raúl– Sólo queremos asustarlo.

En ese momento aparece el gato disfrazado de una vieja campesina con traje típico, lleva un gran moño, falda de colores, blusa y zapatos de tacón muy altos. 

Bellaco disfrazado– ¿para quién preparan esa trampa, malulos?

Séneca– para un gato presumido que guarda anillos de oro en su mochila.

Bellaco disfrazado– ¡qué gato insensato! con lo que me gustan a mí los anillos y con lo que detesto a los gatos. Déjenme ver sus tesoros. 

Séneca le pasa la mochila. El gato disfrazado va sacando anillos y pulseras y se los va poniendo

Bellaco disfrazado– Parecen hechos para mí

Ramón– ¿y esta loca, quién es?

Bellaco disfrazado– no estoy loca, chiquillo, soy Pepa, la mejor cantora del lugar. Me llaman de todas partes para que maulle, digo para que cante.

Rafael- Esta bailarina me huele a chamusquina.

Séneca(ingenua) pues a mí me encanta. Se parece a una que vi en el Diccionario Espasa.

El gato disfrazado ha terminado de colocarse las joyas tira lejos la mochila. 

Bellaco disfrazado- ¿qué tal me encuentran? estoy lista para la fiesta.

Raúl– devulva esas baratijas, que si el gato la ve no se morirá de risa.

Bellaco disfrazado– ese bellaco o aparecerá en un buen rato.

El gato intenta marcharse.

Ramón– ¡oiga, no se vaya!

Bellaco disfrazado– bueno, si quieren que cante antes alguna cosita. 

(El gato disfrazado canta y baila en una forma grotesca, una cueca) «Por donde ando se arma la fiesta, por donde paso bailo la cueca. Es la cueca de la Pepa. Miau, miau. De la Pepa, que no es chueca. Miau, miau. Por donde caigo se arma la gresca. Por donde salgo dejo la meca- es la cueca de la Pepa. Miau, miau.

El gato disfrazado hace revolotear su falda y se le ve la cola de gato.

Benigno: a Pepa, la cantora, se le está viendo la cola.

Séneca: claro, la bata de cola.

Benigno: no, la cola, el rabo. Esta cantora tiene bigotes de gato, cola de gato y zarpas de gato. 

Séneca: si tiene todo eso debe ser un gato.

Los otros tres: ¡bellaco!

Bellaco disfrazado: ¡sálvese quien pueda!

Séneca: ¡se lleva las joyas!

Los otros tres: ¡cógelo, Benigno!

Benigno: (bondadoso) ¡minino, minino, minino!

Ramón: ¡así no, tonto! ¡ladra como un perro!

Benigno: guau, guau

Bellaco se levanta la falda del vestido de cola y corre, perseguido por el perro de lanas y por los tres ratones, Séneca, asustado, se sube a un árbol. Finalmente Benigno consigue acorralar al gato, le quita la peluca y el disfraz.

Bellaco: ¡no me muerdas, que te araño!

Benigno: ¡yo no quiero hacerte daño! sólo quiero quitarte las pulgas. ¿Por qué no somos amigos?

Bellaco: ¿amigos un perro y un gato?

Benigno: ¿por qué no?

Bellaco: oye, pues no lo había pensado.

Raúl: (a Benigno) ¡no te fies que es un bicho de cuidado!

Benigno: ¿por qué no pueden ser también amigos los ratones y los gatos?

Raúl: bueno, la verdad no sé.

Benigno: yo necesito al gato y ustedes me necesitan a mí. ¡Todos nos necesitamos!

Bellaco: no lo había pensado.

Séneca grita pidiendo auxilio desde arriba del árbol

Séneca: ¡auxilio! ¡no puedo bajar! 

Ramón: es el bibliotecario

Todos se acercan al árbol

Rafael: ¿tampoco se aprende en los libros cómo bajarse de un árbol?

Séneca: no

Bellaco: y seguro que tampoco en tus libros has leído -o comido- que un perro, un gato y tres ratones puedan ser amigos.

Séneca: tampoco.

Ramón: pues ya verás que la vida y la experiencia te enseñan más que la tinta y la ciencia.

Ayudan a bajar a Séneca del árbol y todos cantan la canción final.

Todos: «Cómo perro y gato, como gato y ratón, así nos llevábamos, peleando sin ton ni son. Dale la mano al gato, dale la mano al ratón. dale la mano al perro par entendernos mejor. Es nuestra la misma tierra. Tenmos un corazón. Si dejamos de mordernos seremos una legión. Vengan todos a cantar perro, gato y ratón, verdes, rojos y amarillos, azules y bermellón. Hay cabida para todos en la viña del señor. Basta con darse la mano y cantar esta canción. Cosas que tienen ton cosas que tienen son, canta con ton y son, canta con ton y son.

 

FIN

 

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