MUCHACHA DEL ALMA

de Jesús González-Dávila.

PERSONAJES:

CHACHA, una muchacha
SHARON, su amiga
CARLOS, su pianista
CHEMA, su amigo
VICENTE, su patrón
TAROLAS, su baterista
EL CHORO, su bajista

Interior de un restaurante-bar, en el centro de la ciudad. Algunas mesas pequeñas al centro, otras empotradas a la pared de la derecha, en cuyo extremo hay una puerta con cristales, por la que se puede ver hacia la calle. Al centro, al fondo, sobre una plataforma hay un piano, una batería y un micrófono de pedestal. A la izquierda, una puerta conduce a una oficina privada. Más allá una barra con bancos giratorios. Luego un pasillo que lleva hasta un minúsculo espacio utilizado como bodega e improvisado camerino. El mobiliario y la decoración en general muestran que no han sido renovados
en los últimos veinte años.

Primer cuadro.
Escena 1

Es media tarde. El interior del restaurante en penumbra. Por las ventanas se ve caer el aguacero. Dos jovencitas se detienen en la puerta, buscando protegerse de la lluvia.
CHACHA y SHARON empujan la puerta y entran.

CHACHA: Mira nada más, qué empapada.
SHARON: Y ni dónde meternos.
CHACHA: A ver, ¿dónde te pegaste?
SHARON: No fue nada, ni me dolió. (Se ríen). De repente se vino durísimo, y por poco me mato. (Se oyen truenos).
CHACHA: Uf. Qué salvada…
SHARON: Pues, ver llover será bonito, pero no cuando estás hecha una sopa. Mira qué pelos, y cómo traigo los zapatos.
CHACHA: En veinte minutos tengo que entrar a clases, ¿qué horas serán?
SHARON: Y ya ni acabé de platicarte.
CHACHA: Si ni has comenzado… Pero, no me digas que hoy es martes. Ya no sé ni qué. Tengo lógica. Exámen de lógica; y ni los apuntes he conseguido…
SHARON: ¿Como siempre?
CHACHA: Como siempre.
SHARON: Bueno, ¿y qué vas a hacer?
CHACHA: Pues nada. No me voy a presentar. (Se ríen).
SHARON: ¿Otra vez?
CHACHA: ¿Te fijas…? Parece que no hay nadie en el restaurante; yo creo que todavía no abren. (Alza la voz). ¿No hay servicio…?

Entre risas, van y se sientan.

SHARON: Necesito hablar con alguien, amiga. Y si no es contigo, ¿con quién? (La otra hojea sus libros). Ando bien nerviosa. Desde el ensayo de anoche. Estoy ensayando, ¿no te había dicho? (Sacan cigarros y los prenden. Lanzan grandes nubes de humo). Estamos ensayando desde el viernes pasado.
CHACHA: Allá por el rincón, parece que anda alguien. ¿Ya viste? Atrás del piano.
SHARON: Algún mesero. O será un músico.
CHACHA: Esto ha de ponerse de mucho ambiente.
SHARON: ¿Has venido de noche?
CHACHA: No, pero… ¿te imaginas? (Ríen bajito).
SHARON: Bueno, amiga. Vas a dejarme que te cuente, ¿o qué?
CHACHA: Si eres tú la que cambia el tema cada rato. (Ríe). A ver. (Intenta ponerse seria). ¿Qué pasó en tu ensayo? (Silencio). Estoy esperando que me cuentes.
SHARON: Ni atención me pones, ni nada.
CHACHA: Anoche… en el ensayo… ¿qué pasó?
SHARON: No, en el ensayo no fue. Más bien, después.
CHACHA: Oye, ¿qué horas serán?
SHARON: ¿No te digo?
CHACHA: Perdóname, pero… Quedé de verme con el Chema, y ya debe andar buscándome.
SHARON: Ay, amiga.
CHACHA: Me trae los apuntes para el examen, ya ni me acordaba. (Pausa). Maldita escuela, si vieras. Bueno, pero ¿qué me estabas diciendo?
SHARON: Que son las seis, pasadas…

Al fondo, sobre la plataforma, se enciende una luz. Tres jóvenes preparan y afinan sus instrumentos.

CHACHA: Quién trabajara en eso, ¿verdad? (Pausa). No ha de ser tan difícil, digo yo.
SHARON: El güero ése no deja de voltear para acá.
CHACHA: Si tomara clases de canto… en los fines de semana, cuando menos una o dos horas. (Transición). ¿Eh, cuál güero?
SHARON: Cuál ha de ser. El del piano.
SHARON: (Mira de reojo). Ah… ése.
SHARON: Nomás está mira y mira. (Pausa). ¿Ves? Ya se rió.
CHACHA: Cálmala, tú. Ha de ser contigo con quien quiere.
SHARON: Conmigo se topa con pared. Me chocan los güeros.
CHACHA: Ya volvió a apretar la lluvia. Y otro examen que se me va sin presentar. (Pausa). Aunque no lo creas, fallar así me deprime de veras, manis.
SHARON: No vayas a voltear, pero…
CHACHA: Pero qué.
SHARON: Ahí viene.
CHACHA: ¿Quién viene?
SHARON: El güero.
CHACHA: Será el mesero.
SHARON: O el encargado.
CHACHA: ¿Qué vas a pedir?
SHARON: No traigo ni un peso.
CHACHA: Mejor vámonos.
SHARON: ¿En plena tormenta?
CARLOS llega hasta la mesa.
CARLOS: Buenas. (Pausa). Este, todavía no hay servicio. Pero si quieren tomar algo.
SHARON: Estamos esperando que deje de llover. Gracias.
CARLOS: Pero, mientras.
SHARON: Gracias.
CARLOS: Cortesía de la casa.
SHARON: De veras. (Pausa). Gracias, no.
CARLOS: Entonces, alguna que les guste.
SHARON: ¿Alguna… qué?
CARLOS: Alguna canción. (Pausa). Vamos a empezar a tocar y… si hay algo que quieran oír…
SHARON: No… Mejor no.
CARLOS: ¿Por qué no?
SHARON: ¿Verdad, tú? (La otra hojea un libro). Luego no se la saben y… No, no queremos apenarlos.
CARLOS: Nosotros le hacemos a todo. (Pausa). Ustedes nomás piden y… ya. (Se ríen). ¿Y ahora, por qué tan enojadas?
SHARON: Pues… nomás.
CARLOS: Y aquí, la compañera…
SHARON: ¿Qué tiene la compañera?
CARLOS: No dice nada.
SHARON: ¿Oyes, tú? Te hablan, “compañera”.
CHACHA: (Sin dejar el libro). ¿Yo, qué…?
SHARON: Que si estás enojada. Como no hablas, dice. Que qué tienes.
CHACHA: Examen. Tengo un examen, y no para de llover.
CARLOS: Si quieren un paraguas… Este…
SHARON: Se te agradece, pero, como quiera, ya es re tarde.
CARLOS: Este, yo me llamo Carlos y… (Se sienta con ellas). ¿Por qué no se quedan…? No tocamos tan feo, ya verán. Este, ¿de veras no se toman algo? (Pausa). Estamos aquí de planta desde la semana pasada y… Tocamos de siete a doce. (Pausa). Bueno, este, ¿cómo se llaman ustedes?
SHARON: ¿A poco nos vas a dedicar una por el micrófono?
CARLOS: ¿Les gustaría? (Se ríen). ¿Entonces, qué…?
SHARON: Me llamo Sharon. Con “ese” y “hache”. Silbando… (Se ríe). Y tengo alma de gitana, te advierto. (Pausa). Ah, ella es la Chacha.

CARLOS: ¿La Chacha…?
SHARON: La Chacha.
CARLOS: Así le dirán.
CHACHA: (Lo mira a los ojos). Así me dicen; y así me gusta.

Se oye un redoble de tambor, allá atrás.

CARLOS: (Se levanta). Bueno, ¿qué pasó? ¿Cuál les tocamos?
SHARON: Diles una que te sepas, Chacha. Y de paso hasta la cantas.
CARLOS: Así que, le haces a la cantada.
CHACHA: Cómo serás, Sharona. ¿Qué me decías de los güeros?
SHARON: (Ríe). Que no todos son tan pedantes…
CARLOS: (A CHACHA). Tocamos algo suavecito y… ¿cantas?
SHARON: Pues qué te pasa, güerito. Échense algo bien ácido. Como de Manzanero, o algo así. Otro tamborazo, al fondo.
CHACHA: Mejor nos vamos, Sharona. Ya ni llueve tanto.
CARLOS: ¿Cuándo vienes otra vez?
CHACHA: No sé. (Pausa). A lo mejor el jueves, quién sabe.
CARLOS: En serio, ¿no me dices cómo te llamas?
CHACHA: Te están esperando tus cuates, órale.

CARLOS va al piano, con los otros. Empieza a tocar.

SHARON: Estaba pensando, amiga, que a lo mejor ni clases hubo en la Academia. Con todo lo que está pasando.
CHACHA: Ya ni me contaste lo de tu ensayo.
SHARON: De mi maestra; la de expresión corporal. Pero, mejor lo dejamos para otro día. (Pausa). Me llamaron para un grupito de baile. Bueno, ya te había dicho, ¿no? Pagan algo y eso alivia un poco la crisis de la renta. Pero es un trabajo horrendo. (Enciende otro cigarrillo. Aspira profundamente).
CHACHA: ¿Eso es lo que querías decirme…? Ay, amiga.
SHARON: De mi maestra; ella fue la que me recomendó. También supervisa los ensayos. (Pausa). Vieras qué personalidad. Bueno, qué expresividad. Una proyección increíble. (Pausa).
CHACHA: ¿Y…?
SHARON: Anoche, al salir, me invitó un café. (Pausa). Pero más bien fuimos a cenar.
CHACHA: ¿Y luego…? (Una pausa). Te la cantó.
SHARON: Vas a decir que soy una loca. Pero ella es tan centrada, y sabe mucho. Sabe tanto, si vieras. Es… una artista completa.
CHACHA: (Cómplice). ¿Y tú…? ¿Qué le dijiste, pues?
SHARON: (Extrañada). ¿De qué…?
CHACHA: Oh, ¿cómo de qué? Cuéntamelo todo.
SHARON: Cuál todo. No te entiendo, amiga.
CHACHA: (Brinca). Mira, ¿no te dije? Ahí va Chema. (Le hace señas por la ventana). Hey, Chema. Acá estoy. (A SHARON). No dejes de avisarme cuando te pongan departamento. (Ríe).
CHEMA llega de la calle con libros bajo el brazo. Saludos.
CHACHA: ¿Sabes que, Sharona? A la vuelta hay un cine, de los que dan programa doble.
SHARON: Ya sé.
CHACHA: Por qué no te metes un rato, a ver qué ves. Puede que se te despeje el cerebro.
SHARON: ¿Cómo crees? Tengo que ir a la Academia, y luego al ensayo.
CHACHA: Sí es cierto; se me olvidaba tu romance entre gitanos.
SHARON: ¿Ya ves cómo eres? Mejor ni te hubiera contado nada. (Al otro). Nos vemos, Chema.
SHARON se va. CHEMA deja sus cosas sobre la mesa y mastica las palabras.
CHEMA: Pin-che Cha-cha. Llevo dos horas dándole vueltas a la manzana.
CHACHA: Nada, qué. Si te vi que apenas ibas llegando. ¿Conseguiste los apuntes?
CHEMA: (Le da papeles). El de psicología es mañana. (Ella los revisa). También te traje el tocacintas. (Pausa). Y un obsequio. (Se lo da con disimulo). Es de la buena. Te va a encantar.
CHACHA: Pero tengo que estudiar.
CHEMA: Por eso. Una ayudadita a la concentración. Para ese temperamento disperso.
CHACHA: ¿De los otros, no traes? (CHEMA saca una cajetilla. Prenden). Oye, pero estas notas no vienen completas.
CHEMA: Mientras te esperaba, acabé de redondear la letra de una canción, ¿te la leo?
CHACHA: Me van a reprobar, Chema. Aquí no viene casi nada…
CHEMA: (Leyendo). El gas. En el gas de sodio, y el gas de mercurio. En el gas deneón y otros varios. Bajo el farol busco tu rastro. Y tú te fundes. Te me
confundes. Electrificada. Y las luces del semáforo insisten. Insisten y no cambian. (Pausa).
CHACHA: …qué horror.
CHEMA: (Alarmado). ¿Por qué…?
CHACHA: No contestaste ni la mitad del temario.
CHEMA: Ni me digas, que yo no lo escribí. Además, ahí es donde entra tu contribución… Oye, ¿no te dije que recibí carta de José Luis y Malena?
Ahora andan por allá por Chiapas. Que la pasan a toda… (Entusiasmado). Vámonos, pinche Chacha. Te invito.
CHACHA: (Concentrada en las hojas). ¿A dónde me invitas, tú…?
CHEMA: A la sierra, o a la playa. Total, un buen galán donde quiera se encuentra. Claro que, donde sea, sobrevivir es una bronca. Pero allá es más
romántico, cuando menos. Fornicar bajo las palmeras, espantando mosquitos, quitándote la arena de entre los dedos. (Pausa). Hay que salirnos
de aquí, pinche Chacha. A buscar la vrdad debajo de un árbol gigante, o al filo de un precipicio. Donde haya gente que todavía siembre lo que come.
¿Qué dices?
CHACHA: Que no. (Pausa). No cuentes conmigo.
CHEMA: Entre el humo y el cemento, los signos del apocalipsis están regados por todas partes.
CHACHA: Ya lo sé.
CHEMA: Cuando habras completamente tus sentidos, sólo entonces podrás interpretar las señales, que ahora crees comprender… pinche Chacha, todo
está tan podrido que… ¿No ves policías y granaderos por todas partes?
CHACHA: Tú lo que quieres es echar a correr.
CHEMA: Te propongo vivir todas las experiencias, ¿te da miedo?
CHACHA: Te conozco, manis. Cuando te llega la urgencia de abandonar la ciudad, es que alguien te supo algo.

Un silencio.

CHEMA: Pinche Chacha.
CHACHA: Pinche Chema.

Silencio.

CHEMA: ¿Ya no somos amigos?
CHACHA: Una vez me rechazaste, ¿ya se te olvidó? Porque a mí no.
CHEMA: Te rechacé por encimosa. (Un silencio). Pero no me cambies el tema. Vámonos a Chiapas. Total, de la prepa te corren antes de terminar el año.
Con tantas faltas y exámenes sin presentar.
CHACHA: Eso me estoy temiendo.
CHEMA: Entonces, ¿qué…?
CHACHA: Eso de la paz, la armonía de la naturaleza y… La verdad me aburren. Yo soy rata de ciudad, qué quieres. Me siento bien en este acelere. (Pausa). Además, quiero probar cosas. Puede que tenga talento para el teatro.

CHEMA: Sí, cómo no. Miren la artista. (Pausa). Si no eres más que una chava del montón. Ni siquiera tienes buena nalga, date cuenta.
CHACHA: Qué dañado estás, amigo… Con razón escribes tan estreñido. Mejor vete a tirarte debajo de una palmera y ponte hasta el gorro. (Le arroja los papeles). Y llévate este mugrero, no sirve ni lo necesito. (CHEMA recoge papeles del suelo). Según tú soy nada más una bruta que no sabe ni lo que quiere… Pinche Chema. Y dices que eres mi amigo.

El otro acomoda los papeles en la carpeta. Luego, se dirige a la salida.

CHEMA: ¿Te quedas…? (Silencio). Ahora estoy viviendo en un cuarto de azotea, en las calles de Culiacán. Cuando quieras, llégale por allá. (Silencio). Pinche Chacha…

Él sale. Ella se queda indecisa.

Segundo cuadro.

Escena I

En el camerino, de noche. Una luz amarillenta apenas ilumina el cuartucho. Desorden: cajas de cartón, cojines viejos, fragmentos de muebles. En la pared, un espejo manchado con algunos focos laterales. En el tocacintas se oye “Light my Fire”, de The Doors.

CARLOS y CHACHA bailan lentamente.

CARLOS: Tú sabes que no sería verdad. Tú sabes que sería un mentiroso. Si te dijera que no podemos estar más prendidos.
CHACHA: (Se separa). Me siento de la patada.
CARLOS: ¿Qué pasa, nena?
CHACHA: Es que. Ya te dije, Charli.
CARLOS: Sí, ya me dijiste.
CHACHA: Mejor otro día… Mañana, si quieres.
CARLOS: A ver. Mírame. Tócame. No tengas miedo. ¿De qué? (Pausa). Saliendo a la izquierda está el baño, si quieres.
CHACHA: (Va a ir, se regresa). No, no es eso. (Pausa). ¿Y si me recuesto un rato? (Lo hace. Se incorpora rápido). No, sale peor. Me mareo más. (Se levanta). Vas a decir que qué bruta, pero… (Transición). Te digo, Charli. Mejor me voy.
CARLOS: (Aparenta indiferencia). Bueno. Como tú quieras, nena.

CARLOS da unos tragos de la botella que saca de su chamarra. Ella permanece en la puerta, indecisa.

CHACHA: Charli.
CARLOS: (Sin verla). Sí, sí. Que te vaya bien.
CHACHA: Es que. (Un silencio). Charli, ya ni sé.
CARLOS: (Con ternura). Ven. (Pausa). Ven, te digo. (Ella se acerca). Hola, te amo. (La abraza, bailan). Hola, te amo; ¿no me dices tu nombre?
CHACHA: La risa que te ha de dar.
CARLOS: Y tu primer novio…
CHACHA: ¿Qué tiene?
CARLOS: ¿Cómo era; cómo se portaba contigo?
CHACHA: ¿El primero…? (Se separa). Bueno, qué quieres que te platique. Los pachecos no son tan cachondos, ¿o sí?
CARLOS: ¿Te gustan más los que chupan?

Ella va al espejo, enciende los focos laterales. Se recoge el pelo, adopta poses.

CHACHA: Es lo máximo trabajar en lo que más te gusta. (Pausa). Como tú.
CARLOS: Tocar el piano… mientras nadie te oye. Mientras se atragantan y se empedan. (Pausa). Es de la jodida.
CHACHA: (Al espejo). Cuando alguna visita llegaba a casa, yo corría a la recámara, me echaba encima algún trapo bonito; y aparecía luego tras una cortina, de sorpresa. (Pausa). Bailaba despacio y cantaba quedito. No sé cómo ni qué, pero cantaba.

CARLOS intenta besarla, ella lo evita.

CARLOS: Pero, cantabas. Te gustaba y cantabas.

CHACHA: Fue después, cuando le fui agarrando miedo a ciertas cosas. (Transición). Mi primer novio… ni cuenta. Fui yo la que se declaró y el malvado me rebotó, ¿tú crees? (Apaga los focos laterales. Pausa). Háblame tú de tu primera novia.
CARLOS: (Da otro trago). Lo quinto me lo quitó mi jefe. (Ella lo mira, incrédula. Él rié). Bueno, más bien arregló que una mujer lo hiciera. (Pausa). Mi padre tenía una refaccionaria, vivíamos por la colonia de los Doctores. (Pausa). Tenía yo como catorce. Pero mentalmente seguía yo siendo un niño. Me pasaba las tardes dándole teclazos al piano que nos dejó una tía. A cambio de un ajuste de motor, ¿tú crees? (Le acaricia las piernas). En la refaccionaria había una empleada. Una gorda. (Trata de separarle las rodillas). Bien cachonda; ya mayor, como de treinta años. (Ella le retira las manos. Se aleja). ¿Te estoy molestando…?
CHACHA: Este… También toco algo de guitarra.
CARLOS. La guitarra.
CHACHA: Sí. (Pausa). En la secundaria, a veces me hacían cantar. Pero era mala; desafinada con ganas. (Silencio). Así que, con esa gorda que dices.
CARLOS: Fue ahí mero; entre la caja registradora y el teléfono de pared; junto a la puerta de atrás. Sin más ni más, que la gorda me agarra la mano y que la mete entre sus piernas. Qué susto me di; pero ella como si nada. Claro que es un decir. Se restregaba y restregaba, hasta que tuve toda la mano
mojada. “Nos vaya a ver mi papá”, dije. Y ella: “ay, chiquito, él nos conoce en cueros mejor que nadie”. Y risa y risa, mientras se bajaba la
pantaleta y me bajaba el pantalón. (La acaricia, ella se retira). Entonces, vi por la ventana a mi padre, haciéndose güey con un carburador, mirando de
reojo hacia nosotros. (Pausa). De seguro mi jefe le pidió a la gorda que me quitara lo virgen. Como me veía sin chamaca por entonces, pues se ha de
haber preocupado, ¿no? (Insiste en separarle las rodillas). Tranquila, mi nena. ¿No te prometí ser cuidadoso…?
CHACHA: (Luego de un silencio). Y, ¿si apagas el foco?

CARLOS hace un gesto de impaciencia. Se levanta y apaga la luz. Ahora sólo se ven siluetas.

CHACHA: Los cortocircuitos me dan miedo. Como en aquella película, que la muchacha tan bonita termina electrocutada, colgando de aquellos cables
de alta tensión. De puros negros, en Brasil. ¿La viste…? (El otro casi está encima de ella). Charli, me lastimas. (CARLOS se retira. Un silencio). ¿Te
enojaste?

CARLOS: Cada vez que te toco, mira cómo te pones. ¿No quieres? (Pausa). Si no te excito, pues dímelo.

Un silencio.

CHACHA: Charli. (Pausa). Un día me presentas a tu papá.
CARLOS: Va a estar difícil, mi nena. A mi jefe se le paró el corazón. Bueno, así pusieron en el acta. La verdad, murió desangrado. (Pausa). Yo estaba con la gorda cuando entraron al patio tres tipos. No, eran nomás dos. El otro se quedó afuera, en el carro, un Galaxie. Le dieron a mi jefe duro y macizo.
Con un fierro oxidado le rebanaron por debajo de la oreja.
CHACHA: (Apenada). Pero, ¿por qué…?
CARLOS: Eso sí me dolió. Me jodió bien adentro.

Un silencio. Las siluetas se juntan.

CHACHA: Qué calientita tienes la piel.
CARLOS: Hola… ¿qué estás haciendo?

CHACHA: Te desabrocho aquí, para besarte acá… ¿No se vale? (Pausa). Qué lisita  tienes la espalda. (Pausa). Qué rico hueles.
CARLOS: Hola, te amo.
CHACHA: Tengo frío, Charli…

Las siluetas bailan, abrazadas.

CARLOS: Hola… (Pausa). ¿Nunca me vas a decir cómo te llamas?

Escena II

Por la mañana. En la tarima de los músicos, TAROLAS y el CHORO toman cerveza.

CARLOS: (Entra de la calle). Sí, ya lo sé. Me colgué, ni me digan. Pero antes de ensayar, déjenme decirles. (Se da cuenta que lo miran con disgusto). Bueno, ¿y esas caras? Me imagino lo que estaban diciendo, pero… Están mal. Eso es responsabilidad mal entendida. Ya, van a dejarme hablar. ¿o qué? (Los otros lo miran inmutables). Se trata de la nena que anda conmigo. La que le gusta trovar, ¿se acuerdan?
CHORO: Una desafinada con voz de pito.
CARLOS: Bueno, sin sarcasmos ni fregaderas.
TAROLAS: ¿Y qué con eso?
CARLOS: Nada. Que de repente se me aceleró y… tronó con la escuela, con su casa y, ya saben. Todo lo demás.

Silencio.

TAROLAS: ¿Y luego…?
CARLOS: Resulta que esta nena tiene que ganarse una feria, ¿no? Y la verdad, no canta tan mal. (Pausa). Le hablé de la gira que conseguimos y… Al grupo le viene bien una vocalista.

Un silencio.

TAROLAS: Así estamos bien.
CARLOS: Quién quita y hasta le descubrimos talento.
CHORO: Újule.
CARLOS: Sí, talento.
CHORO: Eso va a estar de pelos.
CARLOS: Miren. Si la ven muy muy bruta, pues ahí muere. (Pausa). Ella trae entusiasmo; muchas ganas de jalar. Y sobre todo, no está maleada. (Pausa). Bueno, ¿qué dicen?
CHORO: Que cualquier vieja está maleada. ¿A poco no?
CARLOS: Pues, qué güey si piensas eso. ¿Y tú, Tarolas?
TAROLAS: Yo digo que la chamba y la nalga no se deben revolver.
CARLOS: Uta, ¿qué no ven…? El grupo somos los tres. El sonido lo hacemos nosotros. La voz es lo de menos. Un adorna y ya. (Pausa). Entonces, ¿qué?
¿Le digo que venga? (Pausa). Órale, nena… vente para acá. (Ella en la puerta). Mira, este par de asnos tienen orejas cortas, pero van a tener que reconocer el talento. Ándale, nena, pásale por acá. (Ella se acerca).
TAROLAS: (Sin mirarla). Y qué, ¿sabes algo de música? O nomás ahí de espontánea. ¿Qué te gusta cantar?
CHACHA: (Junto a la tarima). Pues, baladas y cosas así. Pero puedo aprender.
CARLOS: Mira, nena. El que lleva el mando es el teclado, ¿correcto? Y el teclado lo manejo yo. Así que tu atención conmigo, ¿entendido?

Los otros provocan un ruido estridente con sus instrumentos.

CHACHA: ¿Sabes qué, Charli? Mejor no; mejor yo paso.
CARLOS: (Ríe). No te fijes, nena. Así son estos en todo. Inseguros, envidiosos y mediocres. (Pausa). Vamos a darle. Ustedes ahí…
CHACHA: Creo que… sí la he oído.
TAROLAS: Pero no te la sabes.
CARLOS: Chale, Tarolas. (A ella). A ver, canta algo. Tú sola. Lo que te sepas.
CHACHA: ¿Cómo…? ¿Así nada más…? ¿Yo sola?
CARLOS: Sí. Sí. Para ligarte el tono. A ver, dale.

Ella canta a capela, se desafina. Vuelve a comenzar. Se equivoca de nuevo. Tarolas golpea su tambor con impaciencia. Ella se sobresalta. Quiere llorar pero logra dominarse. Los otros lo notan.
CARLOS: A ver. Otra vez, dale… Pero no te pongas así, hija. Si sientes que la riegas, no te detengas. Tú síguele.

Ella comienza otra vez, con más seguridad. Ahora los instrumentos entran a fondo.

CARLOS canta en segunda voz, apoyándola. Ella toma confianza y canta más fuerte. Pero se equivoca de nuevo. Un rato después. Interpretan la misma canción, pero con ritmo más brillante. Al cantar, CARLOS y CHACHA se acoplan mejor. Más tarde. La canción es la misma, pero ahora la interpretan con más soltura, más aplomo. La CHACHA canta sola ante el micrófono de pedestal. Sonríe y juega con la canción y con
un público que no se ve. La canción remata. Se oyen aplausos que ella agradece.

Tercer cuadro.

Escena I

Por la noche. En la oficina privada, VICENTE habla por teléfono. Afuera se oye tocar al grupo. Aplausos aislados. Tocan a la puerta.

CHACHA: (Desde afuera). ¿Se puede…?
VICENTE: Está abierto.
CHACHA: (Asoma su cara). Soy yo, don Vicente.
VICENTE: Sí, sí. Entra.
CHACHA: (Entrando). Me dijeron que…
VICENTE: (Al teléfono). Cuenta con eso, dando y dando. Lo de siempre, ya sabes. Claro que de primera. Ándale. (Cuelga. Al mirar a la muchacha su expresión cambia, se suaviza). Buenas…
CHACHA: Buenas noches.

Un silencio.

VICENTE: Pásale. Cierra la puerta.
CHACHA. Es que. Quisiera cambiarme, don Vicente. ¿Puedo ir y volver?
VICENTE: Como quieras, muchachita, pero… (Se levanta). Así te ves bien.
CHACHA: Me siento incómoda con esta ropa. No me tardo, ahorita vengo. (Va a salir).
VICENTE: Hay buenas noticias.
CHACHA: ¿Sí, don Vicente? ¿Y ahora, de qué?
VICENTE: Hablaremos cuando regreses.
CHACHA: No, cómo cree, don Vicente. Ahora no me voy. Dígame de qué se trata.
(Cierra la puerta).
VICENTE: Vamos a tener que ir a celebrar.
CHACHA: Don Vicente, dígame de una vez.
VICENTE: Se trata de Briones y Salazar. (Pausa). Consiguieron la autorización.
CHACHA: (Agradablemente sorprendida). ¿De veras…?
VICENTE: De veras. Sólo es cuestión de que selecciones tu material, y de que les grabes una cinta para que…
CHACHA: (Interrumpe). Qué padre, don Vicente. Los muchachos no van a dar crédito. En la gira no nos fue muy bien, pero ahora… Gracias, don Vicente.
VICENTE: Pero ya no me digas más “don Vicente”, “don Vicente”.
CHACHA: Con el gusto que tengo. (Le da un beso tronado). Voy a decirte Chente, y a hablarte de tú, y a… lo que quieras. (Lo besa otra vez). Ahora sólo falta que les guste mi voz a los de la grabadora.
VICENTE: Ya verás, muchachita. Verás que eres mejor de lo que crees. (Transición). Pero, esto de la grabación… no incluye a los otros.
CHACHA: Cómo no.
VICENTE: El plan de Briones es lanzarte como solista.
CHACHA: Pero eso se puede arreglar.
VICENTE: Se llevó tus fotos, no las del grupo; acuérdate.
CHACHA: Como quiera, don… Chente. (Pausa). Ellos…
VICENTE: Charli sabe de estas cosas. Te va a apoyar.
CHACHA: O al revés. (Pausa). Sin el grupo, quién sabe.
VICENTE: Briones tiene buen ojo. (Pausa). Si se fijó en ti, por algo será. (Pausa). ¿No me crees?
CHACHA: La verdad, aquí sólo vienen ratas y cucarachas. Si Briones es tan importante, ¿qué anda haciendo en changarros como éste?
VICENTE: (Ríe de buena gana). Bueno, bueno. (Pausa). Pero, a ver: ¿qué clase de cucaracha eres tú?
CHACHA: (Sonríe). Como dice la canción: “mi vida comenzó cuando llegaste tú”.

Un silencio.

VICENTE: Hablaré con los muchachos.
CHACHA: No, no. Déjame a mí. Yo veré cómo.
VICENTE: Te espero en… ¿media hora?
CHACHA: Todavía falta la segunda cantada.
VICENTE: Déjalos, que toquen solos.
CHACHA: (Abre la puerta). ¿Es una orden del patrón…?
VICENTE: Y no se te olvide…
CHACHA: Que el patrón eres tú.
VICENTE: Que eres mejor, mejor de lo que te han dejado creer.
CHACHA: ¿Será?

Ella sale del privado. El teléfono suena sobre el pequeño escritorio.

Escena II

TAROLAS y el CHORO, en la barra. Al pasar la CHACHA, la detienen.

CHORO: (Cerveza en mano). Hola, estrellita marinera… Siéntate.
CHACHA: No. Voy a cambiarme.
CHORO: Falta la segunda tanda.
CHACHA: Ustedes me cubren, ¿no?
CHORO: ¿A cuenta de qué?
CHACHA: Tengo un compromisote.
CHORO: ¿Qué te pasa, calabaza? Avisa al patrón siquiera.
CHACHA: Vamos a ver unas personas.
CHORO: Uy, no te desanimes, estrellita. El patrón agarra parejo.
CHACHA: Pues a lo mejor te hace el favor a ti primero.
TAROLAS: (Interviene). Bueno, bueno. Ya estuvo bueno.
CHACHA: ¿Bueno, de qué?
CHORO: De que te la creas tanto, estrellita.
TAROLAS: No es la primera vez que nos dejas solos a la mitad de la tocada; van muchas. Llegas a la hora que quieres, te avientas dos o tres canciones y te vas. Así, nada más.
CHACHA: Mira, no ando como para consecuentar dramas.
TAROLAS: Somos un grupo. Se te olvida.
CHORO: ¿No que cantar con nosotros era tu sueño imposible?
TAROLAS: Necesitamos nuevo repertorio , pero a ti… te vale.
CHORO: ¿Desde cuándo no vienes a ensayar, a ver?
TAROLAS: Y lo peor es que ni se te puede hablar.
CHORO: Porque ni oyes. Nomás te enchilas y ya.
CHACHA: Bueno, ya. Déjenme… déjenme decirles una cosa, que menos les va a gustar.
TAROLAS: Si lo que quieres es justificarte…
CHORO: No vas a poder. No vas a poder, ¿eh?
CHACHA: ¿Justificarme…? ¿Por qué o de qué? (Pausa). Son ustedes los que chafean de a…
TAROLAS: ¿Todo por qué? ¿Porque te pedimos un poco de profesionalismo? (Transición). Lo que quiero decirte, Chacha, en buen plan, es que ya párenle. Las broncas entre tú y el Charli nos están partiendo.
CHACHA: Pues, ¿saben qué? (Se atraganta). Mejor aquí le paramos. (Los otros le cierran el paso).
TAROLAS: Hoy tampoco vino a tocar, ¿no viste?
CHORO: Lleva ya varios días… sin dejar que la cruda lo alcance.
TAROLAS: Entre los dos van a tronar al grupo.
CHACHA: A ver… ¿y cuando te echas tus tragos, quién te reclama?
TAROLAS: Pero yo nunca falto por eso.
CHACHA: ¿Y este otro? ¿Cuándo viene hasta atrás, por tanta pasta que se ataca? ¿Quién dice nada?
TAROLAS: El Choro es un magnífico elemento.
CHACHA: En cambio yo soy una pendeja, ¿verdad? (Transición). Miren, si piensan que los perjudico, vayan buscándose otra menos conflictiva.
CHORO: Ay, sí. No mamenaces, estrellita marinera.
TAROLAS: (Grita). Se trata de llegar a una acuerdo.

Silencio.

CHACHA: Ahí me avisan lo que decidan. Ya se me hizo rete tarde. (Sale rápidamente).
TAROLAS: Y lo peor es que no se les puede ni hablar.
CHORO: Nomás se enchilan, y ya.

Escena III

En el camerino. La CHACHA se cambia de ropa. De pronto, descubre a CARLOS en un rincón.

CHACHA: Ah, eres tú. Me asustaste. (Continúa cambiándose).
CARLOS: (Grave). Y quién iba a ser.
CHACHA: Pues nadie. Pensé que estaba sola. (Pausa). El Tarolas anda preocupado. Como llevas varios días sin aparecerte.
CARLOS: ¿Y tú?
CHACHA: ¿Yo, qué…?
CARLOS: ¿Me extrañas?
CHACHA: Sí, como no. Cuando no vienes hay menos dificultades.
CARLOS: ¿Has visto los periódicos? ¿Sabes lo que pasa allá afuera?
CHACHA: Claro, quién no. Pero acá adentro también hay broncas. (Pausa). ¿Dónde has andado?
CARLOS: Por ahí. En las calles, en los parques. Durmiendo en las escuelas ydespertando bajo banderas de huelga. Oyendo hablar a los estudiantes de
un montón de cosas que (pausa) nunca imaginé que pasaran en mi ciudad.
CHACHA: Apenas puedes sostenerte en pie. ¿Por qué no te duermes un rato?
CARLOS: Y… ¿a dónde vas tú?
CHACHA: Los muchachos quieren hablar contigo. Sobre la disolución del grupo, parece.
CARLOS: Déjalos, que se desahoguen. Ya se les pasará. ¿Dónde vas, dices?
CHACHA: (Lo lleva hasta el sillón). Mañana platicamos, ¿está bien? (Se retoca ante el espejo).
CARLOS: Hoy desperté en la banqueta de una colonia desconocida; absolutamente desconocida. Qué horrible cosa. Me despertó el sol de la una en plena
cara. Al levantarme me apoyé en una pared descascarada, y pensé en ti. Te imaginé descascarada, electrocutada. (Pausa). Y pensé en mi padre, en su
sangre. Pensé también en esos chavos que se arriesgan a morir en las calles; pero su pedo es otro, muy otro. (Pausa). Y me sentí jodido. Tan
profundamente jodido, que grité: “Estoy jodido…” Y grité más y más; hasta que acabé chillando, tirado en la banqueta, bajo el rayo del sol, solo
y jodido.
CHACHA: (Sin mirarlo). ¿Por qué no vas con el Tarolas…? Platícale tus aventuras. Ando rete apurada.
CARLOS: (Trata de ir a ella, se tropieza, está apunto de caer). Mi nena… no sé que me pasa.
CHACHA: Estás alcoholizado, ¿no ves?
CARLOS: Jodido, nena. ¿No te digo? Lo que siento por ti, me jode. Sí. Y tocar el piano me acaba de joder totalmente. Sí. Esta mañana me di cuenta. Lo que más quiero, es lo que más me pudre. (Golpea la pared con desesperación).
CHACHA: Ese drama me lo sé de memoria.
CARLOS: (Con sonrisa triste). Porque no me quieres, mi nena. En el fondo ni me quieres. (Se acerca). ¿O… dirías que sí me quieres? ¿Por vida de quién? (La sujeta). ¿Te importo siquiera un poco? (La sacude con fuerza. Ella se suelta, se golpea contra el espejo). Mi nena… no. Mi muchacha del alma. No quise, derecho no quise, jamás tener que, molestarte con mis… (Trata de llevarla al sillón). Quédate ahora, quédate conmigo.
CHACHA: (Fría). Déjame pasar.
CARLOS: No quise lastimarte. A ver tu brazo.
CHACHA: No tengo nada.
CARLOS: ¿Te duele…? Déjame ver.
CHACHA: Te digo que no es nada; ¿no oíste?
CARLOS: Te pegaste por mi culpa. Soy un animal.
CHACHA: (Explota). Charli, voy a salir.
CARLOS: Espérate, estamos hablando.
CHACHA: Yo no estoy hablando. No quiero hablar.
CARLOS: ¿Por qué? ¿A dónde vas? (Tira de su brazo).
CHACHA: Mira, suéltame Charli.
CARLOS: Primero me contestas.
CHACHA: (Se suelta). Me chocas cuando te pones así.
CARLOS: (La hace retroceder). ¿Cómo me pongo, eh? ¿Cómo me pongo?
CHACHA: Mal, mi vida. (Pausa). Te pones muy mal.
CARLOS: (Exasperado). Pues hazme caso.
CHACHA: Y ahora, ¿por qué?
CARLOS: Porque gracias a mí… (transición) porque yo te… necesito. (Una pausa).
CHACHA: Ya me cansé de ser nomás la nalguita del show. Yo, yo también me siento mal, tú qué crees. También siento que no soy nada.
CARLOS: (Con ternura). ¿De veras…? ¿Tú también sientes que, has pensado que…? (La abraza suave). No, mi nena. No vayas a llorar. Ven. (Bailan abrazados. Tararea). Hola, te amo. ¿No me dices tu nombre? (Pierde el equilibrio, ríe tontamente).
CHACHA: No seré una lumbrera, Charli. Pero tengo que ver lo que puedo hacer por mi cuenta.
CARLOS: Pensé que te gustaba. Que estabas contenta.
CHACHA: ¿Me vas a dejar salir?
CARLOS: (Le cierra el paso). Dejaste de disfrutarlo conmigo.
CHACHA: Charli, no es eso.
CARLOS: Es que me ves jodido.
CHACHA: Charli, no inventes.
CARLOS: Sí. Porque me ves jodido.
CHACHA: No seas estúpido. (Va y viene por el cuarto). He recibido ofertas de otros lugares. No te rías, güey. Tú sabes que es cierto. Y las he rechazado, ¿no? Las he dejado pasar por seguir contigo. Por no ser ingrata, Charli (su voz se quiebra)… y porque te he querido un chingo.
CARLOS: Entonces, no hay problema.
CHACHA: (Se recupera). Tengo que ver por mi misma.

Un silencio.

CARLOS: Así que me mandas al carajo… Qué cabrona.

Silencio.

CHACHA: Voy a ver lo que puedo hacer, sin sentir que me tienes en chinga a todas horas. (Pausa). Voy a cantar yo sola.

CARLOS la abraza con fuerza, la besa. Ella cede a sus caricias, responde a sus besos. Sus cuerpos se estrechan, con angustia. De repente CARLOS la separa y la arroja violentamente contra la puerta.

CARLOS: Órale. Vete, vete.

La empuja hacia la puerta, la echa fuera y cierra la puerta. LA CHACHA grita desde el otro lado.

CHACHA: Estúpido. Borracho estúpido. Ojalá te mueras.

CARLOS da golpes contra todo. Arroja cojines y ropa por el aire, patea muebles, hasta que sobre él se hace oscuro.

Cuarto Cuadro

Escena I

La CHACHA se desplaza entre las mesas vacías. Una luz se recorta sobre ella y la sigue donde vaya. El resto de la escena está en penumbra.

CHACHA: Bueno, ¿y ustedes, qué? (Pausa). ¿Qué me miran? ¿Tengo monos en lacara, o qué? (Pausa). A poco esperan que me pare ante el micrófono y me ponga a cantar para ustedes con mucha entrega, con todo cariño. (Pausa).Ah, que. Déjenme decirles una cosa: me importan un pito. Y también me
importa madre ese palmoteo sin ganas, tan por no dejar, que me conceden muy correctos y benévolos desde allá, desde la trinchera segura de sus
mesas. (Pausa). Cómo me angustiaban antes esos aplausos en cámara lenta. Será que mi estilo no acaba de cuajar, o será que no gusto; pensaba. Tal
vez debería mejor hacer teatro, alguna otra cosa donde se aprecie el talento y no necesite tanta disciplina, ¿eh? (Silencio). Cuando los miro ahí,
acomodados y quietecitos, me pregunto por qué carajos sigo aquí, cuando ni siquiera se dan por enterados. Y mientras comen, beben, discuten; yo
me deslizo, me desplazo, me intercalo, me atravieso. Y los interrumpo, lesestorbo, los distraigo. Y me veo metida en el ajo, sin salida digna, y me
digo: qué es lo que sogo haciendo aquí.

Entra SHARON de la calle.

SHARON: ¿Qué pasó, amiga? ¿No trabajaron hoy?
CHACHA: Dijeron que pasaría una manifestación por esta calle, y don Chente prefirió cerrar hasta mañana.
SHARON: ¿A poco estabas llorando?

Un silencio.

CHACHA: Ahora sí, Sharona. Mandé al carajo al Charli, ahora sí. No quiero volver a verlo. (Su voz se quiebra). Tú eres la única amiga que tengo.
SHARON: Tranquila. Puedes llegarle a mi departamento el tiempo que quieras.
CHACHA: (Con gratitud). ¿Seguro… seguro que no te molesto?
SHARON: Tú qué crees.
CHACHA: ¿No estás viviendo con nadie?
SHARON: Órale. Recoge tus chivas.
CHACHA: Tengo miedo. (Pausa). No sé ni de qué.
SHARON: Ándale, suénate la nariz y vamos a echarnos unos tragos, ¿no? Te espero en la puerta.

SHARON desaparece en la penumbra.

CHACHA: Mi amiga gitana.

En la barra, en uno de los bancos giratorios, CHEMA se da vueltas y vueltas.

CHACHA: ¿Sigues escribiendo, manis? (Pausa). Ya no has venido a leerme tus cosas.
CHEMA: ¿Para qué? (Se da una vuelta). Tú no eres la misma. (Se da otra vuelta). Desde que dejaste de ir a clases, eres otra.
CHACHA: No me digas que tú vas todavía. Hay huelga, ¿qué no?
CHEMA: Por lo mismo. El compromiso es mayor. (Pausa). Entre los gases y los macanazos, la bronca está de a peso. Y en las calles… peor.

Un silencio.

CHACHA: (Se aleja). No lo han visto ni sus amigos. Nadie sabe de él.
CHEMA: (La sigue). Como si no lo conocieras. Se habrá largado con alguna gringa al reventón en San Francisco. ¿No se te hace? Entre el incienso, vino tinto y flores en el pelo; imagínatelo a estas alturas…
CHACHA: Pinche Chema.
CHEMA: Déjame que te cuente de José Luis y Malena. Dicen que se establecieron de fijo en un pueblo, cerca de Tapachula.
CHACHA: Te escribieron.
CHEMA: José Luis estuvo aquí para una exposición de sus pinturas y pues… Nos vimos como en los viejos tiempos.
CHACHA: Maldito. No se te va uno vivo.
CHEMA: (Vuelve al asiento giratorio). Olvídate de ese pinche pianista… Una vida nueva nos espera en Tapachula, Chiapas. (Se dan vueltas vertiginosamente. Se borra).

La muchacha se acerca a la tarima, al piano.

CHACHA: Me lleva la… (grita). Don Chente. ¿En qué estás? ¿No dijiste que se iban a llevar ese piano a no se dónde? (Pausa). Esto es un desbarajuste; un
reverendo desmadre. Y mira nada más. ¿Viste cómo quedó la ropa? Infame… Te dije que el tipo ers un farsante. Nada más que venga verás
cómo lo pongo. No tiene nada que ver con los bocetos que nos enseñaron, ¿o sí? Don Chente. ¿Sigues pegado al teléfono? (Transición). No veo claro,
no veo nada claro. Se habló de cambiarlo todo. Nueva decoración y un sonido chingón. Hasta una marquesina de neón iban a poner en la fachada.
Ya mero es el debut y… Chin, aquí debían estar las pistas para el ensayo, pero han de haber confundido los carretes. Pinche grabadora. (Alza la voz, de
nuevo). Ya, Don Chente. Te vas a volver teléfono, cabrón. (Toma un lienzo de franela negro y cubre el piano con él). Si no se llevan esto, si no lo sacan de aquí pronto… te juro que lo voy a tronar a puros hachazos. La muchacha se apoya en el piano. Se cubre la cara con las manos. Solloza. VICENTE
se acerca, suavemente. Ella levanta la cara y lo mira. ¿…Nada?
VICENTE: No.
CHACHA: ¿No has averiguado nada?
VICENTE: Qué quieres, la ciudad está desquiciada…
CHACHA: Y tus influencias.
VICENTE: Bah.
CHACHA: ¿Y tus amigos?
VICENTE: No es tan sencillo.
CHACHA: Ese licenciado de San Luis, con el que tanto hablas.
VICENTE: Está ocupadísimo, ¿cómo quieres…?
CHACHA: Y el otro licenciado, el gordo aquel, para el que trabajaste un tiempo. Te debe favores, ¿no?
VICENTE: No, no puedo molestarlo. Y menos ahora.
CHACHA: Alguien tienes que conocer. Alguie que pueda… investigar, revisar las listas de detenidos.
VICENTE: ¿Estás loca? (Transición). Ha de estar metido por ahí, tragando alcohol; ya saldrá.
CHACHA: Tengo que saber de él, como sea. ¿Me oyes?
VICENTE: Óyeme tú. (Pausa). Sácate de la cabeza al borracho ese.
CHACHA: No jodas.

Silencio.

VICENTE: A veces… debo parecerte un viejo autoritario… y feo. Pero sólo pienso en tu bien. (La abraza).
CHACHA: A veces, te veo cara de licenciado, y me da miedo.
VICENTE: Muchachita. (La besa, suave. Suena el teléfono). Ven, acompáñame.
VICENTE entra al privado. La muchacha se vuelve y descubre a SHARON sobre la tarima realizando en silencio una rutina de danza. Cuando siente que la otra la observa, se detiene.
SHARON: … yo me negué y le dije: “Vaya a quejarse con el gerente. Si quiere”. (Pausa). Así que vino el gerente, y yo en la necia: “Estoy aquí como
bailarina, pero nada más”. (Pausa). Y cuando llegué al club hace rato, ya tenía a otra bailando en mi lugar.

Silencio.

CHACHA: Don Chente quiere meter baile en la nueva variedad. Trabajaríamos juntas, ¿qué dices? (SHARON niega con la cabeza). Entonces…?
SHARON: No quisiera ni platicarlo, luego no se hace, pero… Mariana me anda ayudando con una beca; en una academia de danza de Los Ángeles. ¿Te
imaginas…?
CHACHA: (Escéptica). Me imagino.
SHARON: Deja atrás toda esta porquería y mediocridad. Abrir las alas, como dice Mariana.
CHACHA: Mariana.
SHARON: Aquella maestra, ya sabes. La de expresión corporal.
CHACHA: ¿Y en qué paró todo aquello?
SHARON: Pues, en nada.
CHACHA: Pero la sigues viendo.
SHARON: Prefirió que todo quedara en algo informal. Y yo entendí. (Pausa). Una noche de locura de vez en cuando es preferible. Conservas tu
independencia y todo. Primero está la carrera; lo demás va y viene. Va y viene, ¿a poco no? (Sonríe forzada, continúa danzando y sale fuera del área de luz).

Un silencio.

CHACHA: Aunque sea una bruta; yo te aprecio, gitana.
CHEMA, desde una mesa donde está sentado, liando un cigarrillo.
CHEMA: No sabes lo que dices. No sabes nada.
CHACHA: (Sin voltear a verlo). No me digas.
CHEMA: Un disco no son enchiladas.
CHACHA: Quien quita y se pueda musicalizar alguno de tus textos.
CHEMA: Se necesita un dineral para eso.
CHACHA: Se te pagará bien.
CHEMA: Y con quién voy a tener que acostarme.
CHACHA: Quiero que mis cuates estén dentro del proyecto, y tú eres el número uno. Como a los quince años en el camellón. Mi chavo del alma.
CHEMA: No… Lo que escribo no es comercial.
CHACHA: No te adornes, cuatito.
CHEMA: Yo soy muy… subterráneo; muy como Jim Morrison.
CHACHA: Tú hazme caso y tráeme ese material.
CHEMA: Pinche Chacha. Las escuelas, los sindicatos, las familias. Todo mundo en chinga allá afuera; y tú aquí, juntando canciones para un disco.
CHACHA: Bájale, Chema.
CHEMA: Qué pasó, Chacha. No eres tú.
CHACHA: Entonces… ¿qué?
CHEMA: No sé. No me prende. (Una pausa). ¿Quieres un toque?
CHACHA: (Sin dejar de darle la espalda). Pin-che-Che-ma.

La muchacha se dirige al camerino. CHEMA se queda fumando en la mesa. En el camerino está SHARON, inmóvil,en postura de meditación.

SHARON: (Mantiene sus ojos cerrados). Todo está en la mente, amiga. (Pausa). Aunque te ataques de la risa. Puedo dejar mi cuerpo a voluntad. Puedo estar allá arriba y desde el techo mirarnos a las dos.
CHACHA: No es risa, te lo juro. Es que me gana la tos.
SHARON: (Sin oírla). Me deslizo, me deslizo como en otra dimensión; donde todo se percibe… ¿cómo te diré?
CHACHA: Cómo me dirás…
SHARON: Los cuerpos, las emociones, la realidad entera… Has de cuenta que te asomas por una rendija sin ser vista, y espías. ¿Me entiendes?
CHACHA: No, no siempre.
SHARON: Pero, ¿sabes qué se consigue…? (Pausa). ¿Sabes lo único que se gana?

Un silencio.

SHARON: Únicamente, lo poco que te puedas robar. Como un ladrón que se mete por la ventana. Lo que puedas arrebatarle a otra persona, en un descuido, en un momento de soledad.
CHACHA: ¿También tú te vas a poner melancólica…? A ver, mejor échame las cartas otra vez.
CHEMA asoma la cabeza.
CHEMA: Déjame a mí adivinarte el futuro… Déjame hablarte del éxito que viene pisándote los talones. Ven.

La muchacha sale del camerino y camina con CHEMA por el pasillo. Su expresión es sombría.

CHEMA: Y del pianista ni sus luces, ¿eh?
CHACHA: Tengo miedo, manis.
CHEMA: El ejército y la policía están agarrando parejo. Y si te miran cara de estudiante, júralo que no tienes escapatoria.
CHACHA: Lo bueno es que tú no pareces estudiante.
CHEMA: (La mira). Pin-che-Cha-cha.
CHACHA: Pues deja de alucinar que estamos en plena guerra civil.
CHEMA: Haz de cuenta.
CHACHA: ¿Te cae?
CHEMA: Ayer, sin ir más lejos, me topé con los compañeros que iban a una concentración.
CHACHA: Y te fuiste con ellos, de caliente.
CHEMA: Íbamos echando relajo, ya sabes. Gritando contra la represión, contra el mismo presidente. Pero al llegar a una esquina…
CHACHA: Los granaderos.
CHEMA: ¿Cómo supiste? (Pausa). La risa se me acalambró cuando apareció un batallón de policía antimotines. Debieron ser como treinta, pero a mí me
parecieron mil.
CHACHA: Porque en el fondo eres culebra, no lo niegues.
CHEMA: Entre gritos y zumbidos de sirenas, me eché a correr por una calle lateral a la manifestación. Hasta meterme en un zaguán. Y sin parar subí varios pisos; mientras oía retumbar tras de mí un horrible taconeo de botas. (Pierde el aliento. Se rcupera). Me quedé hecho nudo en un rincón; en un
descanso de la escalera. Sin respirar casi. Queriendo desaparecer en lo oscuro. Quién sabe por cuánto tiempo. Hasta que me quedé dormido.

Un silencio.

CHACHA: (Incrédula). Pinche Chema.
CHEMA: (Juguetón). Pinche Chacha. Están frente a la puerta del privado. La muchacha abre y entra cuando VICENTE cuelga el teléfono. Ella cierra la puerta tras de sí.
CHACHA: Pues, Briones dice que será un lanzamiento espectacular; y que la revelación y las hilachas, pero…
VICENTE: Pero, qué.
CHACHA: Pinche tugurio de mala muerte.
VICENTE: Aunque no locreas, tuvo su categoría en un tiempo; estuvo muy de moda, como el Afro o el Astoria. ¿No te había dicho?
CHACHA: Aquí nomás las ratas y las cucarachas.
VICENTE: (La abraza). Yo voy a curarte ese pesimismo. (La besa). Mi cucarachaconsentida; mi favorita…
CHACHA: ¿De veras…? ¿A pesar de ser tan bryta? ¿Aunque nunca me pasen cosas impotantes?
VICENTE: Un día vas a brillar, ya verás. Como una verdadera estrella.
CHACHA. ¿Y si no doy el ancho?
VICENTE: Tú échale ganas y no te apures.
CHACHA: ¿Y si no doy el ancho…?
VICENTE: (Con ternura). Mi muchacha… cucaracha. (Pausa). En cuanto ponga en orden estos documentos, nos vamos.
CHACHA: Sí. (Pausa). No te tardes.

La muchacha llega hasta la barra, se sirve un vaso de ron. Lo vacía de un trago largo. Luego va a la ventana. Mira al exterior a través de los cristales.

CHACHA: A veces que miro al espejo, si me fijo bien, me parece distinguir en lo más profundo del iris, un brillo, una chispa. De inteligencia, digo yo. Pero luego, ya ves Charli, lo pendeja que soy. (Pausa). Cada día siento que canto peor, si vieras. Nunca voy a dominar los tonos; ni con solfeo, ni con
cachetadas. Antes me cubría los defectos el conjunto, pero ahora… (Un silencio. Se sirve otro trago. Bebe). Igual que en la secundaria. Las demás eran
más rápidas, más hábiles. En clase comprendían el tema, asimilaban lo importante, respondían lo correcto. Y luego salían al patio con una
seguridad que… hubiera querido matarlas. (Un silencio). Los cuates de la cuadra; las noches de guitarra en el camellón, los primeros toques y el
beso que le di al Chema. ¿Quién se acordará de todo aquello? De seguro nadie, mas que yo. (Pausa). Cuando hablo contigo me recupero, si vieras…
Me hago pedazos y los recojo; agarro fuerzas de nuez. (Silencio). ¿Me estás oyendo, Charli, o ya estás hasta la madre?

Se hace oscuro sobre el área, mientras se escucha el tema musical de “Light my Fire”. Se ilumina la puerta del privado. La muchacha golpea con ansiedad.

CHACHA: Don Chente… Don Chente… Abre, por favor.
VICENTE: (Desde dentro). Estoy ocupado.
CHACHA: ¿Por qué te encierras? Abre.
VICENTE: (Desde dentro). No me molestes ahora. Tengo una larga distancia…
CHACHA: (Golpea más fuerte). Ábreme.
VICENTE: (Desde dentro). Espérate, ya voy.
CHACHA: Don Chente, carajo.
VICENTE: (Abre). Cómo friegas. ¿Qué quieres? ¿Qué se te atoró?
CHACHA: (Confusa). Don Chente, yo…
VICENTE: Habla. ¿Qué cosa es tan urgente? ¿Por qué chillas?
CHACHA: Este… Tarolas y el Choro están allá afuera. Quieren que vayas. Que los acompañes.
VICENTE: ¿Yo…? ¿A dónde?
CHACHA: Dicen que, pero no están seguros, este… Como aquí fue el último lugar donde… Que vayas.
VICENTE: Pero, ¿a dónde?, ¿por qué?
CHACHA: A la delegación. Este, a identificar un cadáver, creo…
VICENTE: ¿Qué dices, idiota…? ¿Qué fue lo que pasó?
CHACHA: No sé. Habla tú con ellos. Yo no entiendo nada.

La música de “Light my Fire” sube de volumen.

Quinto cuadro

Escena I

A las tres de la mañana. Restos de bebida y comida sobre la barra. La grabadora emite música de The Doors a todo volumen. CHEMA baila con una botella en la mano. SHARON marca el ritmo. CHACHA mantiene las copas llenas.

CHEMA: (Al terminar la música). Salud. Por los que no están donde quisiéramos, y alrevés. Salud, por los que están donde no quisiéramos que estuvieran, y al revés. Salud por nosotros tres. Salud por el último que estornudó. Pero, ¿qué pasa con la música? ¿No hay nadie que pueda voltear, sobriamente, ese carrete? (Pausa). A ver si te emparejas, Chacha. Ya te llevamos mucha ventaja; no nos dejes solos, haciendo el ridículo… (Tropieza y se cae. Ríe tontamente. Luego, un silencio). Gracias, de veras gracias. No merezco despedida tan emotiva. Soy un indeciso, con todo y mi boleto en la bolsa.
¿Saben por qué? Porque tengo un compromiso aquí: en la mera ciudad . capirucha. (Pausa). Soy un estudiante; malo o bueno, soy un estudiante.
(Grita). Y lo mismo tú, gitana. Y también la pinche Chacha. (Pausa).Estudiantes de tiempo completo; aunque nos hayan dado de baja desde
quién sabe cuándo. ¿Hay más vino…? (Tambaleándose, va a servirse).
SHARON: Mira, no friegues. O aprovecho ahora mi beca y me largo; o a lo mejor no vuelvo a tener otra oportunidad. Es mi futuro.
CHEMA: ¿Y los que se parten la madre en las calles, gitana? Dicen que también piensan en el futuro. En el de todos. ¿Vamos a irnos? ¿Vamos a dejarlos
solos?
SHARON: No me digas que tú pintas consignas en las bardas. Que perteneces a alguna brigada. O que repartes volantes, cuando menos.
CHEMA: Nada… Cada quién colabora según.
SHARON: Ya verás. Cuando regresemos, dentro de unos años, ni quién se acuerde de todo esto. Ya verás. (Pausa). Aprovecha tu boleto, amigo. Yo también me largo. Ya le encargué a la Chacha que me cuide el departamento.

La CHACHA está de pie ante el micrófono.

CHACHA: No podemos nadar en la luna, ni saltar sobre sus olas, sin la pequeña ayuda de los cuates. Los escucho por mis ojos, como si fuera un gato.
Aspiro el torrente de su sangre por las yemas de mis dedos. El repiquetear de sus nervios resuena entre mis cabellos. La algarabía de sus hormonas
son descargas eléctricas en la punta de mi nariz. En el gas de sodio y el gas de mercurio, te me fundes, te me confundes…
SHARON: Como dice la canción: “qué afán de querer cargar el mundo a cuestas”.
CHEMA: (La sacude con fuerza). Pinche Chacha, reacciona… Eres el azote andando.
SHARON: A ver, amiga. ¿Qué se siente estar a punto de ser la mera estrella de la variedad?
CHACHA: Una cosa tan horrible, que ya ni sé.
SHARON: Habrá bailarinas y un coro diciendo: ua, ua, ua. Luces relampagueantes y un sonido chancho.
CHEMA: Y qué vestuario, chiquita. Ya me asomé al camerino. Aquello es un mar de plumas, lentejuelas y chaquiras.
CHACHA: Si hubieran visto el ensayo de hace rato. Fue el desmadre total.
SHARON: Lo que me importa es que te eches una temporada y…
CHACHA: ¿Ves esta cicatriz? Fue de aquella gira con Charli.
SHARON: Con lo que me chocan los güeros, y tú dale con el mismo sonsonete.
CHACHA: Fue una de tantas noches que salí a cantar después de un ácido; ¿o sería un puñado de benzedrinas? La cosa es que a veces se me traban las quijadas, y luego hasta la canción se me va. Y me hundo en la laguna. (Silencio). Total, que llegué al templete bien dañada. Uta, aquello era un galerón de paredes altísimas y techo de lámina, como un horno gigantesco. Ha de haber sido una región carbonífera. Estaba retacado de mineros. Cerveza en
mano y casco protector en la cabeza. Con la cara cubierta de mugre y tierra negra. Y nosotros arriba del templete. Los muchachos dándole a las
guitarras y yo apretando el micrófono de chisguete que debió tener un cable suelto, porque hacía un ruidero del demonio. (Pausa). De repente, fue
el alucine total. Algo helado me sacudió todo el cuerpo y sentí que volaba sobre aquel mar de gente… Del micrófono brotaban chorros de polvo
brillante, como una fuente de diamantina. Alrededor chisporroteaban luces cegadoras. Lunas de papel de estaño y estrellas de vidrio. (Pausa). Todo
aquello debió pasar en fracciones de segundo, porque Charli, no sé cómo, me arrancó las manos del micrófono y nos estrellamos contra los tablones
podridos del templete. En medio del ruidazo de bocinas, guitarrazos destemplados, y los gritos de los borrachos que nos lanzaban de todo.
(Pausa). ¿Ves la cicatriz? Fue una lata de cerveza que me tiró un animal de aquéllos. Pero casi no se nota; no fijándose. (Pausa). A estas alturas, no sé
ni por qué me acuerdo de cosas así. Charli me salvó de morir electrocutada una vez. Me advirtió que yo no era cantante. Me salvó de muchas otras
cosas. (Pausa). A cambio, yo simplemente ayudé a despedazarlo… Quisiera… quisiera desaparecer.

CHEMA sale del camerino llevando encima un vistoso traje de fantasía, peluca extravagante y zapatos de tacón alto.

CHEMA: A ver, a ver, a ver. Nada de ponernos sentimentales, ni melancólicos. Que las finanzas del patrón se resienten.
SHARON: (Aplaude). Eso es, que comience la otra fiesta.
CHEMA: Imagínate cuando esta muchacha del alma camine así, como una reina entre las mesas, como la más arrebatadora de la colonia.
SHARON: Me imagino, claro. (Echa a andar la grabadora).
CHEMA: A ver, a ver, a ver. Que vuelva a correr la misma cinta. Que venga a incendiarnos este tal Morrison. Que las llamas inunden el local entero. Sí.
Que los fogonazos nos suelten el tapón…

Sobre la música de The Doors, CHEMA improvisa una parodia travesti de la CHACHA, adoptando poses sensuales y provocativas. Ellas aplauden y le lanzan piropos obscenos.

CHEMA coquetea con clientes imaginarios; hasta que incluye en el juego a las otras dos. Todas cantan, bailan y se acarician entre sí. Se hace evidente que el juego les excita en forma creciente, incontenible, hasta llegar a un clímax. Es cuando VICENTE entra de la calle. Los observa sin ser visto. Luego, de un tirón, desconecta la grabadora. Un silencio.

VICENTE: (Toma agua mineral a grandes tragos. Eructa larga, ruidosamente). Pensé que ya no los iba a encontrar. (Los mira. CHEMA escapa hacia el camerino). Como mañana de van de viaje.
CHACHA: Quién sabe. La despedida es un pretexto para estar juntos. Y la estamos pasando bien.
VICENTE: Hum. La están pasando bien. (Pausa). Pues continúen, no quiero interrumpir. (Eructa de nuevo). Perdón.
CHACHA: ¿Por qué lo hiciste…? (Pausa). ¿Por qué quitaste la música?
VICENTE: (Con aparente desconcierto). ¿Cuál… yo? (Sonríe). Fue un saludo, una forma de… Pero no fue mi intención. Vamos, sigan divirtiéndose.

CHEMA regresa del camerino.

CHEMA: ¿Oyeron…? (Pausa). El bonche de sirenas, ¿qué estará pasando? (Todos permanecen a la expectativa. Efectivamente se oye ulular de sirenas). ¿Serán patrullas… o ambulancias?
VICENTE: Las últimas noticias dicen que el ejército está ocupando las instalaciones de la Universidad y que…
CHEMA: ¿No que iban a llegar a un arreglo…? Puta madre, ése es su pinche diálogo.
SHARON: Amiga, tiene razón tu patrón. Ya es muy tarde.
CHACHA: (Furiosa). No salgas con ésas, gitana.
CHEMA: Sí. Mejor ya vámonos.
CHACHA: (Grita). Nada, qué. Aquí nos amanecemos. (Pausa). Nos seguimos de largo hasta el mediodía de mañana, o de pasado, total. (A CHEMA). Y tú. No te pongas a levantar el tiradero, ven. Vamos a echarnos una canción de las tuyas; una de las inéditas.
CHEMA: No… mejor ya le paramos aquí.
SHARON: Tengo que ir muy temprano a la embajada. Ya te había dicho, ¿no?
CHEMA: Y yo, todavía tengo que lozalizar a Julio; el condenado me debe una lana.
CHACHA: (A VICENTE, molesta). ¿Ya ves? ¿Ya ves lo que provocas tú?
VICENTE: (Toma agua mineral, eructa otra vez). ¿Yo? ¿Y ahora qué hice? ¿En qué les perjudico, o qué?
CHEMA: (Se dispone a salir). Por ahí nos estamos mirando.
CHACHA: (Entre dientes). Pin-che-Che-ma.
SHARON: Con permiso, don Vicente.

SHARON besa a la CHACHA en la mejilla y con CHEMA se dirigen a la puerta.

SHARON: A ver si con esto no se suspenden los vuelos a Los Ángeles. ¿Te imaginas?
CHEMA: ¿Has estado alguna vez en una comuna…? ¿Por qué no te vas conmigo, gitana?
SHARON y CHEMA salen. Un silencio.
VICENTE: Qué pasó, mi cucaracha. ¿Nos tomamos una copa antes de irnos? (Ella lo ignora, mientras levanta vasos y botellas). Te estoy hablando.
CHACHA: He bebido todo el día…
VICENTE: Está bueno. Tú disculpa. (Se sirve).
CHACHA: (Luego de otro silencio). Quién te viera, tan atento: “no quiero interrumpir, perdón, en qué les estorbo…”
VICENTE: Bueno. Y ahora, ¿qué te pasa?
CHACHA: (Contenida). Nada… no me pasa nada.

Una de las botellas se le resbala de las manos, se rompe en el piso. Ella se estremece, exasperada.

CHACHA: Bueno, sí… Me pasa que no sé lo que sigo haciendo aquí. En lugar de irme al carajo de una vez por todas.
VICENTE: (Suave). Ven, vamos a mi oficina. Necesitas un calmante, muchachita.
CHACHA: (Interrumpe). No. No necesito nada. No necesito nada. (Contenida). Quisiera desaparecer… morirme…
VICENTE: (Suave). Entiendo. Si no necesitas nada, absolutamente nada…
CHACHA: (Con cólera). Pero, ¿qué te estás creyendo tú…?
VICENTE: (Sin alterarse). Si quieres, puedo llevarte a…
CHACHA: ¿Te crees mi guardián?
VICENTE: Mira, te estás pasando de la raya.
CHACHA: Imbécil.
VICENTE: (Dominándose). No seas tonta… Siempre te pones así cuando estás con esos.
CHACHA: ¿Ésos qué…? ¿Ésos qué…?
VICENTE: Infelices, basura.
CHACHA: En cambio tú…
VICENTE: (Le da un tirón del brazo; ella se suelta). Pues, aunque les pese, soy el jefe. Y echo a patadas al que me da la gana.
CHACHA: (Sarcástica). El decente de don Chente…
VICENTE: Aquí yo soy el patrón. ¿Tú quién eres? (Pausa). ¿Y esas mierdas, quiénes son?
CHACHA: (Busca qué decir). Ellos… Ellos me quieren.
VICENTE: Están peor que tú; nada más te perjudican. (Pausa). Es por tu bien, no me gustan para ti.
CHACHA: (Lo mira con desprecio). Pinche… guardaespaldas.
VICENTE: (Le da una bofetada). Hija de tu pelona.
CHACHA: (Se tambalea). ¿Qué puedes hacerme… qué? No te debo nada… (Él trata de pegarle otra vez, ella lo evita). ¿A poco me vas a lanzar a la fama? En este asqueroso lugar; ni la noche del estreno, ni nunca. Aquí todo está jodido. Charli lo sabía. Todos estamos jodidos. Empezando por ti, que no eres
nada.

De un fuerte jalón, don VICENTE la atrapa por la garganta, aprieta la tráquea con fuerza.
VICENTE: Te voy a matar.
CHACHA: No eres nada…

Un breve forcejeo. Ella apenas se defiende, sus piernas se doblan. VICENTE la arroja contra una mesa, donde se derrumba en medio de un estruendo de sillas.

VICENTE: (Recupera el aliento). No eres más que… un ser de segunda…

Un silencio.

CHACHA: (Con un hilo de voz). Jodidos, jodidos… (Pausa). Nunca más.
VICENTE: (La observa un instante). Ya, ya estuvo bueno. Levántate.
CHACHA: (Se incorpora, temblorosa). No voy a cantar más. Yo no canto nunca más.
VICENTE: Bah, apenas comienzas y ya quieres decidir.
CHACHA: (Sin oírlo). Charli lo sabía… Nunca más.
VICENTE: (Se arregla la corbata). Las cosas son como son. Y te equivocas si piensas que vas a ser de otra manera. Ni tú, ni tus amiguitos, ni los inconformes de allá afuera… Nadie va a cambiar nada.
CHACHA: (Agotada). Cambiar. No. (Pausa). ¿Quién quiere cambiar?
VICENTE: Eso es, muchachita. Así me gustas más. (Pausa). Los preparativos para el debut van a seguir adelante. Así que las consideraciones sobre tu talento, mejor te las guardas para ti sola. (Pausa). Vámonos. Ya casi es de día.
CHACHA: (Lo mira, aún confundida). Entonces, ¿no vas a matarme…?
VICENTE. (Le besa el cabello). Olvida lo que pasó. (Ella camina hacia la ventana). ¿Estás enojada?
CHACHA: (Lejana). No. No estoy enojada.
VICENTE: (Sonríe). Bueno, muchacha. Ya vámonos entonces.
CHACHA: (Mira por la ventana). No dejan de pasar las patrullas. (Pausa). Quisiera quedarme un rato. (Pausa). Esperar a que salga el sol, ¿no? Que haya más luz en la calle.
VICENTE: (Consulta su reloj). Son las seis. (Pausa). Yo voy a hacer unas llamadas, y luego nos vamos. Porque tienes que descansar. A las cuatro es el ensayo. (Va y se mete a su oficina privada).

La muchacha se acerca a la puerta de la calle. Abre. Se oyen ruidos lejanos. De pronto, los sonidos suben exageradamente. Sirenas. Disparos. Explosiones. El motor de un helicóptero, tableteos de metralleta. Luego, regresa el sonido normal de la calle. Ella cierra la puerta. Pone una cadena en la cerradura y un candado. Como en otras ocaciones, la muchacha camina por el lugar. Se detiene frente a la grabadora, echa a andar los carretes y se oye la introducción de una pista musical. Luego, corre cortinas. Descorre telón, enciende luces intermitentes. Establece el ambiente para una función al
público. Se coloca ante el micrófono. Se dispone a cantar, sólo espera su entrada sobre la pista. Abre la boca, pero no emite sonido alguno. Por las bocinas surge un ruido distorsionado, irritante, largo y agudo, como un aullido. La muchacha permanece inmóvil, las manos crispadas en el micrófono, la boca desmesuradamente abierta, el estupor en los ojos. De súbito, se desconecta la luz eléctrica.

OSCURO FINAL.

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