Bobby Terán es un boxeador de 30 años de edad, no le ha ido muy bien, pero se le presenta la oportunidad de hacer una pelea arreglada en la que quedará como campeón. Parece una buena idea, pero su mujer no piensa lo mismo, amenaza con suicidarse si Bobby vuelve al ring como se puede leer en el siguiente fragmento de la obra:
Vicente Leñero es un reconocido periodista, escritor y dramaturgo mexicano, falleció en el 2014.
Solo comparto el texto, pero para presentaciones profesionales debes tramitar los dereschos correspondientes. Es muy probable que deba ser con la SOGEM
¡PELEARAN DIEZ ROUNDS!
VICENTE LEÑERO
Esta segunda versión de ¡Pelearán diez round! fue estrenada en el Teatro Nacional de Bogotá, Colombia, el 10 de abril de 1989.
PERSONAJES:
BOBBY TERAN
MANAGER HERNANDEZ
MARÍA
CUCO, SECOND DE BOBBY TERAN
JOEL CABALLO SÁNCHEZ
MANAGER DEL CABALLO SÁNCHEZ
SECOND DEL CABALLO SANCHEZ
CRONISTA DE BOX PARA LA TELEVISION
REFERI
ANUNCIADOR OFICIAL
COMISIONADO
COMENTARISTA DE LA TELEVISION.
Espero que hayas disfrutado estas recomendaciones tanto como yo disfruté al escribirlas, no puedo agradecerte lo suficiente tu apoyo. Ser un escritor sin lectores no tiene sentido.
La acción ocurre en una arena de box de la Ciudad de México, en un ring.
ACTO UNICO
Lentamente se ilumina el ring. Bobby está tendido sobre la lona, bocabajo, con los brazos en cruz, como un boxeador que ha sido noqueado de manera definitiva. Viste el atuendo de un pugilista: calzoncillo negro, botines, medias, guantes. En forma simultánea a la luz que asciende se escuchan, por el sistema de sonido, los ruidos del público durante el final de una pelea. gritos excitados que animan a uno u otro peleador. La algarabía no es clara, se reproduce el ambiente ensordecedor y confuso de una arena de box en el momento crucial de un combate. Poco a poco, el ruido cede en intensidad hasta apagarse por completo. Bobby parece recobrar el sentido. Menea de un lado a otro la cabeza y trata de girar el cuerpo para quedar tendido bocarriba o al menos de perfil. No lo consigue. Las fuerzas le faltan. Vuelve a aflojar el cuerpo y a clavar la cabeza sobre la lona. En su rostro se alcanzan a distinguir las señales de algunos golpes; es notoria una herida en la ceja izquierda que sangra apenas.
Por uno de los corredores que conducen hasta el cuadrilátero aparece Manager Hernández, un hombre de más de cincuenta años. Lleva un maletín de lona que al llegar deja en una de las esquinas. Sube al ring. Se dirige hasta donde se encuentra el peleador tendido, y de pie lo contempla durante unos segundos. Sólo se inclina brevemente para levantar el protector bucal de Bobby que había quedado por ahí. Sigue observando al peleador.
MANAGER HERNANDEZ.
Cabeza de piedra. (Silencio.) Levántate, órale. Vámonos.
Bobby no reacciona.
MANAGER HERNANDEZ.
No te vas a quedar aquí toda la vida, ¿verdad?
Bobby sacude la cabeza y trata nuevamente de incorporarse.
MANAGER HERNANDEZ.
Güevón.
Bobby gira sobre un costado y queda tendido de espaldas. Parece solicitar, con el gesto, una ayuda para levantarse que Mánager Hernández no le proporciona. Transcurre un largo silencio.
BOBBY.
¿Qué pasó?
MANAGER HERNANDEZ.
Todavía lo preguntas.
BOBBY–
No me acuerdo de nada, ¿qué pasó?
MANAGER HERNANDEZ.
Pinche cabeza de piedra.
BOBBY.
¿Por qué estoy aquí? (Por su propio esfuerzo logra sentarse en la lona. Abre y cierra los ojos con dificultad.) ¿Me tumbaron? ¿Fue un nocaut?… ¿Dónde está la gente?
Mánager Hernández sonríe con burla. Bobby gira a uno y otro lado la cabeza para mirar su contorno pero siente dolor al hacerlo.
BOBBY.
(Quejándose.) Cómo duele, qué bruto, cómo zumba. (Transición.)
¿Fue un nocaut?
MANAGER HERNANDEZ.
Apúrate.
BOBBY–
De veras no me acuerdo de nada.
MANAGER HERNANDEZ
Apúrate, te digo, no tengo tu tiempo.
BOBBY–
¿Dónde estoy?
MANAGER HERNANDEZ.
En el ring.
BOBBY.
(Volviendo a mirar a su alrededor.) ¿Por qué?
MANAGER HERNANDEZ.
¡Orale, con un carajo!
BOBBY–
Debía estar en los vestidores. (Silencio. Se mira los guantes.) No entiendo.
Con las manos enguantadas sobre la cabeza, dolorido y pensativo, Bobby permanece sentado sobre la lona. Mánager Hernández se dirige al encordado. Levanta el banquillo que se encontraba fuera del ring y lo sitúa en la esquina. Del maletín extrae una toalla, que se echa al hombro. Regresa a donde se encuentra Bobby y ahora sí lo ayuda a levantarse, por un brazo.
MANAGER HERNANDEZ.
Yo sabía. Lo sabía.
BOBBY–
¿Qué sabía?
MANAGER HERNANDEZ.–
Te lo dije.
BOBBY–
Pero qué sabía. (Impaciente.) Por su madre, qué fue lo que me dijo. (Se interrumpe por el dolor de cabeza. Se queja.)
Mánager Hernández lleva a Bobby hasta el banquillo Y lo hace tornar asiento.
MANAGER HERNANDEZ.–
Nada más falta que te empieces a quejar, con una chingada. Primero están ahí muy valentones queriéndose comer el mundo, dizque muy gallos de pelea, dizque la madre, y al primer rasguñito se ponen chille y chille como maricas Siempre es lo mismo Pues de qué están hechos, carajo, ¿de plastilina, de cristal cortado, de mírame y no me toques? Ya no hay fibra, eso es lo que ya no hay. Ustedes hubieran visto lo que era pelear en nuestros tiempos. Nos subíamos a rifarnos el pellejo por unos pinches centavos que necesitábamos de urgencia: para alquilar el cuartucho del hotel, para pagar la bata que nos acababan de fiar. Y no teníamos ni mánager, ni séconds, no chingaderas. Apenas si entrenábamos en cualquier gimnasio de tercera, y ahí íbamos luego de pueblo en pueblo a ver qué pelea agarraba cada quién. Nos subíamos al ring a rompernos la madre, porque no había de otra. Hambreados, jodidos, hechos una lástima, pero le entrábamos a todas con valor. Puro valor… ¿Tú oíste hablar del Zurdito Jiménez? ¡No, que vas a haber oído hablar del Zurdito Jiménez! ése ya pasó a la historia. Bueno, pues ese pinche Zurdito Jirnénez era capaz de pelear un miércoles aquí, y el sábado en Toluca y el otro en Morelia o en Pachuca, donde fuera. Hasta dos peleas a la semana se soplaba el Zurdito Jiménez, fajador de los buenos, duro como la chingada. Dos peleas a la semana, tres al mes. ¿Sabes lo que es eso: tres peleas al mes? Pues se las echaba el maldito. Perdiendo, ganando, lo que fuera, pero le alcanzaba el aire y la fibra todavía para darles lo suyo a todas las güilas de la Guerrero, acabando la función. Las traía de nalgas el Zurdito Jiménez. Salía del ring y nos íbamos derechito con las güilas, a festejar. Nada de andarse quejando de los trancazos o de los nocauts. Ni quien se acordara de los moretones. ¡A darles duro a las güilas de la Guerrero, hijos de María Morales, y que viva México, cabrones!
BOBBY.
Perdí.
MANAGER HERNANDEZ.
Esos eran ídolos de a deveras, no de pacotilla.
BOBBY.
Perdí..
MANAGER HERNANDEZ.
(En transición.) Vamos a lavarte esa cara.
BOBBY.
Por nocaut, ¿verdad?
Mánager Hernández no responde. Baja del ring una cubeta que se hallaba al pie de la esquina. Arroja un cubetazo de agua sobre el rostro de Bobby.
MANAGER HERNANDEZ
A ver si despiertas, cabeza de piedra.
Bobby reacciona con el cubetazo mientras Mánager Hernández empieza a frotarlo y a secarlo con la toalla. Bobby se duele de la herida en la ceja.
BOBBY–
Au… Me abrieron la ceja.
MANAGER HERNANDEZ.
Te partieron la madre.
BOBBY–
Eso. Me partieron la madre… Fue eso, ¿no?
Ajeno a la preocupación de Bobby, Mánager Hernández continúa secándolo y frotándolo. Parece malhumorado.
MANAGER HERNANDEZ.
Ustedes son los que me han partido la madre a mí, no hay otra verdad que ésa, palabra de honor…Y por mi culpa, claro, sólo por mi culpa. En lugar de agarrar aquel changarrito, ahí estoy de caliente con el box. Me lo dijo mil veces la Chata, pero yo no le hice caso. Ahora tendría una cadena de tintorerías, como mi cuñado, y andaría forrado de billetes, sin ninguno de estos pinches problemas con ustedes que nada más le acaban la vida a uno…
me estaría rascando los güevos esperando tranquilo la vejez. Qué tenía yo que estar sacando chamacos de la basura para convertirlos en boxeadores, hazme el chingado favor. Es la peor pendejada del mundo. Imposible. Por más que uno se mate o se exprima el alma, nadie hace milagros. Qué va. Al contrario. Te metes una vez en el negocio y ya no sales nunca: no te dejan, te atrapan como mosca; empiezas a comprar, a vender, a hacer arreglos, y ya cuando menos lo piensas no eres dueño ni de los calzones que traes puestos, cabrón. Todo por ustedes, por esperar que alguno de ustedes, de pura chiripada como quien dice, dé la sorpresa del siglo y resulte una maravilla. La mina de oro que todos esperamos descubrir este año y el otro y el otro. Y nunca llega. No es cierto. Nunca llega. Qué va a llegar. Nunca. Lo que llega es el cansancio, la decepción y ahora sí que la pura amargura, Bobby, ésa es la realidad. Yo he trabajado con más de doscientos cabrones como tú en lo que llevo de romperme el alma en este negocio. Con más. Con trescientos, digamos, con trescientos o trescientos cincuenta prospectos de todo tipo. Y mira, Bobby, te lo digo muy en serio, de pura ley: ninguno de ésos trescientos o trescientos cincuenta ha valido la pena de lo que es una sola de mis canas, de mi esfuerzo, de mi profesión… No, ésta no es profesión. Este es un pinche trabajo de padrote encargado de colocar chamacos que estén dispuestos a partirse el hocico para que otros se hinchen de billetes. Es como preparar payasos. Enseñarles los trucos, pintarrajearles la cara y lanzarlos al circo para que den la pala de púgiles. Eso es lo que son: púgiles, güilas en calzoncillos, pirujas de a centavo, monigotes.
BOBBY.
No entiendo.
MANAGER HERNANDEZ.
Qué vas a entender.
BOBBY.
No entiendo nada.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Para eso querías regresar? Mejor le hubieras hecho caso a María.
BOBBY.
(Reaccionando vivamente.) ¿Dónde está María? (Se levanta del banquillo.) María…
De un empellón, Mánager Hernández obliga a Bobby a sentarse.
MANAGER HERNANDEZ.
Estate. Vamos a acabar.
Mánager Hernández ha terminado con la toalla, que arroja fuera del ring, y extrae de su pantalón unas tijeras. Con ella corta las cuerdas de los guantes.
MANAGER HERNANDEZ.
Trae acá.
Mánager Hernández empieza a desprender a Bobby de los guantes de box.
BOBBY–
(Como recordando.) Hablé otra vez con María.
MANAGER HERNANDEZ.
Ya cállate.
BOBBY–
Hablamos… peleamos.
MANAGER HERNANDEZ.
A cualquier cosa le llaman ahora pelear.
BOBBY–
Ella venía llegando…
MANAGER HERNANDEZ.
(Interrumpe.) Dime una cosa, Bobby. Con la mano en el corazón, dime una cosa. ¿Qué sabías de box cuando llegaste conmigo?
BOBBY–
¿Qué sabía de box?
MANAGER HERNANDEZ.
Sí, que sabías, cabeza de piedra.
BOBBY.–
Un poco…
MANAGER HERNANDEZ–
(Interrumpe.) ¿Un poco?…¡Nada. No sabías nada. Eras un costal de papas sin punch, sin piernas, sin una pinche gota de estilo. Ríete, pendejo, pero ésa es la pura verdad
BOBBY.
Aguantaba mucho. Sabía asimilar golpes.
MANAGER HERNÁNDEZ
¿Asimilar golpes? Me limpio en tu asimilada de golpes, con eso nadie se hace boxeador. Los burros aguantan más, sin tanto pedo.
BOBBY.
Tenía muchas ganas y además.
MANAGER HERNANDEZ–
Yo te enseñé todo desde el principio, Bobby. me lo debes a mí. Batallé contigo como no he batallado con nadie, cabrón. Ni a un hijo le hubiera puesto tantas ganas y tanto cerebro. Me arranqué el alma para llevarte a las estelares… cómo trabajé contigo, cabeza de piedra, cómo trabajé.
Mánager Hernández ha terminado de quitar los guantes a Bobby y ahora lo desprende de las vendas.
BOBBY.
Y yo le respondí.
MANAGER HERNANDEZ.–
(Con sarcasmo.) Tú me respondiste…
BOBBY.
Le respondí, señor.
Largo silencio. Mánager Hernández gesticula. Sonríe. Ríe.
MANAGER HERNANDEZ.–
Hasta eso, sí… Tienes razón. Me respondiste. Me agarraste el modo… Por eso pude trabajar contigo, carajo, porque no eras lumpen. Entre tanto hijo de puta salido del puro cascajo ya era tiempo que encontrara siquiera una excepción. Con Muertos de hambre no se puede, digan lo que digan. No se puede. Aunque tengan los güevos de este tamaño. No basta. Uno como manejador necesita a veces otra chingadera. La cosa esa. La chispa, la magia, lo que dan las proteínas, ni modo, es la verdad. Por eso pude trabajar contigo.
En silencio, Mánager Hernández termina de desprender las vendas que envuelven las manos de Bobby.
MANAGER HERNANDEZ.
A ver las patas.
Mánager Hernández descalza a Bobby de los botines. Habla durante la acción.
MANAGER HERNANDEZ.
Ese fue mi error.
BOBBY.
¿Cuál?
MANAGER HERNANDEZ.
Jugamos limpio. Y en este ambiente de mierda no se puede jugar limpio, Bobby, te lo he dicho siempre … Jugamos limpio y estuvimos a punto. Esa pinche pelea la ganamos a ley; nunca dejaré de gritarlo a todo mundo, la ganamos, era nuestra, ellos lo sabían… Ahí es donde todo se fue al carajo, definitivamente. Por tu culpa, además. Nadie cuelga los guantes en ese momento. Se necesita ser pendejo o estar idiota, como tú.
Mánager Hernández termina de descalzar a Bobby. Luego extrae, del maletín de lona, un juego de pants: sudadera y pantalones de fieltro. Lo arroja a Bobby.
MANAGER HERNANDEZ.
Vístete, cabeza de piedra.
Bobby toma la ropa, se incorpora y comienza a vestirse con el juego de pants después de quitarse los calzoncillos.
A medida que Bobby se pone la ropa de entrenamiento, su actitud va cambiando. El y Mánager Hernández parecen entrar, imperceptiblemente, en otra situación, en otro tiempo perteneciente al pasado. Durante este transcurso, Mánager Hernández no deja de hablar. El cambio temporal y psicológico se va dando a lo largo de su parlamento.
MANAGER HERNANDEZ.
Pero lo importante al fin de cuentas, como decía mi cuñado Genaro, es meterle al negocio y regresar por la del desquite, no faltaba más. Ya nos chingaron, ya para qué chillar…Ya perdiste dos años pelando naranjas y haciéndote viejo, ni modo, qué se le va a hacer. Lo que ahora importa es lo que hagas de aquí pal real. Lo que trabajes en el gimnasio, lo que te chingues, lo que estés dispuesto a dar de ti mismo para que esos cabrones no terminen saliéndose con la suya… Que no te querían ver en la estratosfera, en la mera cúspide del triunfo, pues ahí te van a ver, dónde si no. Ahí merito, cabrones: donde te dejaron, en la mera antesala del campeonato, en la lista de los ídolos, en la pinche historia de la inmortalidad. Yo me encargo de ponerte donde estabas, cabeza de piedra, te lo juro por mi madre. Verán lo que es el regreso de un peleador que tiene todo para estar por encima de esa bola de figurines de a mentiras que han inventado… Vamos a volver, pero vamos a volver en grande, pinche Bobby. Y con inteligencia. Mucho seso, ante todo. No vamos a arriesgar una sola pelea hasta que te enraches. Si para eso hay que jugar sucio, meter dinero, comprar pleitos y entrar en la mierda, pues le entramos, no queda de otra. Lo primero es lo primero. Y lo primero es el regreso de Bobby Terán a los cuadriláteros, hijos de María Morales, eso sí que es noticia… A temblar, payasos. A esconderse, farsantes. Van a ver lo que es la reaparición de un fajador de primera, como ya no existen. Cuando se tiene fibra, y corazón, y lo que se dice agallas, siempre se puede volver a pisar un ring, aunque te digan que estás acabado. Van a ver qué tan acabado está Bobby Terán, bola de pendejos. Van a ver qué condición física, qué punch, qué cerebro…Yo te voy a poner donde mero estabas, cabeza de piedra. Yo te voy a hacer campeón del mundo.
Bobby ha terminado de vestirse con su ropa de entrenamiento y ahora empieza a soltar los brazos, las piernas, como si se calentara. Es evidente ya que él y Manager Hernández viven una situación distinta a la inicial
MANAGER HERNANDEZ.
(Después de un silencio.) ¿No me crees?
BOBBY.
No le creo qué.
MANAGER HERNANDEZ.
Que te voy a hacer campeón de] mundo.
BOBBY.
Vamos a ver.
MANAGER HERNANDEZ.
Para eso, lo único que se necesita es que te pongas en mis manos; pero completamente, no como la otra vez. Total y completamente en mis manos. Y se acabó.
BOBBY–
Como ahora.
MANAGER HERNANDEZ.
Sí, así como ahora, desde el principio.
Bobby se mueve y acciona ligeramente por el ring, en actitud de calentamiento.
BOBBY–
¿Y qué tal este Martínez?
MANAGER HERNANDEZ.
¿Cuál Martínez?
BOBBY–
¿No se llama Joel Martínez el muchacho este?
MANAGER HERNANDEZ.
Joel Sánchez. Joel Caballo Sánchez le dicen.
BOBBY–
¿Y qué tal?
MANAGER HERNANDEZ–
Bien, de tu categoría. Es de los que vienen sonando fuerte.
BOBBY.
¿Qué tan fuerte?
MANAGER HERNANDEZ.
Lleva ocho victorias al hilo. Siete por nocaut.
BOBBY.–
¿De veras? No sabía eso.
MANAGER HERNANDEZ.
Es de los que vienen sonando fuerte, te digo.
BOBBY.
Y cómo un muchacho así puede aceptar una pelea como ésta.
MANAGER HERNANDEZ.
La aceptó.
BOBBY.
Pero por qué.
MANAGER HERNANDEZ.
Porque así es. Porque le conviene, porque después le ofrecen otras oportunidades, por la lana.
BOBBY.
Con ese récord le convendría más salir a ganar.
MANAGER HERNANDEZ.
Quién sabe. Depende. Eso es cosa suya… y de su mánager. El caso es que aceptó.
BOBBY.
¿En qué round?
MANAGER HERNANDEZ.
Va a resultar una bonita pelea.
BOBBY.
¿En qué round va a ser?
MANAGER HERNANDEZ.
Ya te dije, en el quinto.
BOBBY.
¿No hay cambios?
MANAGER HERNANDEZ.
No, pero tiene que ser exactamente en el quinto. Si te adelantas o se te va la mano nos chingamos los dos, acuérdate… ¿Me oíste?
BOBBY–
Claro.
MANAGER HERNANDEZ.
Es muy importante, Bobby.
BOBBY–
Ya lo sé.
MANAGER HERNANDEZ.
Mis instrucciones al pie de la letra, ahora más que nunca. Vamos a hacer de tu regreso el acontecimiento más importante del año… La gran pelea.
BOBBY–
Eso díganselo también a él.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Al Caballo Sánchez?
BOBBY–
Que lo sepa para que no se arrugue.
MANAGER HERNANDEZ.
Ten la seguridad que lo sabe y no se va a arrugar nadita. Al contrario. Te va a dar el pleito que…
Manager Hernández se interrumpe al advertir que Bobby se ha paralizado. El boxeador tiene la vista dirigida al fondo de uno de los corredores que llevan al ring. Por el corredor avanza lentamente María, una mujer no mayor de treinta años. Viste falda y blusa y lleva una bolsa grande colgada al hombro. Mánager Hernández mira a Bobby y luego a María. Los dos varones parecen sorprendidos por la presencia de la mujer.
MANAGER HERNANDEZ.
(A Bobby.) ¿Qué está haciendo aquí?
BOBBY–
No sé.
MANAGER HERNANDEZ.
Dijiste que estaba en Los Angeles.
María llega al pie del ring y sube. Mánager Hernández le tiende una mano para ayudarla, pero ella lo rechaza y cruza las cuerdas.
MANAGER HERNANDEZ.
(A María.) No sabíamos que estaba en México.
MARIA:
(Cortante.) Vine a hablar con Roberto, no con usted.
Mánager Hernández se turba ante el rechazo de María. Permanece unos instantes desconcertado y luego entiende que debe retirarse. Antes de hacerlo palmea el hombro de Bobby.
MANAGER HERNANDEZ.
Te espero en la oficina, cabeza de piedra.
BOBBY–
Ahorita voy.
MANAGER HERNANDEZ.
No te tardes.
Mánager Hernández sale del ring y se aleja por el fondo del corredor hasta desaparecer. María lo mira alejarse mientras Bobby realiza algunos movimientos tratando de simular tranquilidad.
MARIA:
¿Te sigue llamando cabeza de piedra ese imbécil?
BOBBY.
(Asiente.) De cariño.
María hace un gesto de desagrado. Transcurre un silencio.
MARIA:
Llegué anoche. (Pausa.) Hoy en la mañana fui a buscarte al gimnasio y me dijeron que estabas aquí. De allá vengo.
BOBBY.
¿Por qué no me hablaste por teléfono desde el aeropuerto?
MARIA:
¿A dónde?
BOBBY–
A la casa, a dónde iba a ser.
MARIA:
No sabía que estuvieras en la casa.
BOBBY.
¿Y en qué otra parte?
MARIA:
No sé.
BOBBY.
En la casa, con los niños.
MARIA:
¿Los niños están contigo?
BOBBY.
Claro.
MARIA:
Desde cuándo.
BOBBY–
Todo el tiempo, desde el principio. Te lo dije.
MARIA:
¿Y Julia? Me dijiste que los ibas a llevar con Julia.
BOBBY–
Nunca te dije que los iba a llevar con Julia. Han estado conmigo todo el tiempo.
MARIA:
Bueno, menos mal.
BOBBY.
(Enérgico.) Menos mal, no. Muy bien. Hemos estado muy bien.
MARIA:
Me alegro.
Silencio.
BOBBY.
¿Tú cómo has estado?
MARIA:
¿Cómo te parece que estoy? ¿He cambiado mucho?
BOBBY.
Te ves bien.
MARIA:
Me dieron de alta… Me dijeron igualito que en la iglesia: Puede irse en paz, y no vuelva a hacerlo, señora. (Sonríe.) Igualito que en la iglesia.
BOBBY.
¿Por qué no me avisaste que ibas a salir?
MARIA:
¿Te importaba?
BOBBY–
Claro que me importaba. Habíamos quedado…
MARIA:
(Interrumpiendo). Pensé que no.
BOBBY.
Quedamos en que me avisarías.
MARIA:
Pensé que no… Como te fuiste corriendo de Los Angeles.
BOBBY.
No me fui corriendo. Me fui de Los Angeles por los niños, María, estuvimos de acuerdo.
MARIA:
Estuvimos de acuerdo en muchas otras cosas y tú no cumpliste tu palabra.
BOBBY–
Eso no es cierto.
MARIA:
Me traicionaste.
BOBBY–
No es verdad.
MARIA:
¿Cómo debo entender entonces esto? (En referencia al ring.) Todo esto.
BOBBY.
Pensé explicártelo.
MARIA:
Explicarme qué.
BOBBY–
Por qué lo decidí. Por qué después de pensarlo mucho, de meditarlo, de hablar con la gente… decidí…
MARIA:
Decidiste traicionarme.
BOBBY–
Pensé explicártelo.
MARIA:
¿Cuándo?
BOBBY–
Después… Cuando salieras, cuando estuviéramos juntos otra vez. Ahora.
MARIA:
Podías hablarme por teléfono o escribirme una carta y nunca lo hiciste.
BOBBY.–
No era cosa de escribir una carta, María.
MARIA:
En todo ese tiempo jamás recibí una sola carta tuya, ni siquiera una postal, ni una tarjeta, nada. Me dejaste sola como a un perro. Te olvidaste de mí.
BOBBY:
Nunca me olvidé de ti.
MARIA:
Ni siquiera una postal, Roberto.
BOBBY.
Pero no me olvidé de ti…Todas las semanas, sin faltar una sola, ¡una sola!, llamé para saber de tu salud… Pregúntales si no es cierto.
MARIA:
Nunca me lo dijeron.
BOBBY.
Esa ya no es mi culpa.
MARIA:
También es que no pedías comunicarte conmigo; no me hablabas personalmente a mí.
BOBBY.
No, no te hablaba a ti, en eso tienes razón… Hablaba solamente para saber de tu salud. Y para pagar las facturas.
María se turba. Transcurre un largo silencio.
MARIA:
Estabas esperando que me muriera… tal vez.
BOBBY–
Estaba esperando encontrar una forma de decírtelo de la mejor manera. No quería lastimarte pero tampoco podía sostener más tiempo mi palabra… Aguanté dos años, tú lo viste. Puse todo mi esfuerzo y no pude. Tenía que hacerlo, María. Tenía que hacerlo, tenía que hacerlo (gritando.) ¡tenía que hacerlo, con un carajo! Suena la campana del ring.
Largo silencio. Bobby recobra la serenidad
MARIA:
(Completando.) Y lo hiciste.
BOBBY.
Voy a hacerlo… Mañana.
MARIA:
Sin tomarme en cuenta.
BOBBY.
Ahora que estás de vuelta lo haré contigo, como siempre. Con tu apoyo.
MARIA:
¿Piensas que te lo voy a dar?
Bobby mira largamente a María. Va hacia ella y la toma del brazo para tratar de conducirla fuera del ring.
BOBBY.
Vamos a otra parte.
María se suelta de la mano de Bobby.
MARIA:
Contéstame.
BOBBY–
Vamos a la casa. Les dará gusto a los niños.
MARIA:
Primero contéstame.
BOBBY–
Aquí no se puede hablar.
MARIA:
Esto es más importante.
BOBBY–
Allá abajo.
MARIA:
Aquí arriba. (Irónica.) En tu ring… Contéstame.
BOBBY–
(Cediendo.) Cuál es la pregunta.
MARIA:
Si crees… si piensas que voy a estar de acuerdo con que regreses.
BOBBY.
Cuando lo hablemos tranquilamente, sí… creo que sí.
MARIA:
¿Eso piensas?
BOBBY.
Ahora no, claro, es lógico que no. Estás furiosa.
MARIA:
No estoy furiosa, estoy triste.
BOBBY.
Es igual. Triste o furiosa piensas que soy un miserable…
MARIA:
¡Porque eso no se le hace a nadie, Roberto! Ni a tus hijos ni a ti mismo, ¡a nadie! No se puede echar todo a la basura de un soplido. Los proyectos, la casa, el negocio con Swanson, tus palomas, el libro… Eso se llama traición, no tiene otro nombre. Y traición porque lo hiciste a mis espaldas cuando yo tenía cruzados los brazos… ¿Qué pensaste? A esta vieja loca le doy tres vueltas y me la mareo. Ahora que tiene los ojos cerrados mando todo al demonio y le doy una puñalada por la espalda. Ya cuando los abra no se podrá hacer nada, y lo siento, mi vida, ésta es la situación…¡Pero qué pensabas, por Dios santísimo!, ¿que allá no llegan los periódicos ni las noticias, ni hay nadie que un día vaya y me suelte: mira, mira, ya viste?, tu marido ya firmó una pelea… ¿Qué pensabas, Roberto, qué creíste? ¿O es que ya ni siquiera te importó lo que yo pudiera sentir?
BOBBY–
María, por favor, no te pongas así.
MARIA:
Eso fue, claro, lo de siempre. A ti nunca nunca te importó nadie que no fueras tú. Lo tuyo: tus peleas, tu carrera, tus récords, tus entrenamientos, tus delirios de grandeza. Lo único importante: llegar muy lejos. Ser campeón del mundo aunque te maten a medio camino o te quedes idiota para el resto de tus días. Qué importa. Ahí que se las arregle después la pobre viuda estúpida y los pobres hijos huérfanos… ¡Imbécil!
BOBBY–
Estás diciendo tonterías, ya cállate.
MARIA:
Estoy diciendo que eres un imbécil.
Bobby parece encabritarse. Prende a María de las muñecas.
BOBBY–
Pues ahora me vas a oír a mí.
MARIA:
Suéltame.
BOBBY–
¡Me vas a oír aunque no quieras!
MARIA:
¡Suéltame!
Suena la campana del ring.
María forcejea y logra desprenderse de las manos de Bobby. Este parece desistir de su intento de hablar con María y, en actitud más taciturna que enojada, se dirige hacia las cuerdas. Va a salir del ring.
MARIA:
¿Dónde vas?
BOBBY–
No tiene caso.
MARL4:
(Antes que Bobby cruce.) Roberto…
Bobby se detiene.
BOBBY.
Tengo que ver a don Pepe. Le urge hablar conmigo. Me está esperando.
MARIA:
Roberto…
BOBRY.
Nunca nos entenderemos.
MARIA:
Espérate.
BOBBY.
Qué.
MARIA:
Ibas a decirme algo.
BOBBY.
Ya no.
MARIA:
Querías hablar.
BOBBY–
Ya no… Empezamos hablando y terminamos con puros gritos.
MARIA:
A veces son mejor los gritos que nada.
BOBBY.
(En transición.) Me está esperando don Pepe.
MARIA:
No te está esperando nadie.
Bobby desiste de abandonar el ring. María camina alrededor del cuadrilátero, junto a las cuerdas. Adopta una actitud extrañamente jovial, sonriente. Tararea durante segundos una canción. Bobby no la pierde de vista.
BOBBY.
Vamos a la casa, mejor.
MA.I?I4:
¿Qué dices?
BOBBY.
Vamos a la casa.
MARIA:
No. Aquí está bien.
María toma asiento en el banquillo situado en la esquina del ring. Suspira sonoramente.
MARIA:
Estoy muy cansada.
Largo silencio. María parece relajarse en el banquillo. Bobby la mira desde la esquina contraria. María le sonríe.
MARIA:
Parece mentira. Tanto tiempo y nos ponemos a pelear. Es absurdo, ¿no crees?
BOBBY.–
Es absurdo.
MARIA:
¿Cuánto tiempo fue, Roberto?
BOBBY.
¿Ahora?
MARIA:
¿Cuántos meses?
BOBBY.
Siglos.
MARIA:
Siglos, sí. (Pausa.) ¿Me extrañabas?
Bobby asiente.
MARIA:
¿Me extrañabas de veras?
BOBBY–
Sí.
MARIA:
¿De veras?
BOBBY–
Mucho.
MARIA:
¿Cómo?… ¿Qué pensabas?, ¿qué sentías? ¿Qué pensabas de mí?
Bobb se aproxima hasta el banquillo donde María continúa sentada. Queda frente a ella, de pie. Se miran durante un largo lapso. Bobby comienza a acariciarle el cabello.
BOBBY–
Pensaba en tu pelo, en tus ojos. Me acordaba de tu piel y de tu cuerpo.
Bobby se inclina, acuclillándose, hasta quedar a la altura de María, a quien no deja de acariciar. Se besan. María responde a las caricias y del banquillo ambos resbalan hasta quedar tendidos sobre la lona del ring. Se inicia ahí una larga escena pasional durante la que Bobby desprende y hasta rasga porciones de la ropa de la mujer. La pareja rueda por la lona acariciándose. Sorpresivamente, en un instante en que la mano de Bobby explora bajo la falda y entre las piernas de María, ésta reacciona con súbito disgusto y trata de zafarse de Bobby.
MARIA:
Quítate.
Bobby no se interrumpe con la reacción de María. Insiste en sus caricias. María se violenta.
MARIA:
Quítate. Lárgate. Suéltame.
BOBBY–
No.
MARIA:
Hazte a un lado… Quítate, quítate, quítate.
BOBBY–
No.
Forcejean sobre la lona. María se libra de Bobby y se pone en pie.
MARIA:
Bruto.
BOBBY.
Estás loca.
MARIA:
Animal.
BOBBY–
¡De mí no te burlas, desgraciada!
Bobby se lanza enfurecido contra María, tratando de abrazarla. Ella responde a golpes. Ambos gritan y se insultan, ad libitum. María lanza un rodillazo que alcanza los testículos de Bobby.
MARIA:
¡Te odio!
Bobby se dobla de dolor por el golpe. Cae de rodillas sobre la lona y allí permanece profiriendo exclamaciones inaudibles hasta que el dolor transcurre. Por fin se levanta y mira iracundo a María.
BOBBY.–
Vas a saber, puta.
Bobby acomete contra María en una esquina del ring. Allí le golpea el rostro, con la mano abierta, varias veces. María cae de rodillas, llorando. Le sangra ligeramente la boca por una de las comisuras de los labios.
Suena la campana del ring.
Bobby se ha retirado a un extremo del ring dando las espaldas a María. Transcurre un largo lapso en silencio. Ambos se reponen. María toma la bolsa de mano que había dejado colgada en el poste de la esquina y extrae un pañuelo: se limpia la comisura de la boca.
BOBBY.
(De espaldas, sombrío.) Perdóname.
MARIA:
Es igual.
BOBBY.–
De veras perdóname.
MARIA:
No pasó nada.
BOBBY.–
Se me encendió la sangre.
MARIA:
Olvídalo . . Si no, yo también tendría que pedirte perdón.
Largo silencio. María vuelve a sonreír extrañamente. Parece divertida consigo misma.
BOBBY.
Será mejor que…
MARIA:
(Interrumpiendo y con jovialidad.) Te traje una cosa de los Angeles. Te compré un regalo.
BOBBY.
(Extrañado.) ¿Un regalo?
MARIA:
(Señala la bolsa.) Aquí está… Es tuyo, con una condición. Para merecerlo necesitas hacer otra vez el juramento.
BOBBY.
María…
MARIA:
No, no me mires con esa cara de asustado. Estoy perfectamente bien.
Bobby se aproxima con la intención de limpiarte la herida de la boca.
BOBBY.
Tienes sangre.
María manotea el ademán de Bobby.
MARIA:
Déjame. (Pausa. Transición.) Ora. Estoy esperando que me contestes.
BOBBY–
Qué quieres que te conteste.
MARIA:
Si te interesa recibir el regalo.
BOBBY.–
No es tiempo de regalos. Vámonos.
MARIA:
¿Te interesa?, si o no.
BOBBY–
Para qué. No tengo la menor idea.
MARIA:
¿Quieres verlo?
BOBBY–
(Después de suspirar.) Bueno, en fin. . . A ver.
MARIA.
Primero el juramento. (Transición. Adopta una actitud solemne.) Sólo por eso estoy aquí, Roberto. No me vine a la carrera de Los Angeles ni te he andado buscando toda la mañana nada más por puro capricho. Quería llegar a tiempo. Justo a tiempo para impedir que mañana vengas a pelear… Me propuse lograrlo y lo voy a lograr, se lo dije a Milena. Yo voy a conseguir que Roberto cancele esa pelea y se retire del box definitivamente, como estaba, como me lo prometió. Se lo dije a Milena.
BOBBY.–
De eso tenemos que hablar tú y yo, largo.
MARIA:
Primero cancela la pelea.
BOBBY.
Aunque quisiera hacerlo no podría. Firmé. Todo está listo.
MARIA:
Ve y díselo a don Pepe. Y punto.
BOBBY.–
No puedo.
MARIA:
Sí puedes.
BOBBY.–
No.
MARIA:
Claro que puedes. No es la primera vez que un boxeador se arrepiente antes de salir a un ring. Acuérdate de Saldívar, y del Negro Esquerra, y de Max Silver. Y de tantísimos más.
Silencio.
BOBBY–
Sí, podía ser… Total. La cosa no pasaría de un escándalo y de una demanda, cuando mucho. Yo qué sé… Lo curioso del caso, lo importante para mí es que no quiero hacerlo, María… En este momento lo único que me interesa, más que todo en la vida, es volver a pelear.
MARIA:
Te interesa el box más que yo.
BOBBY.
Ya traté de darte gusto, ya hice el intento de retirarme y no pude… Sólo me queda volver, hasta donde me den las fuerzas, hasta donde llegue. No sé hacer otra cosa, María, ¡no sé hacer otra cosa!
María trata de disimular su malestar. Pasea de nuevo por el ring con aire en apariencia jovial Sonríe y ríe falsamente.
MARIA:
(Burlesca.) No sé hacer otra cosa. La misma cantaleta de siempre. Se oye heroico, pobrecito… No sé hacer otra cosa.
Suena la campana del ring.
Largo silencio.
MARIA:
(Reanudando.) Lo siento por ti, Roberto. Te vas a quedar sin tu regalo.
BOBBY–
Necesitamos hablar, María.
MARIA:
(En lo suyo.) Lástima. Me pasé una mañana, toda una mañana en Los Angeles buscándolo. Fue lo último que hice antes de tomar el avión… No es que fuera muy fácil, tampoco excesivamente difícil, la verdad. Yo me imaginaba que se tenía que tener una especie de licencia y resultó que no, nada. Así tal cual, llegas y lo pides… De veras es asombrosa la facilidad con que se pueden comprar armas en Estados Unidos. Increíble. Te juro que es más difícil conseguir un valium o una inyección de penicilina que una pistola. Y las hay de todos tamaños, para todos los gustos. Desde un revólver de vaquero, tamaño pistolón de este porte, hasta un máuser o una ametralladora casera. Y si te apuras un poco, en cualquier super market puedes conseguir un lanzallamas de napalm.
BOBBY–
(Desconcertado.) Qué compraste.
MARIA:
Tu regalo.
BOBBY.
Qué es.
MARIA:
Lo adivinaste.
De su bolsa, María extrae, teatralmente, un pequeño revólver que le muestra a Bobby. Este continúa desconcertado, mientras María sonríe fingidamente.
MARIA:
Un modelo de bolsillo, exquisito. Lo último. Con seis balas para cada vez… Y ya está cargado, ¿eh? Listo para usarse, Roberto.
BOBBY.
No juegues con esas cosas.
MARIA:
No estoy jugando. Lo compré absolutamente en serio.
BOBBY.
Trae acá.
MARIA:
Es para ti, sólo si dejas el box, mi vida. En caso contrario me quedaré con él para usarlo. (Pausa.) Esta vez no habrá errores. Será directo y rápido. Al grano… Así.
María se introduce el cañón del revólver en su boca.
BOBBY.
¡María!
MARIA:
(Fingiendo oprimir el gatillo, teatral) ¡Y bang! (Sonríe.)
María extrae el revólver de su boca.
MARIA:
Tú eliges.
BOBBY–
No empecemos de nuevo con esas cosas.
MARIA:
Tú eliges, Roberto… Como en las películas de amor: o el box o yo. Escoge.
BOBBY–
Déjate de chistes, por favor.
MARIA:
Ya verás mañana si se trata de veras de un chiste… A estas alturas deberías conocerme mejor. (Pausa.) Qué te parece mañana, antes de que subas al ring. O no, mejor a la mitad de la pelea, en el quinto round. ¿Qué te parece?
BOBBY–
(Ansioso.) Esto no tiene ningún sentido, tú lo sabes. Necesitamos hablar… Antes que nada quiero decirte que esta pelea es un simple trámite. Llegamos…
MARIA ––
(Interrumpe gritando.) ¡No quiero saber nada de tus malditas peleas! ¡Me importan un comino!
BOBBY.–
Tranquilos, María… Necesitamos hablar tranquilamente.
MARIA.
Ya dije todo. Prefiero morirme. (Compungida) De veras Roberto, prefiero matarme a vivir con un torturado que se deja asesinar poco a poco.
BOBBY.
¡Eso no es verdad!
MARÍA.
Sí es.
BOBBY–
No (Transición.) Dame esa pistola.
MARIA:
No.
BOBBY.
Dámela.
Bobby se aproxima a María con claras intenciones de desarmarla. Ella está llorando, y tiembla. Apunta a Bobby con el revólver.
MARIA:
No, Roberto… Está cargada. Te lo advertí.
Bobby acomete a María de improviso y consigue sujetarle la mano con que empuña la pistola. Forcejean por la posesión del arma.
BOBBY.
Suéltala.
MARIA:
No.
BOBBY.
Suéltala.
Durante el forcejeo se escapa un disparo que va al aire. Bobby empella a María en el momento de quitarle por fin el arma. María cae al suelo y allí permanece durante un largo lapso en silencio, conteniendo el llanto. Se yergue al fin. Bobby mantiene consigo la pistola, en la mano, y luego de observarla unos segundos la guarda en un bolsillo de sus pants.
MARIA:
Te arrepentirás. No te lo podrás sacar nunca de la cabeza.
María cruza por entre las cuerdas y desciende del cuadrilátero. Corriendo por el pasillo abandona la arena. desaparece por el mismo sitio por el que llegó. Bobby permanece en el ring, cabizbajo, pensativo.
Se escucha la campana del ring.
Casi en seguida del ruido de la campana truena lejos, afuera de la arena, el disparo de un arma de fuego. Bobby sacude la cabeza, reaccionando. Extrae del bolsillo de sus pants la pistola, como para confirmar que él tiene en su poder el arma de María. No obstante se sobrecoge y se lanza hacia las cuerdas.
BOBBY.
¡María!
Antes de que Bobby cruce entre las cuerdas del ring, para bajar, lo detiene una exclamación. Es la voz de Mánager Hernández que se encuentra al fondo de uno de los corredores, el opuesto al que utilizó María para abandonar la arena.
MANAGER HERNANDEZ.
¡Dónde vas!
Bobby se vuelve y mira a Mánager Hernández que se aproxima lentamente hasta el ring.
MANAGER HERNANDEZ.
Dónde vas, cabeza de piedra.
Manager Hernández llega hasta el ring. Sube.
BOBBY–
¿No oyó un disparo?
MANAGER HERNANDEZ.
¿Qué?
BOBBY–
Allá afuera, en la entrada. Un balazo.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Un balazo?
Bobby observa largamente la pistola de María, que tiene entre las manos. Menea negativamente la cabeza.
MANAGER HERNANDEZ.
Será que están descargando los camiones, en la bodega. (Al advertir la pistola de Bobby.) ¿Y eso?
BOBBY.
La traía ella.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Para qué?
BOBBY.
Para matarse.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Tu mujer?
BOBBY.
Para pegarse un tiro en la cabeza, delante de mí.
MANAGER HERNANDEZ.
¡Otra vez con el mismo chantaje!… Es el colmo, carajo.
BOBBY.
Ahora no son pastillas… Y una pistola es una pistola.
MANAGER HERNANDEZ.
A ver.
Mánager Hernández tiende la mano y Bobby le entrega la pistola que su manejador revisa. Observa por todos lados y confirma que está cargada.
BOBBY.
Está cargada.
MANAGER HERNANDEZ.
Sí.
BOBBY.–
¿Lo ve?
MANAGER HERNANDEZ.
No lo hará nunca, Bobby, nunca… La gente que anda por ahí diciéndole a todo mundo que se va a matar, no se mata jamás. Los verdaderos suicidas lo hacen a solas, y en silencio. Los otros nunca… Yo conozco a esa gente.
BOBBY–
María no es como cualquier gente. Está enferma.
MANAGER HERNANDEZ.
Está enferma y ha acabado enfermándote la vida, que es lo peor.
Silencio. Pensativo, Bobby se apoya en el poste de una esquina del ring. Mánager Hernández se guarda en el bolsillo la pistola.
MANAGER HERNANDEZ.
Cómo fue que la dejaron salir.
BOBBY–
La dieron de alta, me dijo.
MANAGER HERNANDEZ.
Mentira.
BOBBY.
Está aquí.
MANAGER HERNANDEZ.
De los manicomios no dejan salir nunca a nadie. Ni los dan de alta.
BOBBY.
Ese no era un manicomio.
MANAGER HERNANDEZ.
Claro que era un manicomio. Los pinches nombres que les ponen ahora nada tienen que ver… Les ponen muy bonito para poder cobrar más. Pero son manicomios. Y de los manicomios, como del infierno, nadie sale nunca.
BOBBY–
Se escapó entonces. Se fugó… No sé.
MANAGER HERNANDEZ.
O compró a los médicos… con tu dinero, claro. (Pausa.) El dineral que has tenido que pagar por ese caso perdido, Bobby… Y eso es lo que me hincha los tompiates. Que no te des cuenta que esa pobre loca…
BOBBY–
(Interrumpiendo.) Es la madre de mis hijos.
MANAGER HERNANDEZ.
Es la madre de tus hijos, pero es una pobre loca. Entiéndelo. No hay otro nombre. Una pobre loca… Y te lo tienes que decir a ti mismo, con todas tus fuerzas, si de veras quieres llegar a donde quieres que lleguemos: al mero campeonato del mundo.
BOBBY.–
No me venga con mamadas, don Pepe… Ya no.
MANAGER HERNANDEZ.
El cinturón de los welters no son mamadas, cabeza de piedra.
BOBBY.
Pero no es para mí y no es lo que me importa. Usted lo sabe.
MANAGER HERNANDEZ.
Yo sé más de ti de lo que imaginas.
BOBBY.
Lo que me importa es seguir aquí… aquí dentro, peleando.
MANAGER HERNANDEZ.
Pues ésta es tu última oportunidad, acuérdate. No va a haber otro chance.
BOBBY.
Tampoco para usted.
Mánager Hernández se sorprende por la expresión de Bobby. Lo mira con desconcierto.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Qué dijiste?
BOBBY.
Nada.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Qué dijiste?
BOBBY.
Que también es el último chance para usted.
MANAGER HERNANDEZ.
(Entre ofendido y sarcástico.) Oyeme óyeme, de cuando acá tú te atreves a hablarme así.
BOBBY.
No lo digo yo. Lo dice usted…Lo dice siempre. Ya no puede seguir sacando muchachos de la basura para volverlos boxeadores. ¿No dice eso?
MANAGER HERNANDEZ.
Pero no es cierto. Puede no ser cierto… Nadie sabe si a lo mejor mañana voy al gimnasio y descubro a un muchacho… a uno de esos muchachos pelones, tira piedras, con un secreto en los puños, en el pinche brillo de los ojos. Ese brillo que se enciende de vez en cuando, allá adentro… Nadie puede saber si me va a caer la lotería, el premio gordo, una vez. Para ser mánager no importa la edad. Cualquier edad es buena. Entre más grande mejor, a lo mejor. Más experiencia, más colmillo, más ojo pa chingar al enemigo, o al que se deje. (Ríe.)
BOBBY.–
Si es que se deja.
MANAGER HERNANDEZ.
Si es que se deja, sí. O si no: a güevo hacemos que se deje. (Ríe. Transición.) Para ti, en cambio, cabeza de piedra, la edad se te echa encima como un carambazo… Ahora o nunca. La edad y la salud.
BOBBY–
Sí, ya sé. La salud de aquí. (Se golpea la cabeza con el índice.) Yo también estoy tocado, como María.
MANAGER HERNANDEZ.
Esas son pendejadas.
BOBBY–
No, ella lo sabe muy bien y por eso se viene de Los Angeles y me chantajea y me arma todo este escándalo… Pobrecita… Ella sabe muy bien lo que es estar mal de aquí arriba y no hace más que protegerme. Eso es lo que busca: protegerme.
MANAGER HERNANDEZ.
No me vengas con mariconadas, Bobby. Nada de mariconadas… Punto… Esta pelea está muy bien calculada, va a ser muy facilita y lo único que tú tienes que hacer ahora, con una chingada, es estar tranquilo, muy tranquilito de aquí a mañana. No vas a pensar en nada, ni en tu mujer, ni en tus hijos, ni en la puta vida que nos ha tocado vivir… Todo tu pensamiento va a estar nomás concentrado en que le vas a partir la madre a ese Caballo Sánchez. Una partida de madre tal y como la dijimos… round por round. ¿Me entiendes, Bobby?
BOBBY.
Sí. Está bien.
Del fondo de la arena, por donde se vio aparecer antes a Mánager Hernández, se aproxima Cuco, el sécond de Bobby Terán. Llega hasta el ring.
MANAGER HERNANDEZ.
¿De veras me entiendes?
BOBBY.–
Sí.
El Sécond sube al ring. Saluda con la cabeza a Mánager Hernández. Mira hacia Bobby.
SECOND.
¿Todo bien, campeón?
BOBBY–
Todo bien.
SECOND.
¿Cómo estuvo en la báscula?
BOBBY.
Bien.
SECOND.
¿No se pasó de peso?
MANAGER HERNANDEZ.–
Ni un gramo.
SECOND.–
Felicidades. (A Mánager Hernández.) Necesito hablar con usted, don Pepe.
MANAGER HERNANDEZ.
Orita. (Transición.) ¿Y Quirino y El Cejas?
SECOND.–
Ahí están.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Ya llegaron?
SECOND.
Están en la oficina.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Traen el carro?
SECOND.
Sí.
MANAGER HERNANDEZ.
(A Bobby.) Mira Bobby, Quirino y El Cejas te van a llevar ahora mismo al hotel. Ahí vas a estar de aquí a mañana descansando, con mucho relax… Hasta hoy en la noche puedes comer lo que quieras, pero…
BOBBY–
(Interrumpiendo.) Don Pepe…
Mánager Hernández se calla. Bobby lo toma del brazo y trata de hablarle sin que el Sécond los escuche.
BOBBY–
Necesito decirle algo, pedirle algo.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Qué?
BOBBY.
Quiero ir a mi casa.
MANAGER HERNANDEZ.
¿A tu casa? ¿A ver a tus hijos?
BOBBY–
Sí.
MANAGER HERNANDEZ.–
Pero ya quedamos en que Cuco se va a encargar de tus hijos. Eso está arreglado. (Al Sécond.) ¿No es cierto, Cuco?
Sécond se aproxima.
SECOND.
¿Sí señor?
MANAGER HERNANDEZ.-.
Tú vas a ir a la casa de Bobby, ¿no? A cuidar a sus hijos
SECOND:
Sí, hoy en la noche, con Elena… Y mañana, Elena se va a quedar ahí todo el día. (A Bobby.) De eso no te preocupes, campeón.
MANAGER HERNANDEZ.
Ya oíste.
BOBBY.
Necesito ir a la casa para ver a María.
MANAGER HERNANDEZ.
¡Con un carajo, Bobby!
BOBBY.
Necesito hablar con ella.
MANAGER HERNANDEZ.
¡Iba para allá!
BOBBY.
Sólo cinco minutos… Cinco minutos nada más.
MANAGER HERNANDEZ.
Ya hablaste con ella más de la cuenta. Y eso no te hace bien.
BOBBY.
Pero no le dije lo que necesitaba decirle.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Qué cosa?
BOBBY.
Lo de veras importante.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Qué?
BOBBY–
Todo. Que esta pelea va a ser facilita. Que no corro ningún peligro. Que no me puede pasar nada. Todo… Para tranquilizarla. Necesito verla, don Pepe. Tengo miedo que vaya a hacer una tontería.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Que se pegue un tiro en la cabeza?
BOBBY–
Delante de los niños.
MANAGER HERNANDEZ.
Eso no lo va a hacer nunca, ya te lo dije. Te viene con eso nada más para asustarte. (Pausa.) Además, ya no tiene con qué.
Mánager Hernández extrae de su bolsillo el revólver. Bobby lo observa y luego Mánager Hernández vuelve a guardárselo.
BOBBY–
Sí.
Silencio.
MANAGER HERNANDEZ.
Vamos a hacer una cosa, para que te tranquilices de una vez por todas… Yo mismo, hoy en la noche, voy a ir a tu casa para hablar con ella.
BOBBY–
Con María.
MANAGER HERNANDEZ.–
Le explicaré todo hasta que quede satisfecha, serena, en paz… Ya después de la pelea tú te encargas y veremos qué pasa, ¿De acuerdo? ¿Te parece un buen plan?
BOBBY–
Ella no lo quiere a usted.
MANAGER HERNANDEZ.
Hay mucha gente que no me quiere, pero que me escucha cuando tengo la razón… Y yo tengo muy buenas razones para convencerla, al menos para apaciguarla.
BOBBY.
No va a resultar.
MANAGER HERNANDEZ.
Confía en mí.
BOBBY.
¿Qué le va a decir?
MANAGER HERNANDEZ.
Confía en mí, cabeza de piedra. Y tranquilízate de eso y no pienses más que en la pelea.
Mánager Hernández, con el gesto, invita a Bobby a descender por fin del ring. Lo hace bajando él también. Lo acompaña por uno de los corredores que conducen al fondo de la arena. Le va hablando con frases que resultan inaudibles. En el ring sólo queda el Sécond. sentado en el banquillo de la esquina, el Sécond abre el portafolio que llevaba desde el principio y mueve papeles, y hace anotaciones, cuenta billetes que guarda allí. Mánager Hernández regresa al ring. Sube. Sécond cierra el portafolio y se pone en pie
MANAGER HERNANDEZ–
Pinche vieja.
SECOND:
¿Está cabrón, don Pepe?
MANAGER HERNANDEZ.
Nomás vino a remover las aguas y a fregarnos la paciencia.
SECOND.
Los que también se están poniendo difíciles son nuestros cuates.
MANAGER HERNANDEZ.
Cuáles cuates.
SECOND.
Nuestros cuates, don Pepe.
MANAGER HERNANDEZ.
Con un carajo, habla bien. No te entiendo. ¿Cuáles cuates?
SECOND.–
El Güero Lozano, don Pepe.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Hablaste con él?
SECOND.
Media hora.
MANACER HERNANDEZ.
¿Y qué te dijo?
SECOND.
Que quiere tener otra entrevista con usted. . afinar las cosas. Para aclarar algunos detalles.
MANAGER HERNANDEZ.
Ya todo quedó clarísimo.
SECOND.
El dice que no… Porque parece que el Caballo Sánchez se está arrepintiendo.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Se está arrepintiendo de qué?
SECOND.
Arrepintiendo nomás.
MANAGER HERNANDEZ.
Pero de qué, ¡con un carajo!
SECOND.
De eso… de tirarse en el quinto.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Quiere otro round más adelante?
SECOND.
No… que ya no quiere tirarse. Que le están lavando la cabeza de que es muy buen peleador. Que ahorita le puede convenir más una victoria. Que nadie se va a creer que un peleador tan acabado como el Bobby Terán le parta la madre así, tan fácilmente.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Eso dice el Güero Lozano?
SECOND. 1
No. Eso dice el Güero Lozano que le anda diciendo la gente.
MANAGER HERNANDEZ.
Que le anda diciendo la gente a quién.
SECOND.
Al Caballo Sánchez.
MANAGER HERNANDEZ.–
¿Y el Güero Lozano qué piensa?
SECOND:
Que por eso quiere hablar con usted… De mánager a mánager, dice.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Y tú?
SECOND.
Yo qué, don Pepe.
MANAGER HERNANDEZ.–
Tú qué piensas.
SECOND:
Que le están haciendo al cuento nomás… Para mí, lo único que quieren es más dinero, o más porcentaje.
MANAGER HERNANDEZ.
Cuánto.
SECOND.
No sé, don Pepe.
MANAGER HERNANDEZ.
Entonces cómo dices que quieren más porcentaje si no sabes.
SECOND.–
Lo que no sé es cuánto, don Pepe. Cuánto más.
MANAGER HERNANDEZ.
¿No querrán de veras que el Caballo Sánchez salga a ganar?
SECOND.
Uy no, eso no, ni de chiste.
MANAGER HERNANDEZ.
Y cómo lo sabes.
SECOND.
Se echa de ver luego.Es pura presión del Güero Lozano y su gente, para sacar más ventaja… Además, el Caballo Sánchez es puro blof.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Siete nocauts seguidos te parece puro blof?
SECOND.–
(Sonríe.) Ay, don Pepe, ni que usted se chupara el dedo. Puro blof… para esto, para lo que estamos viendo. (Pausa.) El muchacho tiene buena pinta, pero sabe qué: le falta aguante, piernas.
MANAGER HERNANDEZ.
Tiene más aguante que Bobby, te lo garantizo.
SECOND.
Eso está por verse… Si a mí me los echaran en un ring a los dos solitos, sin mano negra, yo sí le apostaba todo mi resto a Bobby Terán.
MANAGER HERNANDEZ.
¿De veras?
SECOND.
Sin pensarlo dos veces, don Pepe.
MANAGER HERNANDEZ.–
Pues ibas a perder.
Un silencio. Mánager Hernández se pasea por el ring, pensativo.
MANACE,RHERNANDEZ.
Bueno, está bien. Echale un telefonazo al Güero Lozano y dile que voy a verlo al rato.
SECOND.
.Como a qué horas le digo, don Pepe?
MANAGER HERNANDEZ.
Al rato, en la nochecita.
SECOND.
Muy bien, don Pepe.
Sécond toma su portafolio, lo cierra y se dispone a bajar del ring.
MANAGER HERNANDEZ–
Oye, espérate.
Sécond se detiene. No sale del ring.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Las apuestas?
SECOND.
(Desconcertado.) Las apuestas qué, don Pepe…
MANAGER HERNANDEZ.
Cómo van.
SECOND.
Ah, sí… El Caballo Sánchez arriba. Muy arriba.
MANAGER HERNANDEZ
Cuánto.
SECOND:
Tres a uno.
MANAGER HERNANDEZ–
¿Tres a uno? … Tiene que cerrar hoy en la noche cuatro a uno… y mañana, antecito de la pelea, metemos todo el dinero de don Mario.
SECOND.
Muy bien, don Pepe.
MANAGER HERNANDEZ.
¿Cobraste el cheque?
SECOND.
Claro que sí. Está listísimo, en la caja fuerte.
MANAGER HERNANDEZ.
Entonces pon esto hoy en la noche, para subir al Caballo Sánchez.
Mánager Hernández extrae de su bolsillo un grueso fajo de billetes sujetos por una liga. Se lo entrega a Sécond.
SECOND.
¿Y sí hay cambios?
MANAGER HERNANDEZ.
Yo te aviso a tiempo, pero no va a haber… Háblale mientras al Güero Lozano.
Sécond guarda automáticamente el fajo de billetes en su portafolio y se dispone a bajar del ring.
SECOND.
Sí, don Pepe.
MANAGER HERNANDEZ.–
¿No vas a contar ese dinero?
SECOND.
Ay sí, don Pepe, perdón.
Sécond se mantiene en el ring. Abre el portafolio, saca el fajo de billetes y se pone a contarlo cuidadosamente, observado siempre por Mánager Hernández. Mientras Sécond cuenta el dinero y Mánager Hernández lo observa, María avanza hacia el ring por el mismo corredor por el que desapareció en escena anterior. Llega al pie del ring cuando Sécond termina su contabilidad y se dispone a guardar los billetes en el portafolio.
SECOND.–
Está bien, don Pepe.
María sube al ring, de improviso, de espaldas a Mánager Hernández. Este la descubre hasta que la oye hablar.
MARIA:
(Irónica.) ¿Arreglando el teatrito de mañana?
Mánager Hernández ha girado y mira a María, largamente. Tarda en hablar.
MANAGER HERNÁNDEZ.–
Pensé que ya se había ido, señora.
MARIA:
Regresé por Roberto.
MANAGER HERNÁNDEZ.
¿De veras?
Sécond ha terminado de guardar el fajo de billetes en el portafolio y se dispone a salir del ring. Se ve forzado, aunque un poco ridículo, a saludar a María.
SECOND:
Comperrniso. (A María.) Me da mucho gusto conocerla, señora.
María deja en el aire la mano que sécond le tiende. Este cruza definitivamente y baja del ring.
SECOND.
Compermiso.
Sécond se aleja por el corredor, hacia el fondo de la arena, hasta desaparecer.
MARIA:
¿Dónde está Roberto?
MANAGER HERNANDEZ.
Se fue… Me dijo que había terminado su… su conversación con usted, y se fue. Que se verían mañana en la noche, después de la pelea.
MARIA:
¿Dónde está?
MANAGER HERNANDEZ–
Va a ser una hermosa pelea, señora, se lo garantizo.
MARIA:
Contésteme.
MANAGER HERNANDEZ.
Se fue al hotel, a descansar.
MARIA.
No es cierto.
MANAGER HERNANDEZ.
No tengo por qué engañarla.
MARIA.
He estado afuera, esperándolo, y no lo vi salir.
MANAGER HERNANDEZ.
Salió por la puerta de los vestidores, con Quirino y El Cejas… No le miento, señora, es la verdad. Si quiere puede pasar a buscarlo y preguntar a los encargados.
MARIA:
¡Tramposo!
María se dirige al encorvado disponiéndose a bajar del ring. Mánager Hernández separa las cuerdas, abriéndolas, para facilitar el paso a María. Habla mientras lo hace.
MANAGER HERNANDEZ.–
Le prometí a Bobby que yo platicaría con usted hoy en la noche.
María interrumpe su salida. Regresa al ring. Parece un poco desconcertada.
MANAGER HERNANDEZ.
Pensaba ir a buscarla a su casa. Explicarle como está la situación, profesionalmente hablando.Tranquilizarla.
MARIA:
(Reaccionando.) ¿En qué hotel está Roberto?
MANAGER HERNANDEZ.
¿Por qué no deja en paz a su marido, señora? Aunque sea por una vez. Por usa sola vez, hoy, en vísperas de una pelea de la que depende todo su futuro.
MARIA:
¡Qué sabe usted del futuro de Roberto!
MANAGER HERNANDEZ.
Mucho, señora. Más que usted. Muchísimo. Lo sé todo. Lo supe todo desde el principio. Como si lo hubiera visto en una bola cristal… Ahí estaba el chamaco, en el gimnasio, tirando golpes, como un endemoniado, sin clase, sin estilo, sin nada… pero con un algo misterioso que me hizo saber que ese muchacho desbordado tenía la magia para llegar… Tuve que trabajar mucho con él, pero sabía que valía la pena porque era un boxeador nato. Fuera. de serie, señora, lo digo con toda la verdad de mi vida… Era un fajador único. Con un instinto para saber llevar cada pelea que no he encontrado jamás en otro peleador mío… ni de nadie… No se lo dije nunca para no echarlo a perder, pero se lo digo a usted… Bobby fue el mejor. Fue el mejor y pudo llegar, ¡ay señora!, pudo llegar a donde usted no se imagina.
MARIA:
Pudo llegar si usted no lo hubiera exprimido hasta la última gota.
MANAGER HERNANDEZ.
Yo no lo exprimí, al contrario. Lo cuidé como si fuera mi hijo.
MARIA:
Lo dejó que lo golpearan hasta romperlo por dentro… ¿Sabe usted lo que es eso? ¿Las heridas por dentro?… Por dentro, en la cabeza, donde ya no hay remedio… ¿Lo sabe usted?
MANAGER HERNANDEZ.
Lo supo él. Lo supo siempre.
MARIA:
No. Roberto no sabe cómo va a terminar.
MANAGER HERNANDEZ.
Bobby no es un niño, señora… El sabía lo que era el box, con todos sus peligros, y escogió el box.
MARIA:
Porque usted lo obligó.
MANAGER HERNANDEZ.
No diga tonterías, por favor. ¡No sea ridícula! Yo no he obligado a nadie a ponerse los guantes ni a subir a un ring… Son ellos, ellos los que me obligan a enseñarlos, y a empujarlos, y a volverlos famosos, como su marido.
MARIA:
Y heridos de la cabeza.
MANAGER HERNANDEZ.
Tarde o temprano, todos tenernos que terminar esta vida de algún modo… Y para los que vivimos en el box, las heridas del box no son un mal modo, señora, se lo aseguro. Son una enfermedad cualquiera. Como un cáncer, como un pulmón roto…
MARIA:
La locura no es una enfermedad cualquiera.
MANAGER HERNANDEZ.–
Bobby no acabará loco nunca.
MARIA:
El doctor Ortiz se lo dijo.
MANAGER HERNANDEZ.
Ni el doctor Ortiz ni ningún médico se lo dijo jamás.
MARIA:
Yo vi las radiografías.
MANAGER HERNANDEZ.
Ese es un cuento que usted ha inventado por miedo. Por el puro pinche miedo que siente, y perdóneme que se lo diga, a su propia enfermedad… Es usted la que está enferma, señora, no Bobby. Es usted la que tiene que retirarse del mundo, no Bobby del ring.
Largo silencio. María se detiene frente al poste de una esquina. Permanece inmóvil. Mánager Hernández pasea, nervioso.
MANAGER HERNÁNDEZ.
(Arrepentido.) Perdóneme… perdóneme, no quise lastimarla. Lo que pasa es que soy muy bruto, pero me gusta hablar por lo derecho.
MARIA:
¿Por lo derecho? ¿Hablar por lo derecho, usted?… Y me lo dice en vísperas de una pelea arreglada. (Pausa.) ¿O no es una pelea arreglada la de mañana, señor Hernández?
Silencio.
MARIA:
Roberto me lo dijo. El mismo lo reconoció.
MANAGER HERNANDEZ.–
¿Y eso no la tranquiliza?
MARIA:
Me asquea.
MANAGER HERNANDEZ.
¿La asquea?, ¿por qué?
MARIA:
¿Y todavía me lo pregunta? (Pausa.) No le parece asqueroso vivir en este ambiente donde se compran y se venden peleas como si fuera la cosa más natural del mundo. Donde se roba, y se miente, y se estafa, y se trata a los boxeadores como si trabajaran en un prostíbulo.
MANAGER HERNANDEZ.
Yo no inventé el box, señora.
MARIA:
No estoy hablando del box. Estoy hablando de este ambiente de porquería en que ustedes se revuelcan.
MANAGER HERNANDEZ.
Tampoco inventé el ambiente, ni soy responsable por él, que chingados… Es la realidad. Así es, y la admito porque vivo en ella. Qué voy a hacer. Juego según las reglas del juego que me tocó jugar, y ésas tampoco las inventé yo.
MARIA:
Va a terminar diciéndome que es una víctima.
MANAGER HERNANDEZ.
Como usted. . . de sus alucinaciones, de sus delirios.
Largo silencio.
MANAGER HERNANDEZ;
Deje de sufrir, señora… La pelea de mañana está arreglada, muy bien, es una mentira horrible, una asquerosidad, pero piénselo despacio… piénselo un poquito: la pelea está arreglada para favorecer a su marido… El Caballo Sánchez no le va a tocar un pelo de su sagrada cabecita. Lo único que va a hacer el Caballo Sánchez es dejarse caer, cataplum, y abrirle el camino del triunfo a su marido, al gran Bobby Terán.
MARIA:
Me da usted asco.
MANAGER HERNANDEZ.
El asco le va a durar sólo dos o tres años, máximo. En tres años, luego de que Bobby se gane su cinturón de los welters, se va a retirar y va a regresar a la paz de su hogar: con sus hijos y con usted, que lo quiere tanto. Final feliz.
MARIA:
¿En qué hotel está Roberto?
MANAGER HERNANDEZ.
De nada sirve que se lo diga. No la dejarán entrar.
María contiene un acceso de rabia y se dirige al encorvado con intenciones de salir.
MANAGER HERNANDEZ.–
¿No olvida algo, señora?
María se vuelve. Mánager Hernández extrae de su bolsa el revólver y se lo muestra.
MANAGER HERNANDEZ.
Es suyo, me parece.
MARIA:
Roberto se lo dio.
MANAGER HERNANDEZ.
Me contó cómo trató de chantajearlo con el viejo cuento del suicidio. ¿Eso no le parece también una asquerosidad? (Pausa)
MARIA:
No era un chantaje. se lo decía muy en serio.
MANAGER HERNANDEZ.
Por lo visto, terminó arrepintiéndose.
MARIA:
El me arrebató la pistola.
MANAGER HERNANDEZ.
Ah, sí…
Mánager Hernández se aproxima a María y le tiende el revólver
MANAGER HERNANDEZ.
Es suya.
María toma la pistola.
MARLA:
¿Qué me quiere decir?
MANAGER HERNANDEZ.
Absolutamente nada, señora.
Silencio. María guarda el revólver
MARIA:
Le estorbo mucho, ¿verdad?
MANAGER HERNANDEZ–
A mí no. A Bobby.
María cruza el encordado y baja del ring. Camina por el corredor rápidamente. Desde el ring MánagerHernández observa a María hasta que desaparece. Cuando María desaparece, Mánager Hernández abandona el cuadrilátero y camina por el corredor opuesto, hacia el fondo de la arena, hasta desaparecer también.
El ring queda solo durante un largo lapso. Cambia ligeramente la iluminación: el tiempo. Por el magnavoz se escucha en forma ascendente la algarabía del público, característica de una arena de box en los momentos en que se va a iniciar una pelea. Se escucha luego la Voz del Locutor de TV.
VOZ DEL LOCUTOR.
Buenas noches, amigos. Muy buenas noches. Aquí estamos, como siempre, con ustedes, como todos los sábados, para llevar hasta la paz de sus hogares la transmisión de la pelea que ocupa el lugar de honor de la función de esta noche. Pelea de primera magnitud, pelea estelarísima programada a diez asaltos, que pondrá frente a frente a dos grandes figuras de la afición. A Joel Caballo Sánchez, un muchacho que viene haciendo una campaña brillantísima por los encordados de todas las plazas del país, y al mexicocaliforniano que hoy regresa a los cuadriláteros después de un inesperado y muy discutido retiro que duró poco más de dos años: Bobby Terán, el fajador de talla internacional, el hombre que ha escrito toda una historia de emociones y alaridos en las arenas de México y del extranjero. Hasta Tokio llegó, en el setenta y siete, este peleador macizo, este pundonoroso gladiador dueño de una derecha tremebunda que estuvo a punto de conquistarle el título de su división cuando… (Se interrumpe.) Aquí sube Joel Caballo Sánchez y oigan ustedes cómo lo recibe el público. Oigan ustedes, amigos.
Acompañado por su Mánager y su Sécond, Joel Sánchez sube al ring. Saluda con los brazos en alto, sin dejar de brincotear y volviéndose, en su saludo, a los cuatro puntos cardinales del cuadrilátero. Se escuchan nutridos aplausos. Escasos silbidos.
VOZ DEL LOCUTOR.
Se ha ganado a la afición en poco tiempo este muchacho de Moroleón Guanajuato, al que maneja el experimentado Güero Lozano. Es el favorito de la pelea, según dicen los expertos y los apostadores. Lleva ganadas ocho victorias al hilo, siete de ellas por la vía del cloroformo. Dinamita tiene en los puños Joel Caballo Sánchez, el de Moroleón Cuanajuato. (Transición.) Aquí sube al ring Bobby Terán, la incógnita de esta noche.
Sube al ring Bobby acompañado de Mánager Hernández y el Sécond. Se escuchan silbidos y abucheos que predominan sobre algunos aplausos. También Bobby brincotea y saluda al público, aunque más discretamente, quizá por el hostil recibimiento. Sin dejar de brincotear, los dos boxeadores se concentran en sus respectivas esquinas. Allí, sobre las pequeñas artesas llenas de brea, frotan las suelas de sus botines. Mánagers y séconds de Bobby y de Sánchez proceden a calzar los guantes a sus pupilos.
VOZ DEL LOCUTOR.
(Tan pronto sube Bobby.) Exigente el público con Bobby Terán, amigos, óiganlo ustedes. La afición que lo ha acompañado siempre, que se le entregó hasta el paroxismo cuando era el ídolo único en la división de los ligeros, lo recibe hoy, esta noche de su regreso, como ustedes lo están viendo, amigos: con recelo, con desconfianza, con un poquito de rencor seguramente. Regresa en welter a los cuadriláteros Bobby Terán. Más corpulento, más vigoroso a simple vista… Ha quedado muy atrás, lo recordarán ustedes, el muchachito aquél peso gallo que causó sensación desde su primera pelea contra el Gato Gutiérrez, en el setenta y tres, si la memoria no nos falla. Después pasó a peso pluma, y como pluma inició su carrera de fajador, sumando victoria tras victoria. Algunas importantísimas, como aquélla contra el panameño Tony Pedroza que retiró para siempre a Pedroza de los encordados. Lo hizo puré en tres asaltos, contra todos los pronósticos. En la división de ligeros brilló con luz propia Bobby Terán. Por lo menos en cuatro ocasiones estuvo a un pasito de lograr el título y siempre se quedó en la antesala de la gloria. (Pausa.) Un peleador finísimo es Bobby Terán. Muy limpio, muy claro, muy contundente. Con mucho aguante, además. Ustedes los tienen presente, amigos. Derrotó al Pantera Torres en el 78, a Freddy Wilson, en el 79; a Nicandro Serrano, el de Jalisco, en el 80. Era terrible en aquella temporada Bobby Terán. Implacable con la derecha de fuego, la flecha roja… Pero todo eso es historia, amigos, y ahora lo que importa es ver cómo regresa a los cuadriláteros el mexicocaliforniano. Aquí lo tenemos en la estelar de esta noche, con los momios en contra y una afición que no le perdona su retiro. La afición es así. No guarda consideraciones para el ídolo que se va. No lo perdona… Los espectadores de México y de las plazas fronterizas donde gozaba de una fama enorme, nunca aceptaron que de la noche a la mañana Bobby Terán
colgara los guantes y dijera que ya no quería saber nada del box. Absolutamente nada, dijo. Se iba a dedicar a su mujer, a sus hijos, a la vida tranquila… Y aquí lo tienen ahora, dos años después, de regreso al deporte de las trompadas, decidido a recuperar el sitio y la afición que dejó. Vamos a ver. (Pausa. Transición.) Está entrando en estos momentos, elegante como siempre, el anunciador oficial. El simpático Pelón Domínguez Cuevas.
Durante la narración del locutor, los boxeadores no han dejado de calentar músculos en sus respectivas esquinas y de recibir masajes en la espalda, por encima de la bata, de sus managers y séconds. El Anunciador Oficial llega al centro del cuadrilátero empuñando un micrófono. Trata de que el público preste atención.
ANUNCIADOR OFICIAL:
Respetable público… respetable público… (Gritando.) Pelearáaaaaaaaaan dieeez rooouuuuuunds. En esta esquinaaaa, de sesenta y cuatro kilos cuatrocientos gramos, Robertoooooo, Bobbyyyy Teraaaaaaaaán.
Silbidos y abucheos del público mientras Bobby, discreto, serio, levanta un brazo a manera de saludo. Aplausos aislados.
ANUNCIADOR OFICIAL:
Y en esta otra. De sesenta y tres kilos novecientos gramoooos…
Joooeeeeel Caballoooooo ¡Sáaaaaaaaaancheeeeez!
Aplausos y gritos nutridos. Silbidos aislados. Sánchez saluda al público levantando ambos brazos y mirando a los cuatro puntos cardinales del cuadrilátero. Regresa a su esquina para concentrarse. El Anunciador Oficial sale del ring casi al mismo tiempo en que sube el Réferi.
VOZ DEL LOCUTOR.
Aquí está subiendo al enlonado el réferi don Ramón Rodríguez Caballero, para citar a los contendientes al centro del cuadrilátero y darles las instrucciones de rigor. Rodríguez Caballero sancionará esta pelea programada a diez asaltos dentro de la división Welter.. . Un gran réferi es Rodríguez Caballero. Gran experiencia y máxima autoridad. Como ustedes saben ha estado sumamente enfermo de un padecimiento del riñón, y como Bobby Terán, hoy también regresa a los cuadriláteros nuestro queridísimo amigo y compadre don Ramón Rodríguez Caballero. Bienvenido y mucha suerte…
El Réferi reúne a Bobby y a Sánchez en el centro del cuadrilátero. Su voz es apenas audible por causa de la algarabía del público que se escucha por los magnavoces.
REFERI.
(A los boxeadores.) Ya conocen el reglamento de la Honorable Comisión de Box. No están autorizados los golpes por debajo del cinturón ni los cabezazos. Tengan cuidado con la cabeza porque puede ser motivo de una fuerte sanción… Cuando un peleador caiga a la lona, el otro se debe ir inmediatamente a la esquina más cercana. No golpear al caído… Cuando estén en clinch y yo diga: fuera, o les toque la espalda, salgan rápidamente sin tirar golpes, ¿entendido?… Es todo, muchachos. Den una buena pelea para complacer al público, y que gane el mejor. Mucha suerte.
Bobby y Sánchez regresan a sus esquinas. Sus respectivos séconds les quitan las batas. Mánagers y séconds bajan del ring y se ubican al pie de la esquina. Desde ahí observarán el desarrollo de la pelea y darán instrucciones a sus pupilos con frases y comportamientos ad libitum. Los boxeadores realizan sus últimos calentamientos mientras se escucha la Voz del Locutor. Sánchez se santigua, en cuclillas.
VOZ DEL LOCUTOR.
Breve, claro y conciso en su homilía a los peleadores, don Ramón Rodríguez Caballero…Todo está a punto para que se despeje al fin la incógnita del regreso, del esperado regreso de Bobby Terán… ¡Y vámonos! ¡Aquí arranca la pelea!
Se escucha la campana del ring.
Los peleadores se encuentran en el centro del cuadrilátero después de salir bailoteando. Chocan los guantes a manera de saludo.
PRIMER ROUND
Casi no habrá golpes. Los peleadores se limitarán a medirse con jabs, bailoteando por todo el ring.
VOZ DEL LOCUTOR.
(Mientras ocurre el round.) Mucho se habló y mucho se ha especulado sobre el retiro de Bobby Terán de los cuadriláteros hace ya más de dos años, amigos. Se dijo que el rnexicocaliforniano colgaba los guantes como protesta contra los jueces y contra la Comisión de Box después de aquella cerradísima pelea con el Negro Morales en Ciudad Juárez, en noviembre del ochenta y uno… Los jueces le dieron la decisión al Negro Morales y se armó el escándalo, ustedes se acordarán. Protestas en los periódicos, protestas ante el comisionado y las máximas autoridades, pero nada. No hubo poder humano capaz de cambiar aquel fallo terrible contra un Bobby Terán en la cúspide de su carrera… ¡Y colgó los guantes! Se fue irremediablemente de los cuadriláteros en noviembre del ochenta y uno. Le dio vuelta a la página de su vida… También se dijo, por aquellos días, que Bobby se retiraba porque en realidad se sentía acabado, en declive, y hasta se habló incluso de un grave padecimiento neurológico… Antes de esta pelea don Pepe Hernández desmintió categóricamente todos los viejos y nuevos rumores. Dijo que su pupilo estaba en las mejores condiciones físicas y pugilísticas y que se cuidaran los jóvenes porque el mexicocalifoniano regresaba con los puños cargados de dinamita, directo hacia el campeonato de la división de los weiters… Gran expectación, en una palabra, por el regreso de Bobby Terán, amigos… Aquí lo tenemos midiéndose en el amanecer de esta pelea con el Caballo Sánchez, de pantaloncillo blanco… Apenas si se tocan los dos rivales sabedores de que el combate va a ser durísimo y muy largo, muy pesado. Hay que guardar fuerzas. Los dos son terribles con la derecha, una derecha que en cualquier momento puede hacer explosión… Guardia izquierda los dos peleadores, bailoteando por el cuadrilátero… Es la pelea estelar de esta función que ha resultado brillantísima, en verdad espectacular. Dos de las preliminares fueron resueltas por la vía contundente del nocaut, y en la de seis rounds entre Canica Jiménez y el Zurdo Fernández, el combate fue una guerra sin cuartel bañada en sangre, terrible. Ganó Canica Jiménez en decisión apretadísima, pero el Zurdo Fernández se llevó del respetable una ovación que todavía resuena en las graderías… Ahora vamos a ver si la estelar de esta noche cierra con broche de oro esta brillante función de box. Todo lo hay para que así sea, amigos. Estamos ante dos peleadores de un terrible punch y de un enorme estilo. Aquí los tienen… Aquí los ven haciendo gala del buen lenguaje del boxeo, indispensable para recitar la lección profesional y aprobar el examen. Madurez contra juventud. . . Experiencia indiscutible en el mexicocaliforniano Bobby Terán, de pantaloncillo negro. Un peleador que viene a recobrar el tiempo perdido, los dos años de ausencia, y a demostrarle a la afición que todavía puede ser su ídolo… Véanlo cómo domina el espacio, cómo maneja su bending. Véanlo… El Caballo Sánchez es la juventud. Todo juventud, todo esperanza, todo fuerza y todo coraje el Caballo Sánchez cuando trata de alcanzar con un jab a Bobby Terán… Le llegó apenitas, un rozón… Dinamita en ambas partes. La están ahorrando todavía… Es muy temprano para saber lo que va a ocurrir en diez episodios que seguramente, por las características de los rivales, van a ser terroríficos, amigos, de verdadero alarido. Vamos a ver… (Pausa.) Va a terminar el round. Un round sin consecuencias… Diez segundos. Aquí está la campana.
Suena la campana y los boxeadores se retiran a sus respectivas esquinas. El Muchacho de los Cartones sube al ring y muestra, a los cuatro puntos cardinales, el cartón que tiene inscrito un gran número dos. Sentados en sus banquillos, los boxeadores son atendidos por sus mánagers y séconds. No hay gran trabajo que hacer. El Sécond de Bobby Terán lo masajea ligeramente en el pecho mientras Bobby se desprende del protector y bebe agua, que luego escupe en el embudo desaguador. Los mánagers hablan en voz baja a sus pupilos. Es audible, quizá, la breve conversación entre Mánager Hernández y Bobby.
MANAGER HERNANDEZ.
Sigue soltándote, soltándote por todo el ring. Pero tira jabs. Mantén siempre la distancia. (Transición.) ¿Estás bien?
BOBBY.
Perfecto.
MANAGER HERNANDEZ.
Ahora empieza a apretar un poco para que luzcas tu condición. Lo que dijimos.
BOBBY.
¿Qué sabe de María?
Mánager Hernández no responde y adopta un aire distraído. El Sécond continúa masajeando a Bobby hasta los últimos segundos del minuto de descanso. Suena el silbato. En ambas esquinas, managers y séconds retiran los banquillos y salen del ring.
Suena la campana.
SEGUNDO ROUND
Como el anterior, un round tranquilo aunque se verá más acción; algunos cambios de golpes y dos o tres buenas acometidas por parte de Bobby.
Al sonar la campana, los peleadores salen hacia el centro del ring. Bobby sorprende a su enemigo atacándolo de inmediato: logra conectar algunos golpes.
VOZ DEL LOCUTOR.
¡Aquí tienen a Bobby Terán, amigos! Saliendo saliendo, como en sus buenos tiempos, sacude al de Moroleón en el centro del cuadrilátero… ¡Vaya susto el que se ha llevado el de Moroleón! Y vaya golpes los que ha conseguido Bobby Terán… El recto perforó la guardia de Joel Caballo Sánchez y luego la izquierda, sobre el mentón, acariciando el maxilar. ¡Es el auténtico estilo del mexicocaliforniano! Para quienes no recordaban sus típicas salidas de catapulta, directas, intempestivas hacia el rival, aquí las tienen de nuevo. Así llegó a ser ídolo de las multitudes Bobby Terán. Con entusiasmo, con fibra, con arrojo… En esta misma arena, en una salida como la que acabamos de ver, Bobby noqueó precisamente al Taquito Rubio en el prólogo de un cuarto round. Lo alcanzó con un gancho en el mero botón, ¡y a la lona, amigos, a contemplar las estrellas! Ya no se levantó jamás el Taquito Rubio… Esa era la garra del mexicocaliforniano, Y ésa debe seguir siendo, por lo que acabamos de ver.. Garra de fajador nato, verdugo de los encordados cuando se necesita serlo. (Pausa.) Nuevamente a los jabs, a las fintas… El público abuchea. Ya probó algo del sabor que puede tener este combate y quiere de una vez el bocado completo… Pero no. Para los contendientes todavía no es tiempo… Vuelven a circular por el cuadrilátero, midiéndose, midiéndose. (Transición.) ¡No, por ahí no! Si el Caballo Sánchez piensa que por ahí puede alcanzar la quijada de Bobby Terán se va a pasar la noche abanicando el aire… La guardia de Bobby es muy cerrada, cerradísima. él tiene un colmillo del tamaño del mundo, además. Por algo abarrotó las arenas de la República y del sur de los Estados Unidos, de California, y llegó hasta donde llegó… Difícil boxeador este Bobby Terán. Muy difícil para peleadores como este joven que recorre apenas el primer round de su carrera. Le falta mucho que aprender al de Moroleón Cuanajuato: malicia, mañas, habilidad. La fuerza en los puños no lo es todo, muchacho. Al pupilo del Güero Lozano le falta todavía un buen surtido de estrategias. Pero al tiempo, amigos. La experiencia sólo se adquiere con experiencia, pelea tras pelea, round tras round. La única escuela del box es el box mismo, como decía nuestro querido Agustín Valdés. (Transición.) ¡Eso está mejor! El público reacciona a favor de Joel. Sí, las partes blandas de Bobby Terán son su punto vulnerable. Por ahí debe trabajar el Caballo Sánchez y seguramente por ahí debe haber fijado su plan de pelea el Güero Lozano… ¡Vuelve sobre las partes blandas Joel Caballo Sánchezl (Transición.) ¡Cuidado! Cuidado, muchacho, porque ante un boxeador de la talla del mexicocaliforniano no se pueden dejar abiertas esas oportunidades… Un Poco más y el zurdazo de Terán le hubiera hecho pagar contra la lona su atrevimiento. (Pausa.) Buscan distancia… Otra vez buscan distancia los peleadores. Se impacienta el respetable…El público quiere ya la guerra y ellos no, todavía no… Van con mucho cuidado. Para ambos la pelea es importantísima. Para Bobby Terán significa su resurgimiento, el regreso triunfal, y para Joel Caballo Sánchez el despegue definitivo…Continúan midiéndose, conociéndose. (Pausa.) Abuchea el público en el ocaso de este segundo round que ya no tiene sorpresas que ofrecer… Ya no hubo más, amigos. Se acabó.
Suena la campana y los boxeadores regresan a sus respectivas esquinas. El Muchacho de los Cartones muestra el cartón con el número tres para anunciar el tercer round. En las esquinas se repite el ritual de mánagers y séconds atendiendo a los boxeadores, masajeándolos, dándoles de beber agua, frotándolos con un trozo de hielo.. Se alcanzan a escuchar algunas frases entre Mánager y pupilo en la esquina de Bobby.
MANAGER HERNANDEZ.
Ahora sí aprieta todo lo que puedas.
BOBBY.
No le tengo ni tantita confianza a ese tipo.
MANAGER HERNANDEZ.
Olvídalo. Tú aprieta.
BOBBY.
Más agua.
El Sécond da más agua de beber a Bobby. Suena el silbato: mánagers y séconds se retiran de las esquinas. Suena la campana. Salen los boxeadores.
TERCER ROUND
Un round combativo. Ambos boxeadores dan y reciben golpes. El round se inicia con lentitud, con tranquilidad. El Locutor empieza a hablar segundos después de que se inició el asalto.
VOZ DEL LOCUTOR:
Ahora no salió Bobby Terán como catapulta. Es el público el que salió bravo, amigos: abucheando a los boxeadores para obligarlos a pelear duro… El público ha visto muchos golpes esta noche y no quiere que el combate estelar se vaya inédito… Estamos en el tercer round de la pelea de gala concertada a diez asaltos. Bobby Terán de pantaloncillo negro, contra Joel Caballo Sánchez, de pantaloncillo blanco. Confrontación generacional. Madurez contra juventud, experiencia contra entusiasmo. (Transición. Entusiasta.) Aquí los tienen ahora cambiando golpes en el centro del cuadrilátero. ¡Fuerza contra fuerza que convierte en gritos de entusiasmo los silbidos de la multitud!… ¡La derecha de Bobby Terán! ¡La repite: la derecha otra vez…!Tiene que echarse para atrás el de Moroleón, y sobre él va el mexicocaliforniano. Contra las cuerdas. Le reparte dinamita contra las cuerdas… Asimilando el Caballo Sánchez, dirigiendo esa andanada de pólvora que por primera vez en la pelea ha levantado de sus asientos al respetable. ¡Buen momento, amigos! Caen en clinch. Por el momento el Caballo Sánchez no tiene otra salida que abrazarse con desesperación para interrumpir la andanada de Bobby Terán. Los separa don Ramón Rodríguez Caballero y parece que está amonestando al de Moroleón por uso peligroso de la cabeza. Protesta el público la amonestación del réferi, pero don Ramón Rodríguez Caballero debe tener razones de sobra para su señalamiento. No es un juez que hable por hablar. Justo, medido siempre, atinadísimo, don Ramón Rodríguez Caballero es modelo y ejemplo entre los réferis mexicanos y extranjeros del día de hoy… (Transición.) ¡Se creció de pronto el Caballo Sánchez! Véanlo cómo suelta los brazos, cómo pone en verdaderos aprietos a Bobby Terán. Bobby Terán contrataca. Aquí lo tienen. Hacia delante, hacia delante. El recto. Otra vez el recto… Caballo Sánchez, de salida, lanza…(Entusiasta.) ¡Qué gran golpe ha conseguido Joel con esa derecha a la cabeza del veterano! Está peleando al tú por tú. Fajándose muy en serio. El favorito de las nuevas generaciones contra el campeón sin corona. También un campeón sin corona fue durante años Bobby Terán. Siempre en la antesala del campeonato, siempre esperando y esperando. Casi, campeón; ya mero campeón, por un pelito siempre… Ahora viene por el desquite de toda su carrera y no puede permitirse un solo tropiezo. Sería fatal. Está obligado a vencer… El lo sabe y véanlo. Véanlo sacudiendo de nuevo al Caballo Sánchez con uno, dos, tres… ¡y el óper! Se entusiasma la multitud. No alcanzaron a hacer suficiente daño esos morteros pero le sirven para abrir camino… Responde el de Moroleón. Con garra. ¡Responde! Trabajando abajo. (Pausa.) Parece que sangra un poco la ceja izquierda de Bobby Terán. Sí, está sangrando, amigos… Los dos peleadores han recibido una buena dosis de cuero y éstas son las primeras consecuencias… Es peligrosa para Terán una herida en la ceja. Por ahí se abre muchas veces el camino al nocaut técnico… Tendrán que trabajar bien y pronto la herida en la esquina de Terán para evitar problemas futuros… Duro se ha visto el Caballo Sánchez en este tercer round de la pelea estelar, pero duro también ha estado el veterano. (Pausa.) Agoniza el episodio. Diez segundos… Se va a escuchar la campana.
Suena la campana y los peleadores van a sus esquinas. Bobby parece molesto y no responde a un intento de saludo con el guante que le hace Joel Sánchez. El Muchacho de los Cartones presenta el cartón del cuarto round. En las esquinas se repite el rito de asistencia a los boxeadores, aunque ahora con mayor dedicación. El Sécond de Bobby le cura la herida en la ceja: le detiene la hemorragia, le unta grasa. El intercambio de palabras entre Bobby y Mánager Hernández ocurre tan pronto Bobby se sienta en el banquillo.
BOBBY–
¿Qué le pasa a ese tipo?
MANAGER HERNANDEZ.–
Fue un buen round.
BOBBY–
¿No lo Vio?
MANAGER HERNANDEZ– .
El público se está calentando. Eso es lo que importa
BOBBY.
Donde me joda la ceja
MANAGER HERNANDEZ.
No es nada.
Silencio. El Sécond unta de grasa los brazos de Bobby.
BOBBY–
(Hacia Mánager Hernández.)
¿Qué hay de María?.
Mánager Hernández se encoge de hombros, vagamente. suena el silbato y se retiran mánagers y séconds. Suena la campana
CUARTO ROUND
Los peleadores boxearán bravamente pero sólo durante un par de minutos. Cuando Bobby se lanza directo hacia su rival, apenas suena la campana, el Réferi se interpone y, con una toalla, limpia del cuerpo y de los brazos de Bobby el exceso de grasa que le había untado el sécond. Pronto termina el Réferi su diligencia. Con una señal reinicia el episodio.
VOZ DEL LOCUTOR.
Ya venía Bobby Terán, en una de sus clásicas salidas, a sorprender a su enemigo, pero don Ramón Rodríguez Caballero lo ha detenido a medio viaje para quitarle el exceso de grasa. (Pausa.) Jabea el Caballo Sánchez. No quiere una lucha cuerpo a cuerpo antes de medir bien al veterano… Va sobre los bajos. A esa zona lo han mandado trabajar desde la esquina para minar primero la fortaleza de Bobby… (Transición.) ¡Empieza a hacer explosión la dinamita, amigos, vean ustedes! … Qué bien se ha visto ahí Bobby Terán con el óper, y qué bien responde el Caballo Sánchez. Fiero está el de Moroleón Guanajuato, ni duda cabe, respondiendo a su público, a sus partidarios que lo han sacado a la pelea estelar de esta noche como gran favorito… Aprieta Bobby Terán. El uno dos. Ahora el gancho, pero abanica, qué barbaridad. Y el abucheo del público… Un poco desesperado el mexicocaliforniano que está tratando de cazar a su enemigo. Caballo Sánchez por piernas, trabaja por piernas. (Pausa.) Muy parejos hasta ahora los contendientes. (Pausa.) Busca el Caballo Sánchez la ceja de Bobby. Abajo y a la ceja, los dos blancos del enemigo… ¡Cuidado! (Transición.) Miren ustedes que valentía le pone el de Moroleón… Salen del clinch, tras la indicación oportuna y enérgica de don Ramón Rodríguez Caballero que está teniendo, como siempre, una actuación impecable. (Transición.) A la carga Bobby Terán. Y responde e! Caballo Sánchez… ¡El público se entusiasma! ¡Aquí los tienen!… Pelean en corto, contra las cuerdas. Un gancho cruzado y Bobby Terán metiéndose, como un novato. La ceja vuelve a sangrar… Miren ustedes al Caballo Sánchez.
Trenzados en corto, en un fiero intercambio de golpes cuerpo a cuerpo, los boxeadores ofrecen el momento más álgido de la pelea. Una extraña música se empalma a la algarabía del público cuyo sonido asciende hasta apagar la Voz del locutor y convertirse en un ruido ensordecedor. También las luces que caen sobre el ring varían de intensidad produciendo extraños efectos. Se diría que tanto los efectos lumínicos como los sonoros (música y ruidos) expresan sensaciones experimentadas de algún modo por Bobby.
De un asiento de las graderías se levanta (o Bobby ve, o cree ver levantarse) la figura de María. Sujeta entre las dos manos la pistola, que apunta hacia el ring.
BOBBY.–
(Gritando.) ¡Nooo, María!
Se escuchan dos disparos en el momento en que Bobby es golpeado en la quijada por Joel Sdnchez. Bobby se desploma, pero no se sabe si a consecuencia de los disparos o por el golpe deJoel Sánchez (o por ambas causas).
Se oscurece el ring. Entre la algarabía se escuchan voces de espectadores, confusas, resueltas con el conteo del Réferi.
VOCES DE ESPECTADORES–
-¡Ahí va!
-¡Es ésa!, ¡es ésa!
-Agárrenla.
-¡Que no se escape!
-¡Agárrenla!
VOZ DEL REFERI.
Uno -Dos… Tres… Cuatro… Cinco… Seis… Siete… Ocho… Nueve… ¡Fuera!
Algarabía. Silencio total
Transcurren varios segundos en completa oscuridad y en completo silencio.
Lentamente se ilumina de nuevo el ring. Bobby está tendido sobre la lona, bocabajo, con los brazos en cruz. como al principio de la obra. Después de un lapso, parece recobrar el sentido. Menea de un lado a otro la cabeza y trata de girar el cuerpo para tenderse bocarriba. No lo consigue, las fuerzas le faltan. Vuelve a aflojar el cuerpo y a clavar la cabeza sobre la lona. En su rostro se alcanzan a distinguir las señales de los golpes recibidos, sangra un poco la herida de la ceja izquierda.
Por uno de los corredores que conducen hasta el cuadrilátero aparece Mánager Hernández. Lleva un maletín de lona que al llegar deja en una de las esquinas. Sube al ring. Se dirige hasta donde se encuentra Bobby y lo observa durante segundos luego de levantar de la lona el protector bucal.
MANAGER HERNANDEZ.
Cabeza de piedra. (Silencio.) Levántate, órale. Vámonos.
Bobby no reacciona.
MANAGER HERNANDEZ.
No te vas a quedar ahí toda la vida, ¿verdad?
Bobby sacude la cabeza y nuevamente trata de incorporarse.
MANAGER HERNANDEZ.
Güevón.
Bobby gira sobre un costado y queda tendido de espaldas. Parece solicitar, con el gesto, una ayuda para levantarse que Mánager Hernández no le proporciona. Transcurre un largo silencio.
BOBBY–
¿Qué pasó?
MANAGER HERNANDEZ.
Todavía lo preguntas.
BOBBY–
No me acuerdo de nada, ¿qué pasó?
MANAGER HERNANDEZ.
Pinche cabeza de piedra.
Bobby hace un esfuerzo por levantarse. Parece lograrlo, pero cuando ya tiene una rodilla en apoyo, vuelven a faltarle las fuerzas y cae definitivamente, exánime. Mánager Hernández lo observa con un gesto de desdén, meneando la cabeza.
OSCURO FINAL
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*Cuentos latinoamericanos
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