Los seres humanos queremos sentirnos únicos, diferentes, especiales; pero solemos tener comportamientos muy parecidos y predecibles, preocupaciones básicas similares, reacciones que parecen estar tatuadas en nuestros genes. 

En esta obra podemos apreciar muchas de esas reacciones y comportamientos de la vida en pareja, al parecer en toda Latinoamérica sufrimos casi de lo mismo. 

El amor cambia, estar enamorado a los 20 no es igual que el amor de los 40 años, con el tiempo viene el conocimiento sobre el otro y también la desesperación, el enfado y hasta el hastío.

 

Parejas, una obra de Susana Lastreto trata sobre los cambios en las relaciones con el paso del tiempo, lo que enamoró a los 20 lo detestas a los 40. Lo que te asquea a los 15 lo añoras a los 80.

 

Son 27 páginas, prácticamente no se requiere escenografía porque la obra transcurre en un universo mental en lo que podrían ser los recuerdos de cualquier mujer. 

Es para teatro profesional y seguramente todos los espectadores se sentirán identificados con algunas situaciones planteadas.

 

Espero que hayas disfrutado esta historia tanto como yo disfruté al escribirla, no puedo agradecerte lo suficiente tu apoyo. Ser un escritor sin lectores no tiene sentido.

Fragmento

La adolescente
Empieza hablándole a la anciana dama, pero después se separa de elle y sigue pensando en voz alta.

Yo nunca me voy a casar. Primero, que no entiendo por qué tengo que pasarme la vida durmiendo con alguien en la misma cama. Segundo, que a mí me
gusta despatarrarme, así que alguien, sobra. Y además los hombres son asquerosos, se tiran pedos en la cama. Motivo de divorcio. Y encima,
roncan. Hace catorce años que ronca tu padre, dice mi madre. Pero sigue durmiendo en la misma cama. Yo no aguantaría. ¡Ah, y el baño! Es absolutamente imposible compartir el baño con un hombre. Dejan pelos por todas partes, nunca secan el piso, y como cuando hacen pis apuntan mal… La hermana de Verónica, mi mejor amiga, va a casarse. ¡Me da una risa! Entre la madre y ella, se lo están comprando todo. Sobre todo, camisones. ¿Y
para qué sirve tanto camisón? Y nena, una tiene que ponerse un lindo camisón para que su marido se lo saque, dice su madre. ¿Y entonces para qué
se lo pone? Pero mi mamá le dijo a la mamá de Verónica: ¡Ay, pensar que con el tiempo hasta un cinturón de castidad te pondrías, con tal de que te
deje dormir! Entonces, ¿por qué una se quedaría clavada durante años en la misma cama, escuchando roncar, oliendo pedos, y encima rogando
que no te saquen el camisón que te compraste justamente para que te lo saquen? Además que entre los pedos y los ronquidos, una no puede dormir.
Yo voy a dormir sola, con o sin camisón. Pero casarme…

Un gran ronquido interrumpe a la adolescente. Se oyen crujidos, suspiros, roce de sábanas. Una voz de mujer en
la obscuridad.

La mujer
Date vuelta, estás roncand0