Con la llegada del siglo XX empieza a dignificarse la literatura latinoamericana y, con ella, el teatro. Aunque habrá que esperar algunos años para que éste adquiera personalidad propia, no cabe duda que hacia la mitad de dicho siglo la mayoría de estos países han conformado dramaturgias con personalidades bien definidas.

Para llegar a ello, aquellos escenaros tuvieron que pasar por un largo proceso caracterizado: a) por su dependencia de la cultura hispana b) por una oposición a aquélla, desarrollada a compás de los distintos períodos de independencia. Esa oposición se manifiesta incluso en sus primeras muestras drmaáticas. Antes de la llegada de los españoles sólo se puede hablar de ritos y bailes de cierta impreganción teatral, como el famoso RABINAL ACHI o BAILE DE TUN o XOHOH TUN, también conocido como EL VARÓN DE RABINAL, perteneciente a la cultura maya-quiché, de la zona de la actual Guatemala.  Esta manifestación artística cuenta los sucesos ocurridos en el pueblo de Rabinal, cuando se iniciaban guerras por la posesión de la tierra y aún se sigue representando de manero más o menos evolucionada. Su influencia en la escena contemporánea latinoamericana está relacionada con la tendencia de dar constancia de la resistencia a la opresión del poder colonial. 

Este motivo persistirá incluso durante el período correspondiente con el Siglo de Oro español en la modalidad de teatro criollo, que convivió con el teatro misionero y el teatro escolar. Es de destacar que a finales del siglo XVI existían cuatro compañías en América y varias casas y corrales de comedia. En éstos aparecieron autores que ofrecían obras que distrajeran a los nuevos pobladores o criollos. Entre aquellos, el dominicano Cristóbal de Llerena (1545-1610) o el canario radicado en Brasil José de Anchieta (1534-1597)

De los textos de teatro criollo destaca Yauri Tito Inca o El pobre más rico, atribuido a Gabriel Centeno de Osma, en el que aparece, quizás por primera vez, el dileman del indígena que duda entre convertirse o no al cristianismo. 

En pleno Siglo de Oro, a la vez que Sor Juana Inés de la Cruz o Juna Ruiz de Alarcón escriben un teatro de casi total adscripción al canon de la comedia española, aparece la que se considera primera obra teatral latinoamericana, el Guaguense o Baile del macho ratón, anónima, en la que se intercalan música, baile y diálogos. En ella surge con todo rigor la crítica al poder colonia: un comerciant criollo trata de evadir el impuesto de un gobernador que cobra pro las mercancías que atraviesan su territorio. Ese comerciante, con argucias que originan malos entendidos (como su sordera) es prototipo del ingenio nativo frente al colonizador. 

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