Desde finales del siglo XIX a 1950, el teatro ha pasado de sus más rotundos resultados naturalistas al nihilismo exagerado de un absurdo perspicaz. En esos años se modificaron estilos, se buscaron nuevas posibilidades a los dispositivos escénicos, se cuestionaron hasta sus últimos extremos los restos de un aristotelismo trasnochado, se sacaron las máximas posibilidades de las nuevas técnicas de iluminación, en suma, todo lo que había permanecido estancado durante siglos de repente cambió, pero no en una sola dirección, sino en muchas. 

Las causas principales de ello las podemos encontrar en:

  1. La culminación de todos los progresos industriales y técnicos que llegaron al teatro en forma de escenarios móviles y luminotecnias reguladas
  2. La popularización del cinematógrafo, que si bien se ve influido en primera instancia por el teatro, termina influyendo en él, en su estética e incluso en el sentido realista en que deriva
  3. La importancia que adquiere la personalidad del director de escena que, por primera vez en la historia del teatro, separa sus funciones totalmente de las de actor o empresario, aunque a veces las simultanee
  4. La agilidad de la información periódica y filmada que hace que las innovaciones lleguen mucho más rápidas que en tiempos anteriores, gracias también a las nuevas tecnologías.

En este clima de efervescencia y renovación de movimientos escénicos es preciso hablar de las personalidades que los originaron.

Meyerhold

Vsevolod Meyerhold (1874-1942) fue discípulo de Stanislavski, formado en el naturalismo del grupo, dirigió el Teatro Estudio, dedicado a la experimentación escénica dentro del propio Teatro de Arte, allí iniciará Meyerhold su idea de la «Convención consciente», principio del teatro antinaturalista. Su idea antiilusionista viene del simbolismo y propone desde el principio el «punto de ironía de una situación». 

Meyerhold considera un solo método de trabajo para el obrero y para el actor. El arte asume una función necesaria y no de pasatiempo. El actor utilizará tan sólo las enormes posibilidades de su cuerpo, y no perderá el tiempo en maquillaje o en vestuario. Se uniformará para destacar la convención. El nuevo actor debe tener capacidad de excitación reflexiva, junto a una elevada preparación física. En definitiva, estudiar la mecánica de su propio cuerpo, porque ese es su instrumento. El actor debe ser un virtuoso de su cuerpo. 

Estamos ante el conocimiento de la mecánica de la vida de cada actor o ante la biomecánica, que no es más que una serie de ejercicios que preparen al actor en esta nueva dimensión señalada. En contra del método stanislavskiano de las acciones físicas, aquí se parte del exterior al interior, del cuerpo a la emoción.

La biomecánica responde a la necesidad de un teatro del proletariado. Pergeñada en tiempos del constructivismo, la biomecánica parte de la realidad sin imitarla, se convierte en soporte de ese nuevo realismo, capaz de deformar o de dar cara distinta a la real, para que el tal realismo sea una consecuencia, no un procedimiento.

Dadaísmo y superrealismo en el teatro

Tristan Tzara, el 8 de febrero de 1916, a las seis de la tarde, en el Café Terrasse de Zurich, bautizó con el nombre de Dadá las inquietudes de un grupo de amigos. Dadá, no siginica nada. La nada dadaísta es de un gran poder corrosivo, pues implica el nihilismo estético e ideológico más radical. Las manifestaciones teatrales se iniciaron el 14 de julio de 1916 en la sala Zur Waag de Zurich. El espectáculo consistió en números de danza, música, lecturas de manifiestos y de textos poéticos, dirigidos por Hugo Ball.

El futurismo

El término futurismo se debe al escritor italiano Filippo Tommaso Marinetti quien, el 20 de febrero de 1909, escribió en Le Figaro, de París, un artículo titulado «Le Futurisme». Pronto pasó de la literatura a las artes plásticas y a la música. 

El teatro les parece el campo idela para la práctica sintetista, es decir para poner en relación de simultaneidad todas las actuaciones artísticas, sin excluir inicialmente la literatura.  Los futuristas escribián las obras o guiones breves, las ensayaban, actuaban como actores, escenógrafos, declamadores, etc. Pero dejaban mucho espacio para la improvisación y nunca se sabía como terminaría una función futurista.

Teatro expresionista

Se trata de un movimiento, mayoritariamente de habla alemana, que afectó a las artes de la época, y que tuvo su período de esplendor entre 1910 y 1925. Se caracterizó por intentar oponerse al naturalismo prositivista de final de siglo. El expresionismo propugnará que lo importante no es la realidad objetiva en sí. El expresionismo proclamará la primacía de lo subjetivo, del pensamiento y de la intuición del hombre, como fuerzas capaces de cambiar el medio en el que vivimos, al contrario de ciertos naturalistas, que veían en el hombre un producto determinado por su medio. 

Teatro político de Piscator

Erwin Piscator (1893-1966) recluta a aficionados más que a profesionales, le interesa más el testimonio y la denuncia que la calidad estética del producto. En su afán por adoctrinar al pueblo en la lucha de clases, buscará al espectador proletario en sus propios espacios -un taller, una fábrica, una sala de reuniones de obreros, una cervecería-, que convertirá en escenarios. 

Este teatro político popularizó un subgénero peculiar de pieza escénica: las acturalidades que consistían en unos sketches en los que comentaban y caricaturizaban a los personajes y noticias del momento. Eran una especie de periódico escenificado. Otro género popular fue el drama histórico, presentado como parábola de fácil interpretación para criticar el presente. 

¿Quieres tomar clases presenciales?

Tenemos clases presenciales en Guadalajara, Jalisco, para principiantes, intermedios y avanzados.

Visita la tienda

En línea con ebooks teatrales en formato PDF listos para su descarga inmediata. Obras completas con permiso de presentación incluído.

Próximas funciones

Presentación de fin de curso Actuación 2026 A

*Cuentos latinoamericanos

6 de Junio en Foro Artem ubicado en Pedro Moreno 481 en Guadalajara, Jalisco