El mundo es un pañuelo de papel
Esta es una obra escrita por Jorge Díaz, dramaturgo chileno, desconozco quien tiene los derechos, el texto completo está aquí
Personajes
Titiloco, payaso
El vendedor mister humo
El hincha
Pepín niño de 70 años
Con las cortinas aún cerradas (si las hay) y la sala iluminada se escucha música de circo. En el momento de empezar la función se escuchan por los altavoces unos cuchicheos y luego una voz urgente y susurrada.
Voz: ¡Corten! ¡Corten la música! ¡Dame el micrófono!
La música se desvanece. Alguien carraspea antes de hablar por el micrófono en tono profesional y de volumen normal.
Voz: señores y señoras, queridos niños, deben perdonarnos por no haber empezado aún la función. La causa de este retraso es que ha surgido un imprevisto: el conocido y popular payaso Titiloco, que iba a actuar hoy en esta sala… ¡ha desaparecido! no sabemos dónde está ni hemos podido comunicarnos con él. Estamos tratando de averiguar si ha sufrido un accidente, aunque esperemos que sólo se trate de un atasco. Tengan un poco de paciencia. Perdonen las molestias. Seguiremos informando. Muchas gracias.
Este texto y los efectos que lo precedieron pueden estar grabados para liberar a uno de los actores de esta tarea, vuelve la música.
Por la parte de atrás de la platea aparece el payaso Titiloco. Camina en puntillas y con un dedo en la boca pidiendo silencio. Se esconde entre los niños y les habla en voz baja, confidencial, pero de tal manera que le escuchen en toda la sala.
Titiloco: ¡schttt! soy Titiloco y ya lo han oído: me buscan, me están esperando. Pierden el tiempo. ¡No pienso hacer la función! El trabajo de payaso no me gusta nada. ¡No pienso subir al escenario a hacer reír a nadie! hoy no estoy para risas. Voy a lavarme la cara y no me encontrarán jamás, porque me marcho a aconocer, otras ciudades, otras gentes. Tampoco quiero que me llamen «Titiloco» porque no tengo un pelo de tonto. Siempre me han llamdo Titiloco y olvidé mi nombre verdadero. Me encantaría tener un nombre corriente, como el tuyo, por ejemplo (a un niño) ¿cómo te llamas?
Niño: Antonio
Titiloco: Eso, Antonio, o como tú… (señala a otro niño)
Otro niño: Ignacio
Titiloco: Me puedo llamar con varios nombres… Antonio Ignacio, por ejemplo.
Nuevamente se corta la música.
Voz: Esperamos poder empezar la función dentro de unos minutos. Les ruego que nos disculpen: era nuestro único payaso. Ya hemos avisado a la policía de su desaparición.
Este es un texto de Jorge Díaz, visita su sitio para solicitar los derechos de autor.
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Titiloco al escuchar la voz se esconde entre los niños.
Titiloco:¡La polícia! ¡Lo que me faltaba! Tendré que salir de la ciudad. Dice que soy su único payaso y es verdad, si lo sabré yo. ¡Vaya manera de explotarme!
Voz: ¡Titiloco!
Titiloco: ¡ya voy! (corre por la platea)
Voz: ¡Baña a los caballos y dale la comida a los osos!
Titiloco: ¡Voy! (corre a otro sitio)
Voz: ¡Titiloco, echa el serrín a la pista!
Titiloco: ¡ahora, ahora! (se desplaza nuevamente)
Voz: ¡Titiloco, tienes que hacer reír y si no lo consigues te lo descontaré de tu salario!
Titiloco: (quejumbroso) ¡quiero dormir, no hacer reír!
Voz: ¡y no cuentes chistes malos!
Titiloco: (reaccionando, pero siempre en la platea) ¡basta! ¡el circo es muy bonito, pero las jaulas son muy feas! y yo estoy metido en una jaula. ¡Quiero la libertad! ¡El mundo me está esperando!
Se escucha la sirena de la policía
Titiloco: ¡La policía ya está aquí! Lo siento por ustedes, amiguitos, porque hoy se han quedado sin payaso. Si les preguntan por mí, deben decir que…
El payaso se escapó.
El circo ya la cansó.
Dar maromas y dar brincos
para nadie es buen oficio.
El mundo es muy ancho
y oficios hay tantos.
Quizás llegue a algo buscando y buscando.
¿Saben dónde empieza mi libertad, dónde se abren todos los caminos del mundo? ¡En el escenario de un teatro!
Se apagan las luces de la sala. Se descorren las cortinas (si las hay) se ilumina el escenario donde hay una estructura de fierro. Titiloco sube al escenario.
Titiloco: Quiero conocer el mundo… ¡y el mundo es un pañuelo!
Saca un pañuelo de su pantalón de payaso. Estornuda y se suena ruidosamente. Mira el pañuelo.
Titiloco: no iré muy lejos, he llenado el mundo de mocos.
Saca ahora un enorme pañuelo con el mismo estampado que el pequeño, pero éste es muchísimo más grande. Una gran tela.
Titiloco: Este pañuelo es otra cosa. Podría ser una alfombra mágica.
Pone el enorme pañuelo en el suelo y se coloca sobre él.
Voz de azafata: «Su atención, por favor, les rogamos que se abrochen sus cinturones y no fumen. El vuelo 755 de la Alfombra Mágica va a despegar»
Titiloco hace todas las acciones mímicas que corresponden al anuncio y al vuelo.
Titiloco mira hacia abajo como si estuviera a gran altura
Titiloco: ¡Jo, qué altura! ¡Los coches parecen escarabajos y los niños, hormigas! Me están dando ganas de hacer pipí. ¿Dónde estará el baño en las alfombras mágicas?
Voz de azafata: «Su atención, por favor, el vuelo 755 de la Alfombra Mágica anuncia su aterrizaje en el País de los Tragalotodo»
Titiloco: consultaré mi mapa.
Saca su pañuelo y lo estudia
Titiloco: ¡aquí está! En el País de los Tragalotodo el que no tiene plata para comprar es expulsado. ¡Pues yo no tengo ni un cinco!
Titiloco muestra el forro de sus bolsillo vacíos. Luego se suena ruidosamente con el pañuelo. Se escucha un redoble de tambor y entra el vendedor que es un charlatán con una enorme peluca amarilla, guantes dorados y grandes gafas doradas, habla a través de un pequeño megáfono.
Vendedor (canta) Comprar, comprar, comprar, es algo sin igual. Comprar, comprar, comprar, te doy menos por más. Tú compras, yo vendo. ¡Este es el juego!
Titiloco: (animado) ¡me gustan los juegos!
Vendedor (Canta) comprar, comprar, comprar, te da felicidad. No pienses nada más. Paga sin rechistar. Tú compras. Yo vendo. ¡Este es el juego! (A Titiloco) ¡Sígueme!
Titiloco ¿A dónde vamos?
Vendedor: ¡a las grandes tiendas!
Titiloco y el vendedor se meten dentro de la estructura de fierro. El vendedor hace con la boca los ruidos del ascensor y l apuerta.
Vendedor: ¡riiiung! ¡grin gronc! ¡cliiiink! ¡ding dong! ¡tercera planta: niños, basuritas en general y embelecos para toda la familia!
Titiloco y el vendedor salen de la estructura de fierro.
Titiloco: (embobado) ¡cuántos colorines! ¡esto me recuerda el circo! ¡ y también está lleno de fieras!
Altavoces con voz femenina: ¡La supertienda le recuerda: compre sus regalos ahora mismo. Éste es su calendario «día tres, día del padre irlandés, día cinco, día del gato y el perrito, día ocho, día del tíito pocho, día diecisiete, día del primo zoquete!
Vendedor: (acorralando a Titico) ¡compra, compra, compra!
Titiloco: (retrocediendo) ¡no tengo dinero! ¡no necesito nada!
Vendedor: ¡te damos facilidades! ¡hipoteca tu nariz de payaso! ¡vende tu alma al diablo!
Titiloco: ¡usted es el diabol!
Vendedor: ¡claro, tonto, tú compras, yo vendo, juega! (carcajada diabólica)
Titiloco: ¡no quiero jugar a eso!
Vendedor: ¡eres un payaso triste, que es la enfermedad más idiota que puede contraer un payaso!
El vendedor baja a la platea y trata de convencer a los niños que compren sus ofertas. Titiloco se queda en el escenario e interviene en el diálogo. El vendedor lleva una faltriquera de donde saca sus ofertas.
Vendedor: (Dirigiéndose a algunos de los niños espectadores) ¿has probado los chocolates marca «super serrín»? regalamos con ellos los cromos «babosín».
Los niños aceptan o rechazan el chocolate.
Vendedor: (a otros niños) ¡un atracón fantástico con los turrones «almendruco»! ¡saben a plástico!
Titiloco: (desde el escenario) ¡claro! porque están hechos con cuescos de duraznos machacados y papel de periódico!
Vendedor: (gritándole a Titiloco) ¡Cállate, payaso triste! (intenta venderle cosas a otros niños del público) ¡Los yogures «tufito» están de oferta! ¡si compras una docena, el tratamiento de la diarrea es gratis!
Titiloco: ¡No lo comas! ¡te saldrá moho hasta en las orejas! ¡Esos yogures están hechos de cáscaras de papas!
Vendedor: ¡estos niños son mis clientes!
Titiloco: ¡no somos clientes, somos un rebaño de ovejas! ¡beeeee! (Titiloco incita a los niños del público a balar como ovejas)
Niños: ¡Beeeeee!
Vendedor: ( a los niños) ¡traga, traga, traga! ¡compra, compra, compra!
Niños: ¡beeeeee!
El vendedor está furioso, se enfrenta a Titiloco.
Vendedor: ¡El que no puede comprar es expulsado del País de los tragalotodo! ¡fuera de aquí! ¡el que no compra no existe! (a los niños del público). ¡Y ustedes también! ¡Están expulsados! ¡salgan inmediatamente de aquí!
Los niños se burlan de él
Vendedor: ¡llamaré ahora mismo a los vigilantes de la compra y venta! ellos les darán Jarabe de Palo!
El vendedor sale furioso, Titiloco coge el gran pañuelo.
Titiloco: ¡Nos vamos de aquí porque no queremos tragar sin pensar! ¿Y a dónde puedo ir? ¡A cualquier parte! total, el mundo es un pañuelo.
Coloca el gran trozo de tela atado a la estructura de fierro, como si fuera la vela de un velero.
Titiloco: con imaginación ya tenemos un «velero -todo -terreno» ¡Un velero que navega por la cordillera!
La pantomima correspondiente como si estuviera en un velero.
Titiloco: ¡Suban el trinquete! ¡Levanten el palo de mesana! ¡leven anclas! ¡Velas al viento!
Mueve la tela como si el viento la hinchara. Titiloco está subido en lo alto de la estructura metálica oteando el horizonte.
Titiloco: ¡Algo se ve en el horizonte! ¡Ojalá sea un sandwich de chorizo porque tengo hambre… ¡No, no es un sandwich, es una isla! ¡no, no es una isla, es un país lleno de humo! ¡Echen el ancla! ¡arríen la vela mayor! ¡Vamos a desembarcar! ¿dónde estaremos? ¡será mejor consultar el mapa!
Titiloco se quita un calcetín y lo observa curiosamente.
Titiloco: ¡Estamos aquí! ¡Dios mío, estamos en el Imperio del Humo! Habrá que andarse con mucho cuidado.
Titiloco se sienta al borde del escenario, en las candilejas, allí habla con los niños, puede improvisar, si es necesario.
Titiloco: Este parece ser un lugar solitario, o quizás sea que el humo no deja ver a sus habitantes.
Aparece Míster Humo. Larga chistera-chimenea, antifaz de caco y un traje lleno de largos trozos de tul negro. Se acerca en puntillas, por detrás de Titiloco. Los niños le avisarán al payaso de la presencia de Míster Humo. El payaso no entiende lo que dicen. Luego, finalmente se vuelve.
Titiloco: ¡aaaaaaayy! ¿y usted quién es?
Mister Humo: (persuasivo y amable) me llamo Míster Humo
Titiloco: no tiene que jurarlo. Tiene más tizne en la cara que una chimenea.
Míster Humo: estoy orgulloso de mi tizne y mi humo. Y soy el Progreso. Donde hay una chimenea, algo se quema y donde algo se quema hay prosperidad.
Titiloco: (mirando a su alrededor) ¿por qué el imperio del humo es gris? ¡no existen los colores!
Míster Humo: ¿Y para qué queremos los colores? Mi aliento es gris (Tose aparatosamente)
Titiloco: (a los niños) tiene los pulmones llenos de carbón. (a Míster Humo) ¡Póngase un filtro en la garganta!
Míster Humo: no compliquemos las cosas. Es muy bonito ver caer mi hollín sobre la ciudad, como si fuera nieve negra. El humo es muy sano para los pulmones. (Tose aparatosamente).
Titiloco: o usted es tonto o trata de engañarnos.
Mister Humo: Quizás las dos cosas (se ríe). Os lo explicaré cantando.
El humo es el progreso,
el humo es la riqueza.
Convierte en dinero
todo lo que quema. Quema, quema, quema, quema, quema, quema. Sólo cuatro días son los que le quedan a nuestro planeta, que era azul y muy pronto será gris. ¡Hollín, hollín!
Contamino todo,
todo lo que toco,
y me importa poco
lo que combustiono. Quema, quema, quema. Quema, quema, quema. Sólo cuatro días son los que le quedan a nuestro planeta! que era azul y muy pronto será gris.
¡Hollín, hollín!… (tose aparatosamente)
Titiloco: ¿quiere un caramelo para la tos?
Míster Humo: No. Lo mejor para la tos es un cigarrillo (enciende un cigarrillo). Fumar es maravilloso: llenarse los pulmones de alquitrán y toser carbonilla (tose). Los niños deberían fumar desde los seis meses, por lo menos. Estarían tan sanos como yo (tose). ¿No quieres fumar?
Titiloco: No, no quiero escupir alquitrán.
Míster Humo: tú te lo pierdes.
Titiloco: ¿A qué ha venido, Mister Humo?
Mister Humo: a comprar este teatro y levantar aquí un horno crematorio con una gran chimenea. Los teatros no sirven para nada y las chimeneas dan vida. (tose, tira el cigarrillo y se toma unas pastillas). Ando un poco debilucho últimamente.
Titiloco: Usted lo compra todo y todo lo convierte en humo. ¿Y el campo y las flores?
Míster Humo: ¿Qué es eso? Nunca he visto las flores.
Titiloco: en vez de echar humo debería plantar árboles.
Míster Humo: (ríe a carcajadas) ¡ay, qué chistes más buenos dice este payaso!
Míster Humo baja a la platea. Titiloco puede bajar o quedarse en el escenario. Míster Humo se mezcla con los niños y habla con ellos.
Míster Humo: ( a los niños) ¿Por cuánto me venden este teatro? (protestas) No se precipiten. Yo le daré un milenio de caramelos a cada uno. (Protestas). Bien, subiré la oferta ¡un milenio y un ochavo de billonazos de caramelo de menta a cada uno! (negativas y protestas) ¿Tampoco? será mejor que haga tratos particulares. (Míster Humo le habla a un niño) ¿Me vendes esta butaca? te doy un chocolaseis y medio. (el niño se niega) voy a proponerte algo confidencial. (le habla al oído)
Titiloco: ¡basta de secretos! aquí, o se habla en voz alta o no se habla. O nos enteramos todos o ninguno. (al niño) ¿qué te proponía Míster Humo?
Niño: que le ayudara a quemar este teatro para hacer una chimenea y luego quemaríamos las escuelas y los parques.
Protestas.
Mister Humo: ¡es por vuestro bien! el humo es riqueza.
Titiloco: riqueza para usted. A los fabricantes de humo se les han subido los humos a la cabeza.
Mister humo: (tosiendo) ¡No, a los pulmones! ¡quie…ro un caramelo para la tos tos tos!
Titiloco: (a los niños) ¿alguien tiene un caramelo para que Míster Humo pueda calmar su tos?
Uno o varios niños le dan un caramelo a míster humo (vamos, eso espero).
Míster Humo: (emocionado) gracias es la primera vez que alguien me da algo a cambio de nada.
Titiloco: bueno, está claro que el Imperio del Humo no es lo que yo ando buscando.
Míster Humo: Y está claro que no me van a vender este teatro. (Hace mutis cantando) quema, quema, quema, quema, quema, quema, solo cuatro días son los que le quedan a nuestro planeta…
Titiloco en el escenario.
Titiloco: si solo nos quedan cuatro días, será mejor que continúe mi viaje. Y para eso, recurriré de nuevo a mi pañuelo. ( a los niños) ¿Saben lo que es un Ala Delta? (Aprobación general) Pues con mi pañuelo improvisaré un Ala Delta.
Titiloco coloca la tela en una forma triangular sobre la estructura metálica y se cuelga de ella, balanceándose como si estuviera en el vacío. Desde lo alto de la estructura canta.
Titiloco: a volar, a volar, el mundo es un pañuelo y todo es empezar.
A volar, a volar, si tú pierdes el miedo nadie te detendrá.
A volar, a volar. Planeando sobre el cielo. ¡Saldremos a buscar un país para todos algún otro lugar!
A volar, a volar, a volar. (Mirando hacia abajo) Me he elevado mucho, tengo que bajar. ¡Algo se ve allá abajo! ¡Parece una torta de chocolate! ¡No, es un parque de atracciones! ¡ no, no es un charco de ranas! ¡pues tampoco! no sé lo que es (dando órdenes imaginarias) ¡Alerón derecho en contra del viento! ¡La cola en posición! ¡Bjar el tren de aterrizaje, que son mis pinreles! ¡Listo el descenso!
Titiloco se deja cael desde la estructura de fierro al suelo. Se da unas vueltas por el suelo, se incorpora.
Titiloco: magullado, pero con todos mis huesos… creo. ¿Dónde estaremos? he perdido mi mapa-calcetín.
Se escuchan disparos de ametralladoras y explosiones grabadas y griterío de la multitud.
Titiloco: sea el país que sea, parece que están en guerra. Con las ganas que tengo yo de tumbarme al sol y descansar de este viaje alrededor del mundo. Este país es muy raro. Se parece a un inmenso campo de fútbol.
En un rincón del escenario Titiloco encuentra una bufanda verde muy larga. Se la pone alrededor del cuello. En ese momento entra el Hincha. Lleva al cuello una bufanda azul, en la cabeza un gorrito de visera también azul, zapatillas deportivas azules y un buzo de colorines.
Hincha: (muy agresivo a Titiloco) ¡conque tú eres un «verde»!
Titiloco: No, yo soy un payaso, nada más
Hincha (desconfiado) ¿pero, de qué color?
Titiloco: de todos los colores.
Hincha: ¡eso es imposible! ¡estamos en el país de los hinchas y cada cual tiene un color!
Titiloco: pues eso está muy bien.
Hincha: ¡eso está muy mal! ¡es la guerra!
Titiloco: ¿y por qué?
Hincha: ¡el que no tiene mi color es «mi enemigo»! ¡Y como tú eres un «verde» tengo que machacarte!
Titiloco: (asustado) ¡Escucha, podemos entendernos! A mí me da igual ser verde o azul.
Hincha: ¡cobarde! ¡chaquetero! ¡desertor! ¡gallina!
El hincha empieza a perseguir a Titiloco, lo amenaza con un banderín azul que lleva en la mano.
Hincha: (mientras persigue a Titiloco va gritando) ¡Arriba el azul! ¡Arriba el azul! ¡Chuc chus chus cupachús!
Titiloco: (mientras huye) ¡Arriba el verde! ¡arriba el verde! ¡el verde nunca pierde!
La persecución termina en la platea. Titiloco se esconde entre los niños. Escondido entre ellos y con su complicidad grita otras consignas.
Titiloco y los niños: ¡Arriba el rojo y tú eres un piojo!
Cólera del Hincha que corre hacia ese lado.
Titiloco y los niños: (desde otro lado) ¡arriba el amarillo y tú eres un pardillo!
Cólera del hincha que corre hacia otro lado de la platea.
Titiloco y los niños: (desde otro lado) ¡Arriba el blanco y tú eres un macaco!
Titiloco, desde sus diferentes posiciones durante la persecución, ha estado repartiendo a los niños unas cartulinas de muchísimos colores. Titiloco sube al escenario.
Ttitiloco: ¡oiga usted, señor Hincha!
Hincha: (agresivo) ¿qué pasa, payaso verde?
Titiloco: ¡suba aquí que vamos a parlamentar!
Hincha: ¡yo no negocio con un verde! ¿me quieres sobornar?
El hincha sube al escenario.
Titiloco: no, solo quiero dialogar. Escuche, este país no está dividido entre azules y verdes. Hay muchos más.
Hincha: ¡Tú no eres de aquí!
Titiloco: Los extranjeros también tienen su color y son amigos nuestros (a los niños) ¡que levanten su emblema los rojos!
Los niños levantan la tarjeta y gritan.
Titiloco: ¡ahora, los amarillos!
Los niños levantan la tarjeta y gritan.
Titiloco: ¡ahora, los naranjas!
Seguir así de acuerdo a los colores que se hayan repartido.
Titiloco: ya ve, señor Hincha, en este país hay habitantes de todos los colores.
Hincha: (perplejo) ahora me entero. ¡Esto es el desmadre! todos deberíamos ser del mismo color.
Titiloco: ¿para qué?
Hincha: para gritar a coro ¡arriba el azul!
Titiloco: es mucho más divertido gritar ¡arriba el color de cada uno!
Empieza la canción. La canta Titiloco y hace que el estribillo lo canten todos los niños
Titiloco: (canta) escucha esta canción con que enterramos el luto. Elige tu color. Cada uno tiene el suyo según su corazón. El púrpura, cólera; el clanco, candor. El celeste cielo y el naranja un sol.
Hincha: ¡también me gusta el marrón!
Titiloco: ¿Por qué no? (a los niños) ¿saben lo que ocurre cuando todos los colores se unen? ¡Se forma el arco iris! (canta) Escucha esta canción con que enterramos el luto. Elige tu color. Cada uno tiene el suyo según su corazón.
Hincha: (A Titiloco) te regalo mi bufanda azul si tú me regalas tu bufanda verde.
Tititloco: de acuerdo.
Se intercambian las bufandas. El Hincha sale gritando.
Hincha: ¡Arriba el arco iris! ¡arriba el arco iris!
Titiloco coloca el gran pañuelo sobre la estructura de fierro. Forma una bolsa con el pañuelo y lo ata a su cuello o cinturón.
Titiloco: y ahora me dejaré caer sobre el Planeta Azul en paracaídas. Quizás caiga en un lugar que me guste más que el Circo. Un país menos indigesto que el País de los tragalotodo, menos contaminado que el imperio del humo y más fraternal y tolerante que el País de los Hinchas. A la una, tuna, a las dos, un jamón y a las tres… ¡salta de una vez!
Titiloco salta al vacío y se enreda en su paracaídas.
Titiloco: ¡esta sí que ha sido caída libre! pero ha valido la pena porque he caído en un país diferente. (mira atentamente la platea) un país en el que sólo se ven niños ¡qué cosa más rara! ¿a dónde habré ido a parar?
Aparece el viejo Pepín. Barba blanca, gafas y un gorro de dormir.
Pepín: ¡Al país de los niños, Titiloco!
Titiloco: ¿Y usted quién es?
Pepín: Soy Pepín, un niño de 70 años.
Titiloco: ¿y en este país los niños no van a la escuela?
Pepín: no, amigo, en este país sólo las personas mayores van a la Escuela. Son ellos los que tienen que aprender a no robar, a no hacer guerras, a no matarse en las carreteras.
Titiloco: ¿usted ha ido a esa Escuela?
Pepín: todavía no puedo ir a esa escuela de los adultos. Cuando sea grande iré.
Titiloco: ¿cuándo sea grande? (riendo) ¿y ahora qué es?
Pepín: ya te lo dije, soy todavía un niño, un niño de 70 años. Nosotros, los niños no vamos a la Escuela, porque aprendemos la enciclopedia del chupete.
Titiloco: ¿y qué es eso?
Pepín: Se ve que eres un adulto, por lo poco que sabes de la vida. La Enciclopedia del Chupete tiene diversos sabores. Por ejemplo, este chupete de piña te resuelve todos los problemas matemáticos.
Titiloco: ¿puedo probarlo?
Pepín: claro (le da el chupete)
Ttitiloco le da varios lengüetazos al chupete.
Pepín: a ve si ahora me resuelves este problema ¿cuánto es un remillón de billonazos divididos en chachito sy rebozados con un ochote de milenios?
Titiloco: (después de pensar un poco y rascarse la cabeza) muy fácil, es un maramillar de chocolaseís batido con un pinrel de decimalandrines.
Pepín: ¡perfecto! ahora chupa un poco este chupón de naranja. Los de naranja son para aprender zoología.
Ttitiloco le da lengüetazos a un chupete de naranja.
Pepín: dime ¿qué son las musarañas?
Titiloco: ¡eso está chupado! las musarañas son uns roedores de larga cola que se ponen abrigos de piel para salir los domingos.
Pepín: muy bien. Tengo también chupete de Historia, de Gramática, de Idiomas y de Biología. Lo bueno de la enciclopedia del chupete es que los niños más golosos son los más sabios. Pero lo que prefieren los niños es la asignatura de Música.
Titiloco: ¿y cómo se aprueba la asignatura de Música?
Pepín: haciendo pompas musicales
Titiloco: ¿qué es eso?
Pepín le muestra a Titiloco varios frascos de cristal con líquido de colores.
Pepín: cada uno contiene una canción. ¿Qué quieres escuchar… Mozart o los rolling stones?
Titiloco: una de Mecano. ¿y cómo se puede escuchar?
Pepín: ¡haciendo pompas musicales!
Pepín abre el frasco y con un alambrito llena el escenario de pompas de jabón mientras escucha la canción de Mecano.
Titiloco: ¡me gusta este país con niños de 70 años!
Pepín: ¡aquí a los 7 años puedes ser Ministro!
Titiloco: ¡Y puedes cantar con pompas de jabón!
Pepín: (Canta) vamos a poner las cosas del derecho y del revés, los maestros a la escuela y los adultos también.
Titiloco: (Canta) el país de los niños es más divertido, aquí los payasos pueden ser ministros. No hay guardias en las calles, no tienen nada que hacer. Hay un solo delito grave, está prohibido crecer. El país de los niños es más divertido, aquí los payasos pueden ser ministros.
Titiloco: Me tengo que marchar. Me porté muy mal con el Circo. El público estará esperando.
Pepín: ¿Y vas a volver al país de los niños?
Titiloco: ¡Claro! (se rasca la cabeza) aunque perdí mi mapa-calcetín. No sabré volver aquí.
Pepín: ¡Habrá que encontrar otro mapa calcetín! (a los niños) ¿tienen algún calcetín que le sirva a Titiloco de mapa para volver al país de los niños? cualquier calcetín puede valer.
Se producirá un gritería y muchos niños se quitarán un calcetín y se lo darán a Titiloco.
Titiloco: (con varios calcetines en la mano) gracias, gracias. ¡Esto es un mapamundi! ¡pero este calcetín tiene un tomate y éste huele al perfume «patagón»!
Pepín: para llegar al país de los niños no se necesitan mapas, solo se necesita la imaginación.
Titiloco: y un pañuelo, para volar y navegar.
Pepín: la imaginación ya la tienes… ¿y el pañuelo? (A los niños) ¿tienen pañuelos? ¡Agítenlos para desearle un buen viaje a Titiloco!
Titiloco: yo me voy con la música a otra parte.
Empieza la canción final
Titiloco y Pepín: somos los titiriteros, somos gente de teatro, que para decir verdades nos vestimos de payaso. Con una trompeta, con una careta, con una pirueta y una morisqueta nos basta y nos sobra si tú nos ayudas si tú nos alientas.
Pepín: el mundo del escenario es un gran rompecabezas donde las cosas más serias convertimos en comedia.
Titiloco y Pepín: Con una trompeta, con una careta, con una pirueta y una morisqueta nos basta y nos sobra si tú nos ayudas si tú nos alientas.
Titiloco: a todo el mundo le damos la risa como receta, como vacuna infalible para todas las dolencias.
Pepín y Titiloco: con una trompeta, con una careta, con una pirueta y una morisqueta nos basta y nos sobra si tú nos ayudas, si tú nos alientas.
Titiloco y Pepín salen agitando el enorme pañuelo, mientras los niños del público agitan sus pañuelos despidiendo a los payasos.
FIN
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