1910

es una obra de Maruxa Vilalta, son 18 cuadros en los que se cuenta parte de la historia de la Revolución Mexicana.

Son 168 personajes interpretados por 12 actores: 9 hombres y 3 mujeres. La propuesta de la autora es que cada intérprete logre su personaje mediante actuación y no con cambio de vestuario, de hecho se sugiere que todos vistan camisa blanca, pantalón caqui y zapatos café.

En el primer cuadro, el narrador nos cuenta cómo Porfirio Díaz se reeligió y tenía a México en la pobreza hasta que Madero se presentó a hacerle frente en la candidatura a la presidencia, escapando de la cárcel para iniciar la revolución.

En el cuadro dos el pueblo pide sufragio efectivo, no relección y se convoca al levantamiento en armas para el 20 de noviembre de 1910.

En el tercer cuadro sale Zapata con sus propuestas para el pueblo.

El cuadro cuarto nos presenta a Francisco Villa.

En el cuadro quinto, Madero llega a la capital junto con Felipe Ángeles.

El cuadro 6 nos explica la traición a Madero y su asesinato.

En el cuadro 7 los personajes cuentan su intención sobre seguir peleando contra Huerta, el traidor.

El cuadro 8 nos presenta a Venustiano Carranza.

En el cuadro 9 conocemos el discurso de Belisario Dominguez y el narrador nos cuenta sobre su asesinato por órdenes de Huerta.

En el cuadro 10 aparece de nuevo Zapata, mostrando las diferentes fracciones que se dieron durante la lucha.

En el cuadro once vemos al pueblo, a los campesinos y su sentir respecto a la revolución.

Para el cuadro 12, un periodista y el narrador explican la situación de México, después tenemos el encuentro de Villa y Zapata.

En el cuadro 13, Villa, Zapata, Carranza, expresan sus puntos de vista respecto a la lucha y el futuro de México.

En el cuadro 14 nos encontramos de nuevo con el pueblo y su desesperación por no saber ya con quién pelea.

El cuadro 15 nos presenta a los villistas contra huertistas, pero todo es inútil, al final la muerte llega sin distinguir bandos.

Cuadro 16 es la decadencia de la lucha, el cuadro 17 nos habla de la importancia de los trenes y el cuadro 18 termina con el recuento de los muertos y cambios que hubo en nuestro país gracia a la Revolución Mexicana.

Esta historia se publicó en el libro 1910 y tres obras más. 

Personajes

Los 168 pueden ser interpretados por 12 actores, 9 hombres y 3 mujeres.

Cada intérprete logrará su personaje mediante actuación, no con disfraces. Vestirán todos igual, de principio a fin de la obra: camisa blanca, pantalón color caqui y zapatos cafés. No se recurrirá a sombreros, pelucas ni caracterización alguna. Las armas y cartucheras son de tiempos de la Revolución. Cuando se requieran audios de música, será clásica.

 

Uno

NARRADOR

HOMBRE

MUJER

Dos

10 CIUDADANOS DE 1910 (7 HOMBRES y 3 MUJERES)

ORADOR MADERISTA

Tres

SOLDADOS ZAPATITAS

HOMBRES DE MILPA ALTA

MUJER DE MILPA ALTA

NARRADOR

EMILIANO ZAPATA

Cuatro

NARRADOR

FRANCISCO VILLA

Cinco

8 CIUDADANOS DE 1911 (5 HOMBRES Y 3 MUJERES)

FRANCISCO I. MADERO

NARRADOR

FELIPE ÁNGELES

MUJER PERIODISTA

Seis

ARTILLERO

COMPADRE del ARTILLERO

5 SOLDADOS MADERISTAS (3 HOMBRES Y 2 MUJERES)

NARRADOR

MUJER PERIODISTA

AURELIANO BLANQUET

MADERO

VICTORIANO HUERTA

FRANCISCO CÁRDENAS

Siete

6 MADERISTAS (4 HOMBRES Y 2 MUJERES)

CAMERINO MENDOZA

MARÍA ARIAS

HUERTA

Ocho

ORADOR CARRANCISTA

VENUSTIANO CARRANZA

Nueve

NARRADOR

BELISARIO DOMÍNGUEZ

Diez

ARTILLERO

ZAPATISTA CON CONSENSIA

Once

5 CAMPESINOS GUERRILLEROS

CAMPESINA VIEJA

CAMPESINA JOVEN

CORONELA

2 SOLDADOS DE HUERTA

CAMPESINO EN EL MAGUEY

NARRADOR

Doce

NARRADOR

4 SOLDADOS VILLISTAS EN XOCHIMILCO (3 HOMBRES Y 1 MUJER)

5 SOLDADOS ZAPATISTAS EN XOCHIMILCO (3 HOMBRES Y 2 MUJERES)

VILLA

ZAPATA

Trece

NARRADOR

2 VILLISTAS EN GUADALAJARA

VILLA

CORONEL ENRIQUE VILLA

ZAPATA

2 SOLDADOS DE CARRANZA

CARRANZA

Catorce

ARTILLERO

COMPADRE del ARTILLERO

5 VILLISTAS EN LA CAPITAL

Quince

NARRADOR

6 VILLISTAS EN TORREÓN

Dieciséis

El ESTUDIANTE

LA ESTUDIANTE

3 VILLISTAS DE 1916

VILLA

NARRADOR

ZAPATISTA NARRADOR

ZAPATA

ESBIRRO DE HUERTA

ABRAHAM GONZÁLEZ

RICARDO FLORES MAGÓN

CARRANZA

LA QUE PIDE AGUA

SOLDADO VILLISTA

FELIPE ÁNGELES

5 SOLDADOS DE GUAJARDO

RODOLFO HERRERO

7 ASALTANTES EN TLAXCALANTONGO

VOCEADOR DE PERIÓDICOS

VILLISTA EN PARRAL

CÓMPLICE

5 ASESINOS

 

 

Diecisiete

NARRADOR

6 SOLDADOS EN EL TREN

3 MUJERES QUE LOS DESPIDEN

SOLDADO CON TAMBOR                       

Dieciocho

11 ACTORES (8 HOMBRES Y 3 MUJERES)

11 CONSTITUYENTES

EL PUEBLO (8 HOMBRES Y 3 MUJERES)

MADERO

ZAPATA

VILLA

CARRANZA

HOMBRE

MUJER

NARRADOR

Intermedio después del cuadro Once.

 

 

 

Espacios

Un espacio principal, Espacio 1, con varias entradas. Desniveles, escalones, alguna tarima. En nivel más elevado, Espacios 2, 3, 4 y 5. En el Espacio 4 hay un gran maguey.

Los cambios de cuadro se harán de manera que la acción quede lo más unida posible, a veces hasta integrada con la del cuadro anterior.

 

 

Uno

En el Espacio 2, una mujer. Al Espacio 1 entra un actor con un script de la obra que se inicia: es el narrador.

NARRADOR (Lee.): Hace muchos años, en un país llamado México, había una vez un dictador…

México, tierra de grandes mares y cielos, tierra de valles y de serranías, desiertos y selvas. Lugar de magueyes y de rosas. Lugar de la jícama y del amaranto, la piña y la caña brava, el roble y el cedro y el alto encino. Volcanes. Sol que reverbera. Sol que cae a plomo. Hoy, país de fuertes industrias y enormes ciudades. Lugar de sueños y de grandes realidades. México, tierra esplendorosa, tierra de luz…

Había una vez un dictador que gobernaba con un régimen feudal.  Deportación y esclavitud de los indios yaquis. Huelgas de Cananea y Río Blanco. Trabajadores ejecutados. La gente, no acostumbrada a participar en política.

Un hombre se acerca al Espacio 2. La mujer voltea a verlo.

NARRADOR (Lee.): El pueblo nada tiene, todo le quitan.

HOMBRE (A la mujer.): No traje nada… (Empieza a gritar, cada vez más fuerte.) ¡No traje nada! ¡No traje nada! ¡No traje nada!… (Quedo.) No traje nada.

NARRADOR: Miradas perdidas en un horizonte oscuro. Aguardan… El dictador era general. Porfirio Díaz había iniciado su lucha pidiendo que “ningún ciudadano se perpetúe en el ejercicio del poder”. (1) Y desde que obtuvo la presidencia de la República se siguió reeligiendo y gobernó durante más de treinta años.

Un hacendado de Coahuila, el señor Francisco I. Madero, publica un libro con el propósito de restaurar la democracia. Madero funda el Partido Antirreeleccionista y lanza su candidatura para la presidencia. Es encarcelado. Díaz recurre al fraude y se declara nuevamente reelegido.

Pero Madero huye de la cárcel. Un día, en 1910…

Sale el narrador y el hombre y la mujer se unen a los personajes del cuadro siguiente.

 

Dos

Entran 9 ciudadanos de 1910, 6 hombres y 3 mujeres; quedan en el Espacio principal. Hablarán entre ellos y también a los espectadores, en lo que será una escena de mitin callejero. Se corre la voz;  lo que fue primero un murmullo va creciendo.

CIUDADANOS:

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

La frase es ya un clamor. Se repetirá las veces que sea necesario, para terminar en coro.

TODOS: Sufragio efectivo-No reelección. (1)

—Madero lo dice en el Plan de San Luis Potosí.

—En Puebla, Aquiles Serdán lucha a favor de Madero.

—¡Arriba Aquiles Serdán!

—También desde el exilio los hermanos Flores Magón siguen publicando su periódico .

—¡Arriba los Flores Magón!

—¡Arriba Regeneración!

—¡Muera la dictadura!

—Los jueces están vendidos a las autoridades. A Madero le preocupa la administración de justicia.

—Cuando un pueblo carece de justicia es en escarnio del más elemental de los derechos humanos. (2)

—¡Abajo Porfirio Díaz!

—¡Viva Madero!

—Ése sí quiere ayudar al pueblo.

—No trata de hacerse rico.

—Ya lo es.

—Dicen que habla con los espíritus.

—¿Con los espíritus? ¡A poco!

—Bueno, y qué tiene de malo. Cada quien habla con quien quiere, ¿no?

—O con quien puede.

—El señor Madero quiere proteger a los campesinos.

—¡Y a los trabajadores!

Entra apresurado el ciudadano 10, mostrando un documento. Sube escaleras, entre el público, y se convierte en orador maderista.)

ORADOR: ¡Plan de San Luis! (Lee.) Primero: Se declaran nulas las elecciones para presidente y vicepresidente de la República, magistrados de la Suprema Corte de la Nación y diputados y senadores, celebradas en junio y julio del corriente año.

Segundo: Se desconoce al actual gobierno del general Díaz, así como a todas las autoridades cuyo poder debe dimanar del voto popular, porque además de no haber sido electas por el pueblo han perdido los pocos títulos que podían tener de legalidad, cometiendo y apoyando, con los elementos que el pueblo puso a su disposición para la defensa de sus intereses, el fraude electoral más escandaloso que registra la historia de México.

CIUDADANOS:

—¡Respeto al voto!

—¡No reelección!

ORADOR: Francisco I. Madero asume la presidencia provisional de los Estados Unidos Mexicanos, con las facultades necesarias para hacer la guerra al gobierno usurpador del general Díaz. Se convocará a elecciones generales y se entregará el poder a quien resulte, electo.

CIUDADANOS:

—¡Madero!

—¡No queremos a ningún otro!

—¡Elegiremos a Francisco I. Madero!

ORADOR (Sigue leyendo.): El día 20 de noviembre, desde las seis de la tarde en adelante, todos los ciudadanos de la República tomarán las armas para arrojar del poder a las autoridades que actualmente gobiernan. Las leyes de guerra serán rigurosamente observadas, llamándose especialmente la atención sobre las prohibiciones relativas a no usar balas explosivas ni fusilar a los prisioneros. Una de las principales medidas del gobierno provisional será poner en libertad a todos los presos políticos. (3) (Se integra al grupo de ciudadanos.)

CIUDADANOS:

—El día 20.

—¡20 de noviembre!

—¡Estaremos con Madero!

Entusiasmo. Pero entra el ciudadano 11.

CIUDADANO 11: Mataron a Aquiles Serdán. (Se hace un silencio.) La policía intentó allanar su casa. Los Serdán y otros antiporfiristas se lo impidieron. Más de mil rurales contra Aquiles Serdán. Mantuvo la defensa hasta el día siguiente. Fue sorprendido al salir por la puerta de un sótano. Lo acribillaron. (4)

CIUDADANOS (Quedo, se corre la voz.):

—Sótanos húmedos…

—Espejos rotos…

—La planta alta. Escaleras de piedra…

—Desde la calle de enfrente llegaban los disparos a la casa…

—Sótanos húmedos…

—Espejos rotos…

UN CIUDADANO: ¡Tierra y libertad! En Regeneración aparecen las palabras que pueden salvar a nuestro pueblo. ¡Tierra y libertad! (5)

OTRO CIUDADANO: ¡Tierra y libertad!

OTRO: ¡Sufragio efectivo-No reelección!

Salen, llevando la frase a gente fuera de escena.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección.

—Sufragio efectivo-No reelección…

Todavía se les oye cuando el último ciudadano que iba a salir regresa y trata de convencer a un espectador.

CIUDADANO: ¡Órale, vámonos con Madero! (Da unos pasos, pero el espectador no lo siguió. Regresa) ¿Qué pasó? ¡Vámonos con Madero!… ¡Ven con nosotros, vámonos!… ¿No?… Ya sabíamos que al señor Madero le iba a costar trabajo esto de la Revolución… ¡Sufragio efectivo-No reelección!

Sale. Se le oye todavía fuera de escena.

CIUDADANO: ¡Sufragio efectivo- No reelección!

Y entran los personajes del cuadro siguiente.

Tres

Al Espacio 1 entran 4 zapatistas, con cartucheras cruzadas al pecho, 2 hombres de Milpa Alta y una joven mujer de Milpa Alta. Gritos de los zapatistas.

ZAPATISTAS:

— ¡I… jajajai!

—¡Arriba mi general

—¡Que viva mi general Zapata!

—¡Que viva Zapata!

—¡Arriba mi general!

NARRADOR (Entrando, lee el script.): Cada intérprete logrará su personaje mediante actuación, no con disfraces. Vestirán todos igual, de principio a fin de la obra. No se recurrirá a caracterización alguna.

ZAPATISTA 1 (A los hombres.): Y ustedes qué.

HOMBRE 1: Aquí nomás. Acá estamos los de Milpa Alta.

ZAPATISTA 2: ¿Y cómo ven las cosas?

HOMBRE 2: La mera verdad, los estábamos esperando.

HOMBRE 1: Ya queríamos que llegaran.

ZAPATISTA 3: Pos ya llegamos.

Siguen con la plática. El zapatista 4 quedó con la mujer.

ZAPATISTA 4: Qué anda haciendo por aquí, mi alma.

MUJER: Pos de acá soy, ¿qué le pasa?

ZAPATISTA 4: Me gustas… Por ai traigo mi reata.

MUJER (Con desafío.): A poco andan lazando mujeres.

ZAPATISTA 4: No te creas, eso era antes, eso hacían los plateados.

MUJER: Deje ya de molestar.

ZAPATISTA 4: No te enojes. Nosotros semos civilizados.

MUJER: ¿En serio?

ZAPATISTA 4: Verdad de Dios.

MUJER (Al público.): Oticmatque itechpa in Yaochihualiztli, i’cuac ohualma’xitico in ce hueyi tla’tihuani, motocayoti’tzinoa Zapata, Tlatzintla chane’que. Ihuan ye´huatzin hueyi tla’tihuani in aquin achto otechmononochilico macehualcopa. Lo primero que supimos de la Revolución fue que un día llegó un gran señor Zapata, de Morelos. Y fue el primer gran hombre que nos habló en mexicano. Todos esos hombres hablaban el mexicano casi igual que nosotros. Cuando entraron a Milpa Alta se entendía lo que decían. (1)

Entra Zapata y se convierte en centro de atención de todos.

NARRADOR (Da vuelta a las páginas y sigue leyendo.): El actor que haga el papel de Zapata deberá tener la vida interior de Zapata y la mirada de Zapata. Mirada empecinada y triste…

Sale.

ZAPATA (A los de Milpa Alta.): Les ofrecí luchar porque se les restituyeran sus tierras, montes y aguas usurpados por los hacendados. En mí han depositado su confianza y sus esperanzas, así que tengo que cumplirles su promesa, aunque pierda la vida por mis demandas.

UN ZAPATISTA: ¡Arriba mi general Zapata!

ZAPATA: No los dejaré abandonados a su suerte. Pienso en un Plan que nos justifique y a la vez sirva de orientación a las clases campesinas. Para que así, aunque me maten, tengan ustedes esta bandera o Plan, para continuar la Revolución agraria, y de esta manera, tarde o temprano, recuperarán sus tierras. (2)

OTRO ZAPATISTA: Nosotros no queremos hacernos ricos. Mi general Zapata no quiere bandidaje.

ZAPATA: Perdono todo menos la traición.

OTRO ZAPATISTA: Un trabajador tenía un perro que le cuidaba a sus gallinas de los coyotes. Pero un día encontró al perro bajo un huizache, comiéndose una gallina junto con los coyotes. El trabajador tomó su machete y de un solo tajo le abrió al perro la cabeza. (3)

ZAPATA: Perdono al que roba y al que mata, pero al traidor no lo perdono.

Sale.

GENTE DE MILPA ALTA Y ZAPATISTAS:

—¡Viva Emiliano Zapata!

—¡Estamos con Zapata!

—¡Que viva mi general!

—¡Que viva mi general Zapata!

—¡I… jajajai!

Salen todos y entra el narrador, ya en el cuadro siguiente.


Cuatro

Al espacio 1 entra Villa, inseparable de su pistola. Su presencia llena el escenario.

NARRADOR: Francisco Villa… Su biógrafo  John Reed lo describe tal como era en 1914, cuando resplandecían sus Dorados y estaba al frente de la División del Norte.

Escribe Reed: Es el ser humano más natural que he conocido, y digo natural en el sentido de encontrarse lo más cerca posible de un animal salvaje. Sus ojos nunca están quietos y parecen llenos de energía y brutalidad. (1) Nadie sabe cuál será su próximo paso. De noche, cuando el ejército llega a un campamento, Villa le entrega las riendas de su caballo a un soldado y, con el sarape al hombro, se va a dormir solo en algún escondite de los cerros. A la mitad de la noche puede aparecer en un puesto de avanzada, desde dirección exactamente opuesta, a millas de distancia. Y si encuentra a un centinela dormido en su puesto, lo mata allí mismo de un balazo… (2) Pero quizás no fuera tan terrible. Ama a los niños. Quiere para los niños escuelas. (3) Le está agradecido a Madero que lo salvó de ser fusilado por Huerta, pero Huerta lo mete a la cárcel. (4) (Lentamente y sin dejar de ver al público, Villa se quita su cinturón con pistola.) Desde la penitenciaría le escribe en 1911 una carta a Madero. No es ahora el bandido que sembraba el terror. Su tono es a veces ingenuo.

VILLA (Menos «salvaje», se sienta y lee la carta): Señor presidente, tenga usted la bondad de fijarse nada más en lo que yo he perdido. 200 caballos que tenía comprados para el  ejército, tomé yo 70 y 130 los tomó Orozco. (5) Todo lo perdí. Perdidas 115 mulas que tomó Orozco, mías. 300 botes de manteca y 1,700 pesos que sacó Orozco de mi casa. De todo esto no doy cuenta al juez. Pido a usted me ponga en libertad para hacerle hogar a mi familia y a familias que mantengo desde 1910, que son tres familias más de hombres que yo estimaba y murieron en la guerra. El gobierno no me ha ayudado, sólo están haciendo conmigo una ingratitud. Sea usted justiciero con el hombre que tanto ha sufrido por usted. Adiós, señor. Firmado: Francisco Villa. (6)

Firma y guarda la carta. Toma su pistola y está en pie, imponente.

NARRADOR: Logra escapar de la cárcel y se refugia en Texas. Pero dos meses después del asesinato de Madero cruza de regreso el Río Grande, en compañía de dos hombres, una libra de sal, dos libras de azúcar y un kilo de café, con el propósito de conquistar a México.

 

Menos de ocho meses después es gobernador de Chihuahua. (7)

Salen Villa y el narrador.

Cinco

Audio ambiente de fiesta, campanas, cohetes. Al Espacio 1 entran 8 ciudadanos de 1911, 5 hombres y 3 mujeres, algunos con pancartas que traen la foto de Madero. Un joven sube a un poste para ver mejor. Entra Madero.

CIUDADANOS:

—¡Madero !

—¡Viva Madero!

—Madero está aquí, llegó a la capital. (1)

—¡Viva Francisco I. Madero!

EL DEL POSTE: ¡Viva el Jefe de la Revolución!

MADERO (A los ciudadanos y al público.): Si antes éramos turbulentos, ahora somos serviles. Si antes sólo pensábamos en los grandes intereses de la patria y siempre estábamos listos para volar en su defensa, ahora hemos perdido todo interés en la cosa pública, porque se nos ha enseñado a no mezclaros en ella. (2)

UN CIUDADANO: ¡Bien dicho!

MADERO: Buscar un cambio por medio de las armas sería agravar nuestra situación interior, prolongar la era del militarismo y atraernos graves complicaciones internacionales. El único medio de evitar que la República vaya a ese abismo, es hacer un esfuerzo entre todos los buenos mexicanos para organizarnos en partidos políticos, a fin de que la voluntad nacional esté debidamente representada y pueda hacerse respetar en la próxima contienda electoral. (3)

OTRO CIUDADANO: ¡Estamos con Francisco I. Madero!

EL DEL POSTE: ¡Viva el Jefe de la Revolución!

Cesa el Audio de golpe y los ciudadanos se inmovilizan.

NARRADOR (Entrando.): Un joven mira a Madero. Lo admira. Es su modelo y su héroe… El joven trepado en el poste ya no esta aquí, ya no existe… Ahora ya nadie de esta escena existe. Murieron los ciudadanos de 1911 y murió Madero, pero siguen vivos sus postulados.

Sale, a la vez que regresa el Audio y todos recobran movimiento. Madero sale, entre gritos de entusiasmo.

 

CIUDADANOS:

—¡Viva Madero!

—¡Madero está en la capital!

—¡Viva Francisco I. Madero!

Se disuelve el Audio y salen todos, menos una ciudadana que da media vuelta, saca un bloc de notas y regresa convertida en periodista. Inmediatamente Madero vuelve a entrar como presidente de la República, conversando con Felipe Ángeles. (4) La periodista se apresura hacia ellos.

PERIODISTA: ¡Señor presidente Madero!… Señor general Felipe Ángeles. Unas preguntas para mi periódico.

MADERO: Con gusto, señorita.

PERIODISTA: Señor presidente Madero: Usted creó el Departamento de Trabajo, humanizó el trabajo en las fábricas, legalizó la libertad sindical y de huelga. (5) ¿Qué opina de la división de la propiedad?

MADERO: Estoy de acuerdo en que la división de la propiedad contribuirá gradualmente al desarrollo de la riqueza nacional y será una de las bases más fuertes de la democracia. (6)

PERIODISTA: A los pocos días de tomar usted posesión como Presidente Constitucional, Emiliano Zapata lanza el Plan de Ayala, desconociéndolo como Jefe de la Revolución y estableciendo que los terrenos usurpados por los hacendados entrarán en posesión de los pueblos y ciudadanos. (7) ¿Hoy, qué puede usted decirnos acerca del problema agrícola en México?

MADERO: Ya en el Plan de San Luis señalamos los abusos de los que fueron víctimas los pequeños propietarios, en su mayoría indígenas, al haber sido despojados de sus terrenos y pedimos que les fueran restituidos, pagándoseles además una indemnización. (8) Hoy, el Ejecutivo se preocupa hondamente por el problema agrícola porque estima que en la solución de este problema está vinculado el porvenir económico de la República. (9)

PERIODISTA: Señor general Felipe Ángeles -con el permiso del señor presidente-. Usted es director del Colegio Militar, experto en mecánica analítica y en armas de fuego. (10). Pero mucho sabe también de educación, filosofía y política. ¿Podría decirme qué es para usted la democracia?

ÁNGELES: La democracia consiste en que cada uno se baste a sí mismo para que, en unión de los demás, pueda ser libre y, por tanto, disponer de libertad en su gobierno, en sus hechos, en su vida propia. (11)

PERIODISTA: Gracias, general. Señor presidente Madero, una última pregunta. ¿Qué medidas han resultado más eficaces para la consolidación de su gobierno.?

MADERO: No me preocupo por la consolidación del gobierno que tengo la honra de presidir. Me preocupo por el prestigio de las instituciones democráticas, por afirmar de un modo sólido en nuestra República los gobiernos democráticos, a fin de que terminado este período el pueblo se convenza de los beneficios que trae un gobierno libre. (12)

PERIODISTA: Muchas gracias, señor presidente.

De pronto, disparos, gente que corre y grita.

PERIODISTA: ¡Disparan contra la gente! ¡Disparos en las calles! …

Sale.

MADERO: Hay que proteger a la población.

Sale por otro extremo, seguido de Felipe Ángeles.

Cruzan la escena 4 ciudadanos:

—Se sublevó el general Mondragón.

—También Bernardo Reyes y Félix Díaz. Las bandas de felicistas recorren la ciudad.

—Asesinan a la gente.

—Los felicistas atacan la Ciudadela…

Seis

Entran al Espacio principal, con sus fusiles y cartucheras, un artillero maderista empujando su viejo cañón y su compadre, otro soldado que lo ayuda.

ARTILLERO: ¡Ah, jijos, ah, cabrones, quieren tirar a Madero!… Órale, compadre, ayúdame a acomodar el cañón.

COMPADRE: Pos si te estoy ayudando.

ARTILLERO (Al cañón.): Órale, Sebastián, vamos a contestarles el fuego a esos jijos felicistas. Ándale, chiquito, vamos a componerte, órale, Sebastián tienes que disparar. Vamos a defender al presidente Madero.

COMPADRE: ¿Quién es Sebastián?

ARTILLERO: ¿Sebastián? Pos es mi cañón, ¿no lo estás viendo?

COMPADRE: ¿Y desde cuándo hablas con tu cañón?

ARTILLERO: Desde siempre, compadre, desde siempre. Mejor dicho, desde que está malito… Ya no dispara.

COMPADRE: ¿No?

ARTILLERO: No, mira. (Se dispone a prender la mecha).

COMPADRE (Se hace a un lado.): ¡Aguas!

ARTILLERO: Te digo que no sirve. ¡Pero voy a componerlo!

COMPADRE: ¿Y por qué atacan al presidente?

ARTILLERO: Porque se pasa de buena gente. Madero anduvo perdonando a Félix Díaz y ora éste le paga traicionándolo.

COMPADRE: A final de cuentas, ¿quién es ese Félix Díaz?

ARTILLERO: Pos el sobrino de su tío, quién otro iba a ser, el sobrino de su tío. ¡Pero vamos a darles en la torre a los felicistas!

COMPADRE: Que así sea. Vienen hacia acá, quieren tomar el Palacio Nacional. ¡Pero aquí los esperamos! (Queda con su fusil en un extremo.)

ARTILLERO: Órale, Sebastián, vamos a defender al presidente Madero. Lástima que no dispares… Pero ya verás, te voy a componer, ya lo verás. Haces mucha falta en esta guerra… Dicen que a Madero lo van a apresar. Él siempre salvó vidas y ahora quieren echárselo… En parte él tiene la culpa: ¡un presidente que no fusila, dónde se ha visto! En cambio el viejo don Porfirio, ése sí decía: “¡Mátenlos en caliente!”… Madero es hombre honrado, vamos a luchar por él. A esos jijos felicistas se los va a llevar la fregada… Nomás que te compongas, mi Sebas… Órale, pinche Sebastián, no sirves para nada. Bueno, no te enojes, sí sirves. Bueno, no sirves. No puedes. No disparas.

También con fusiles y cartucheras entran otros 4 soldados maderistas, 2 hombres y 2 mujeres, que van hacia la fachada del Palacio Nacional.

SOLDADO MADERISTA 1: Defenderemos el Palacio Nacional.

SOLDADO 2: Defenderemos al presidente Madero.

ARTILLERO: ¡Seguro!

COMPADRE: Para eso estamos aquí.

Pero entra el soldado 5.

SOLDADO 5: Orden a este destacamento de ir a la Ciudadela. Allá están terminando con nuestros soldados.

SOLDADO 2: ¡Vamos contra los felicistas!

SOLDADO 1: ¡Vamos!

COMPADRE: ¡Estamos con Madero!

ARTILLERO: ¡Con mi presidente Madero!

Todos salen corriendo, menos el artillero.

ARTILLERO (Empujando su cañón.): Traidores desgraciados, ora verán…

COMPADRE (Regresa.): ¿Qué pasó? ¡Apúrate, compadre!

ARTILLERO: Ni modo de dejar el cañón. Ayúdame a esconderlo.

COMPADRE (Mientras los dos empujan.): Acá lo habías de dejar. Al rato nos mandan a Palacio otra vez.

ARTILLERO: No vaya a agarrarlo el enemigo. Lo hacemos a un lado aunque sea.

COMPADRE: De acuerdo.

ARTILLERO: Ya merito… (Logran sacar el cañón . Se oye al artillero fuera de escena.) Qué nos duran los felicistas, ¿no es cierto, mi Sebas? (Vuelven a entrar.)

COMPADRE: Listo. ¡Vámonos compadre!

Sale hacia donde se fueron los soldados.

ARTILLERO (Hacia donde quedó el cañón.): Ahorita venimos, mi Sebas, aquí quédate, no te me vayas. (Hacia los soldados.) ¡Ya vamos! ¡Espérenme! …

Sale corriendo con su fusil. Entra el narrador.

NARRADOR (Al publico.): Días de traiciones…Bernardo Reyes muere cuando encabeza el asalto a Palacio Nacional. Victoriano Huerta es designado por Madero general en jefe de las fuerzas del gobierno. Pero traiciona a Madero y se une a los felicistas. Bombardeos.

LA PERIODISTA (Entrando, al público.): Nuestras casas destruidas… Vidas que ya no son. En las calles, los cadáveres se amontonan.

NARRADOR: Se incineran en montón.

PERIODISTA: Esta noche, se hizo el silencio.

NARRADOR: Márquez Sterling, embajador de Cuba, describe aquellos días: Al anochecer las baterías callan y la ciudad se sepulta en un tétrico silencio de panteón, rasgado por alguna ametralladora desvelada. Un bulto que se mueve en la sombra, un ruido extraño, el eco de una voz lejana, bastan para una descarga. Y vuelve todo a su quietud. Los candelabros del Paseo de la Reforma y de las avenidas centrales, lo mismo que los faroles de las calles, permanecen apagados. (1)

PERIODISTA: Sobre tu capital cada hora vuela, ojerosa y pintada, en carretela. (2)

NARRADOR: Ramón López Velarde.

PERIODISTA: ¡Sabandijas! ¡Huerta y sus comparsas son unas sabandijas! (3)

NARRADOR: Gustavo Madero, el hermano del presidente, le informa de las traiciones de Huerta que se ha estado entrevistando con Félix Díaz.

PERIODISTA: Huerta es llevado a la presencia de Madero, quien le da 24 horas de plazo para comprobar su lealtad.

NARRADOR: Es demasiado tiempo. Inmediatamente Victoriano Huerta va con el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, quien se alía con el traidor. (4).

PERIODISTA: Parece que en los asuntos de México siempre anda metido Estados Unidos.

Sale.

NARRADOR: Entra a escena Aureliano Blanquet.

Al Espacio 5 entra Blanquet.

NARRADOR (Seguido.): Blanquet, militar porfirista que continuó en el ejército de Madero y se pretendió fiel a él. Blanquet, que le había enviado a Madero un telegrama.

Sale. Al Espacio 3 entra Madero.

BLANQUET: Señor presidente de la República. Muy urgente. Se dice que he defeccionado. Protesto enérgicamente sobre esta falsa versión. Respetuosamente.

MADERO: Señor general Aureliano Blanquet. Nunca he puesto en duda su lealtad.(5)

Baja al espacio 1 y arenga a sus soldados.

MADERO: Soldados, quieren aprehender al presidente de la República. Pero Ustedes sabrán defenderme, porque si estoy aquí es por voluntad del pueblo mexicano.

Pero Blanquet, que bajó también al Espacio 1, le pone a Madero la pistola en el pecho.(6)

BLANQUET: Señor, es usted mi prisionero.

MADERO: ¡Es usted un traidor!

BLANQUET: ¡Vamos!

Salen, Madero obligado por Blanquet, a punta de pistola. Entra el narrador.

NARRADOR: A Madero y al vicepresidente Pino Suárez se les exige su renuncia. Madero ignora que su hermano Gustavo, traicionado también por Huerta, ha sido martirizado y asesinado. (7) Poco antes de ser aprehendido, el presidente deliberaba con sus consejeros acerca de si tenía derecho de asumir directamente el mando de las fuerzas armadas. (8)

MADERO (Entrando al Espacio 3.): Señores, consultaré libros que nos apoyen. Voy a la biblioteca.

Sale.

NARRADOR: Madero se apega a la legalidad y consulta libros. Huerta se olvida de las leyes e impone la fuerza bruta.

Al Espacio 5 entra Huerta.

NARRADOR: Victoriano Huerta, el indio huichol admirador de Japón y de Alemania… Blanquet manda llamar al mayor de rurales Francisco Cárdenas para convencerlo de la necesidad de asesinar a Madero. Cárdenas quiere que el propio Huerta se lo diga. (9)

Sale.

HUERTA (Para sí.): Se lo diré.

En los espacios 3 y 5 se repiten las escenas que vimos.

MADERO (Entrando.): Señores, consultaré libros que nos apoyen. Voy a la biblioteca.

Sale.

HUERTA (Para sí): Se lo diré.

Voltea hacia Francisco Cárdenas, que viene entrando, con una botella de coñac y dos copas.

HUERTA: De modo que estamos de acuerdo, mayor Cárdenas.

CÁRDENAS (Servil.): De acuerdo en todo, mi general.

HUERTA (Sirve el coñac.): A su salud, mayor.

CÁRDENAS: ¡A su salud, mi general! (Beben.)

HUERTA: Buen coñac… ¿No es cierto, mayor Cárdenas?

CÁRDENAS: Muy bueno, mi general Huerta, ¡excelente coñac!(Beben, cómplices. Pero Huerta da la entrevista por terminada. Le entrega la copa y se queda con la botella.) Eso es todo, mayor Cárdenas.

CÁRDENAS: Sí, mi general.

Sale, apresurado, con las copas. Por otro extremo sale también Huerta, bebiendo de la botella.

NARRADOR (Entrando.): Y el asesinato de Madero y Pino Suárez quedó sellado con una botella de coñac.

Sale y entran los personajes del cuadro siguiente.

Siete

Al Espacio 1 entran 6 maderistas (4 hombres y 2 mujeres), además de María Arias. Forman un grupo para observar con tristeza el lugar donde cayó Madero.

MADERISTAS:

—El lugar donde cayó el presidente.

—Los maderistas no olvidaremos.

—La nación tampoco.

—A Madero y a Pino Suárez los sacaron de Palacio y los trajeron a la penitenciaría.

—A Madero, Cárdenas le ordena bajar del auto y le dispara dos tiros en la nuca.

—En el cadáver del vicepresidente Pino Suárez había 13 disparos en el rostro, en el pecho, en la espalda, y fracturas en los huesos de las piernas .

—Se les entierra en un hoyanco.

—Los desenterraron para practicarles la autopsia. (1)

Entra Camerino Z. Mendoza

—Es Camerino Mendoza. Para defender a Madero apuntó con su rifle a Blanquet, pero le apartaron el brazo. (2) Ahora Camerino llora a su presidente.

De prisa, Camerino se aleja y sale. María Arias quedó aparte. Observa con coraje el lugar donde cayó Madero.

—Tú qué dices, María Arias. (3)

MARÍA: Seguiremos luchando. ¡Muera el usurpador Huerta!

Sale. También los demás van saliendo y quedan solamente un maderista y su mujer.

MADERISTA: A Madero no lo tiró una revolución sino un cuartelazo, una traición.

MUJER: Como se resiente la pérdida de alguien a quien mucho quisiste. Eso sentí yo con la muerte de Madero.

MADERISTA: Y al rato nadie con quien se pueda hablar de aquella entrañable persona a la que tanto amaste. Persona a la que tanto quisiste y murió… Nadie con quien hablar de ella porque todos los que la conocieron están muertos. Y eso quiere decir que uno ya es viejo.

Salen, a la vez que al Espacio 5 entra Huerta.

HUERTA (Triunfal.): Telegrama a su excelencia el Presidente de los Estados Unidos, William Taft. Tengo el honor de informar a usted que he derrocado al gobierno. Las fuerzas están conmigo y desde hoy en adelante reinará la paz y la prosperidad. Su obediente servidor, Victoriano Huerta. (4)

Sale.

Ocho

 

Audio ambiente de público para un orador. Al Espacio 2 entra el orador carrancista y al Espacio 1 Venustiano Carranza. Alto de estatura, paciente, tenaz, camina en su despacho ante un escribiente imaginario.

ORADOR (Al público.): Ciudadanos: Aquí en Coahuila el gobernador Venustiano Carranza se niega a reconocer al chacal Huerta. El Plan de Guadalupe (1) acusa a Huerta del delito de traición contra el presidente Madero. Se desconoce el gobierno de Huerta y se nombra ¡Primer Jefe del Ejército Constitucionalista al ciudadano Venustiano Carranza!

Sale el orador y el Audio se desvanece. Breve pausa que llena la fuerte personalidad de Carranza.

CARRANZA (Al escribiente.): Tome usted el dictado: Señor presidente William H. Taft. Washington. La nación mexicana condena el villano cuartelazo que la ha privado de sus gobernantes constitucionales, villanamente asesinados, pero sabe que sus instituciones están en pie y está dispuesta a sostenerlas. Yo espero que tanto el gobierno de vuestra excelencia como el de vuestro sucesor no reconocerán el gobierno espurio que Huerta trata de implantar sobre la traición y el crimen, sino que obrarán con circunspección respecto de los intereses sociales y políticos de mi patria. Venustiano Carranza, gobernador constitucional de Coahuila. (2)

Sale.

Nueve

 

NARRADOR (Entrando, anuncia.): En el Senado de la República, el senador por Chiapas Belisario Domínguez.

Al espacio 1 entra Belisario y el narrador sale.

BELISARIO (Al público.): Señores senadores: Durante el gobierno de don Victoriano Huerta no solamente nada se ha hecho en bien de la pacificación del país, sino que la situación actual de la República Mexicana es infinitamente peor que antes.

El pueblo mexicano no puede resignarse a tener por presidente de la República a don Victoriano Huerta, el soldado que se apoderó del poder por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la presidencia fue asesinar cobardemente al presidente y al vicepresidente ungidos por el voto popular, habiendo sido el primero de éstos quien colmó de ascensos, honores y distinciones a don Victoriano Huerta y habiendo sido él igualmente a quien don Victoriano Huerta juró públicamente lealtad y fidelidad inquebrantables.

Los medios que don Victoriano Huerta se ha propuesto emplear para conseguir la pacificación han sido únicamente muerte y exterminio para todos los hombres, familias y pueblos que no simpaticen con su gobierno.

Don Victoriano Huerta está dispuesto a derramar toda la sangre mexicana, a cubrir de cadáveres todo el territorio nacional, a convertir en una inmensa ruina toda la extensión de nuestra patria, con tal de que él no abandone la presidencia ni derrame una gota de su propia sangre.

La Representación Nacional debe deponer del gobierno de la República a don Victoriano Huerta. El mundo está pendiente de vosotros, señores miembros del Congreso Nacional Mexicano, y la patria espera que la honréis ante el mundo evitándole la vergüenza de tener por primer mandatario a un traidor y asesino. (1)

Sale y entra el narrador.

NARRADOR: El discurso es de fecha 23 de septiembre de 1913. El 8 de octubre Belisario Domínguez es asesinado. Se supo que por órdenes de Huerta los criminales le cortaron la lengua antes de matarlo. (2) Entre los que también fueron asesinados, el gobernador de Chihuahua, Abraham González, el diputado Serapio Rendón y el periodista Solón Argüello. Al llegar a la presidencia de Estados Unidos, Tomás Woodrow Wilson afirma: “No reconoceré a un gobierno de carniceros”. (3)

Sale.

Diez

El artillero y el compadre, sobre todo el compadre, empujan el cañón a escena.

ARTILLERO: Otro poquito, otro poquito… Eso es… Más a la izquierda, más a la izquierda, vámonos para la izquierda; el cañón siempre a la izquierda… Gracias. Compadre, qué haría yo sin ti.

COMPADRE: Pa qué sacas el cañón. Bueno, ahí tú sabes. Nos vemos.

Sale.

ARTILLERO: Ya se enojó el compadre… Pos sí, mi Sebas, esos jijos que mataron al señor Madero son ahora los que mandan… Cómo te sientes aquí, ya te hacía falta salir… Mejor te vuelvo a esconder, no sea que alguien te vea…

Se dispone a empujar el cañón hacia afuera, pero entró un zapatista y está ahora frente a él.

ARTILLERO: ¡Ay, nanita! Digo, cómo está usted, muy buenas tardes.

ZAPATISTA: ¡No te hagas el chistoso! ¿Qué haces con ese cañón?

ARTILLERO: ¿Con ese cañón? Nada, no hago nada… Lo saqué nada más un ratito para que el diera el aire.

ZAPATISTA (Amenazador.): ¿El aire?

ARTILLERO: Está descompuesto… Saqué al Sebas un rato para darle una pulidita (Saca un trapo del bolsillo y se afana en limpiar el cañón.) No está cargado. El Sebas es mi cañón. Se llama Sebastián, pero de cariño le digo Sebas… No sirve. Está descompuesto.

ZAPATISTA: ¿Te quieres pasar de listo? (Lo agarra por la camisa.) ¿Quién eres?

ARTILLERO: ¿Yo?… Pos soy un artillero, por eso tengo mi cañón. Maderista, señor, soy artillero maderista.

ZAPATISTA (Lo avienta.): A Madero ya se lo echaron. Ya no hay Madero.

ARTILLERO (Apurado): Tiene razón, ya no hay Madero. Pero se me quedó el cañón. Lo escondí por lo que pueda ofrecerse… Soy maderista retirado, así como jubilado… Oiga, qué se me hace que usted anda peleando contra el general de la Huerta.

ZAPATISTA: El chacal Huerta, ese desgraciado.

ARTILLERO: Cabrón desgraciado, asesino del señor Madero.

ZAPATISTA: ¡Asesino del señor Madero!

ARTILLERO: Ya ve, estamos de acuerdo. Deme una manita y nos llevamos al Sebas. Aquí nomás, lo tengo guardado. (Empujan primero los dos, después va solamente el zapatista.) Órale, empuje recio, más, más, otro poquito…

ZAPATISTA: Está algo pesado, ¿no?

ARTILLERO: Ni tanto, ni tanto…

ZAPATISTA: De veras, muy pesado. (Lo saca de escena.)

ARTILLERO: Muy bien, muy bien… Gracias, compadre.

ZAPATISTA: ¡Cómo que compadre! Qué te pasa.

ARTILLERO: Perdón, es que así me ayuda a veces mi compadre, perdone usted, Señor.

ZAPATISTA: Cuál señor, no seas büey, ¿qué me veo como un señor?

ARTILLERO: No, señor, no se ve usted como señor, se ve como soldado, digo, como general, un general de los buenos.

ZAPATISTA: ¡Soy soldado! ¡Que viva mi general Zapata!

ARTILLERO: Y qué anda haciendo usted aquí. Su gente está en el sur. Aquí lo van a agarrar.

ZAPATISTA: Ése es asunto mío. Qué, ¿no te pareció?

ARTILLERO: Sí, mi general, no se enoje.

ZAPATISTA: (Saca su pistola.) ¿No eres zapatista?

ARTILLERO: Zapatista, sí, mi general, mi soldado. ¡Que viva mi general Zapata!, le juro que soy zapatista. Pregúntele a sus compañeros. Pregúntele a éstos. Zapatista , mi general, se lo juro, pregúnteles a éstos.

ZAPATISTA: ¿A quiénes?

ARTILLERO: Ah, pos ya se fueron… Digo, creí que venía usted con otros soldados… ¿Vino con otros?

ZAPATISTA (Apunta al artillero.): Ése es asunto mío.

ARTILLERO (A punto de llorar.): ¿Me va a matar, mi general?

ZAPATISTA: Todavía no lo decido… Si mi consensia me dice que te quebre, te quebro. Si no, non te quebro. (1)

Le pone la pistola en la sien. Quedan el artillero temblando y el zapatista terrible en su amenaza, riendo.                                            OSCURO

 

Once

Al Espacio 1 entran con sus rifles 5 campesinos guerrilleros, entre ellos el campesino viejo, una campesina vieja y una campesina joven. La vieja queda con su campesino viejo y la joven, con su pareja, el campesino guerrillero 5. (1)

CAMPESINO 1: Está fuerte el sol.

CAMPESINO 2, VIEJO: Andamos cansados. Anoche estuvo recia la pelea.

VIEJA: Date de santos que regresaste, viejo.

VIEJO: Pos sí, gracias a Dios.

JOVEN: Ya no te vayas Jelipe; en una de éstas no vuelves.

5: Pos ni modo, mujer, tenemos que luchar contra esos federales jijos.

3: Ora sí, nos trajimos sus rifles.

4: Ya no somos campesinos.

1: Somos guerrilleros.

4: ¡Soldados de mi general Zapata!

3: Hay que darles en la torre a los federales.

JOVEN: Ésos de Huerta son muy asesinos. Ya no te vayas, Jelipe, al cabo que acá tenemos algo de maíz y tierra.

5: Pero no son nuestros, Micaela. Hay que luchar pa que vivan mejor nuestros hijos.

JOVEN: Sí, Jelipe.

4 (Al 5.): Que anduviste en Anenecuilco.

5: En San Miguel Anenecuilco. Allí vi la casa donde nació mi general Zapata.

4: ¿Y cómo es?

5: Ladrillos y tierra mojada… El cielo muy azul. Y muchos árboles.

4: Así como nuestros jacalitos. Ha de estar bonita.

Entra la Coronela, con fusil y cartucheras.

CORONELA: Buenos días. ¿Consiguieron más rifles?

1: Sí, mi coronela, se los quitamos a los pelones.

CORONELA: ¿Cuántos, trajeron?

1: Quince

3: El ataque fue por sorpresa.

4: Así es como nos sale mejor.

5: Hallamos desprevenidos a esos desgraciados federales y nos pudimos hacer de rifles. Pero ya no alcanzamos a llevamos municiones.

VIEJO: Llegaban los refuerzos y tuvimos que salir huyendo.

1: Nada mas quince rifles, mi coronela.

4: Nomás quince rifles, mi jefa.

CORONELA: Estuvo bien. Teníamos ya treinta y nuestro contingente apenas es de 50 hombres. A la próxima nos traemos más armas. También hay que reclutar más gente. No queremos ser 50 campesinos guerrilleros, ¡sino trescientos!

VIEJO: ¡Ah, jijos! ¿Trescientos?

CORONELA: Y más todavía. También nos hacen falta cañones.

3: Eso va a estar más difícil.

CORONELA: Nada es difícil; todo es posible. Mañana temprano platico con ustedes. Ahorita me voy al pueblo de junto a ver si nos unimos con el grupo de ellos. También les voy a pedir municiones.

1: Voy con usted, mi jefa.

CORONELA: Ustedes los hombres quédense aquí, no vaya alguien a reconocerlos, por lo de anoche.

1: Lo que usted diga, jefa.

CORONELA: Ahí tengo dos caballos. Vente tú conmigo, Micaela.

JOVEN: ¡Sí, mi jefa! Pero… ¿y Jelipe?

CORONELA: Pos aquí lo dejas, ya está grandecito.

5: Vete con ella. ¿Que no oíste a la coronela?

JOVEN: Sí, Jelipe.

3 (Se acercó a la coronela.): Está muy buena mi coronela.

CORONELA: Órale, tú, respétame, o te meto una bala entre los ojos.

3: No se enoje, mi jefa. Estaba nada más jugando.

CORONELA: Sí, yo también… Pero acá no se trata de jugar.

3: Fue nada más como una flor que le eché.

CORONELA: Acá no echamos flores. ¡Acá estamos peleando por lo nuestro!

3: Sí, mi jefa… (Se aleja unos pasos, pero voltea otra vez hacia la coronela.) De todos modos, está muy buena, mi coronela.

VIEJA: Coronela, yo también voy con usted.

VIEJO: Estate silencia.

VIEJA: ¿Por qué?  Yo también quiero irme a la guerra, como los hombres.

VIEJO: ¡Como los hombres! Hasta risa me da.

CORONELA: No vamos a la guerra, nada más al pueblo de junto.

VIEJA: Pos aunque sea.

VIEJO: ¡Estate silencia!

VIEJA: Ya me cansé de quedarme aquí nada más esperando y sufriendo, a ver a que horas te quebran.

VIEJO: Ni Dios lo mande.

VIEJA: ¿Puedo llevarme un rifle, mi coronela? (Le quita su rifle al viejo.)

CORONELA: Puedes venir con nosotras, pero déjale el rifle a tu hombre. A lo mejor lo necesita. Por acá andan los federales, cerca.

VIEJA: ¡Toma! (Devuelve el rifle.) Ahorita vengo.

VIEJO: ¿Pero no te das cuenta de que eres una anciana?

VIEJA: ¿Una anciana?

VIEJO: Ya ni puedes montar a caballo.

VIEJA: ¿No? Ahorita mismo me voy, pa que veas que sí puedo.

VIEJO: ¡No te vas!

VIEJA: Ay, sí, tú, muy macho.

VIEJO (Va hacia ella.): ¡Claro que muy macho! ¿Quieres que te lo demuestre?

VIEJA: No, no, no, perdóname, viejo.

VIEJO (Conquistador.): No se me asuste… Nada más le iba a mostrar que sí soy macho.

VIEJA (Coqueta.): ¡Ah, era para eso!… Pero si ya estamos viejos.

VIEJO: Tú estás vieja. Yo todavía aguanto.

VIEJA: Pos ya no me voy. Órale, papacito, te tomo la palabra.

VIEJO: Se me hace que siempre no. Mejor otro día.

VIEJA: ¡Ningún otro día! Ora me cumples.

CORONELA: Mientras te cumple, nosotras nos vamos. Vente, Micaela.

JOVEN: Nos vemos, Jelipe.

5: Nos vemos.

CORONELA: Muy aguzados con los federales. Antes de la noche estaremos de regreso.

Salen la coronela y la campesina joven.

VIEJA: Qué pasó, viejo, te estoy esperando.

VIEJO: Ni modo, vamos… Aunque sea de mientras.

VIEJA: ¿Cómo?

VIEJO: Mientras me hallo a otra más joven… Mira, vieja, mejor que sea mañana, ora ando cansado. Anoche hubo combate.

VIEJA: Entonces me voy con mi coronela al pueblo. Por ahí tengo una mula amarrada. Pa que veas que sí puedo montar. ¡Espérenme! …

Sale tras la otras mujeres.

VIEJO: Ah, qué mi vieja tan necia. .

1: Ya oyeron lo que dijo la coronela. Necesitamos más armas. Y más gente.

4: Estos rifles ya están muy traqueteados, pero todavía sirven.

1: No depende del rifle, sino del hombre. Depende de cómo lo manejes.

4: Mañana salimos otra vez, a ver qué armas nos traemos.

3: (Estaba en un extremo y se acerca corriendo.) ¡Aguas!,ahí vienen los federales.

1: ¿Los federales ? ¡Rápido, escondan los rifles!

Todos corren a esconder los rifles y regresan con palas. Apenas les da tiempo, porque entran 2 soldados huertistas.

HUERTISTA 1: ¿Qué andan haciendo aquí? ¿Quiénes son ustedes?

CAMPESINO 1: Campesinos, mi jefe, somos campesinos.

HUERTISTA 2: ¿Campesinos? ¿Y por qué no están trabajando?

VIEJO: Sí estamos trabajando, mi jefe, sólo que está fuerte el sol y pos … como que nos dimos un descansito.

HUERTISTA 2 (Burlón.): Conque un descansito.

CAMPESINO 1: ¡Ya vamos a darle duro otra vez, mi jefe! (Empuñan las palas y a ritmo acelerado se ponen a trabajar la tierra.)

HUERTISTA 1: ¡Basta! Pongan atención a lo que voy a decirles. Ayer un grupo de guerrilleros zapatistas atacó un campamento nuestro. ¡Un campamento de soldados de mi general Huerta!

HUERTISTA 2: Esos zapatistas jijos han de andar por aquí cerca.

HUERTISTA 1: Queremos que nos informen si los han visto… Nomás me mienten y los quiebro. ¿Dónde andan los zapatistas?

CAMPESINO 3: ¿Los zapatistas?

4: ¿Los guerrilleros?

1: Pos no los hemos visto, ¿verdad tú?

5: No los hemos visto, mi jefe.

1 (Al Viejo.): Tú tampoco los viste, ¿verdad?

VIEJO: No, pos yo a qué horas, acá trabaje y trabaje todo el día.

1:Ya ves, dicen estos señores que por allá anduvieron lo guerrilleros.

4: Qué barbaridad.

5: No, pos aquí ni sus luces.

3: ¡Tanto guerrillero que anda suelto!

VIEJO: ¡Qué vamos a hacer con este país nuestro! 

HUERTISTA 1: ¡Ya basta!

1: Verdad de Dios, no hemos visto a nadie.

HUERTISTA 2: Si nos mienten, dense por muertos.

HUERTISTA 1: Vámonos. (Va a salir pero regresa) Los zapatistas han de andar cerca. Si los ven nos mandan avisar al pueblo. Mientras, los hacen prisioneros.

1: ¿Pero cómo? No tenemos armas.

HUERTISTA 2: A ver cómo le hacen. Los amarran y nosotros venimos a echárnoslos.

HUERTISTA 1: Más les vale obedecer.

3: Sí, mi jefe, obedecemos.

5: Voy por reatas para amarrarlos.

HUERTISTA 2: ¡Aquí te quedas!

5: Me quedo.

3: Aunque sea correteamos a los zapatistas con las palas.

HUERTISTA 1: Más les vale no tratar de engañarnos.

HUERTISTA 2: Más les vale.

Salen.

5: ¡Yo me voy!

1: ¡Espera! ¡Tienen más gente, te van a agarrar! (Pero ya  el campesino 5 salió.)

VIEJO: Ah, jijos, qué miedo pasé.

1: Ora sí, nos andan buscando. Mejor vámonos cada quien para su casa. Hay que llevarnos los rifles, aquí podrían encontrarlos.

Van por los rifles, pero apenas los toman aparecen frente a ellos los soldados de Huerta, que les apuntan con sus armas.

HUERTISTA 1: ¡Suelten esos rifles! (Los campesinos dejan caer los rifles.) ¡Levanten las manos!

HUERTISTA 2: (Burlón): Qué pasó con esos guerrilleros. ¿Siempre sí los encontraron?

HUERTISTA 1: Pos sí, aquí estaban… Aquí nada más frente a nosotros. (Apunta a los campesinos.) ¡Allá, contra el árbol! ¡Vamos, de prisa, contra el árbol!

Obedecen los campesinos y quedan apelotonados contra el árbol, con la manos en alto. Los soldados se colocan, con sonrisa cruel, como máscara en sus rostros, apuntándoles.

HUERTISTA 1: (Burlón.) Pueden bajar las manos. (Los campesinos obedecen.) ¡Fuego!

A base de mímica y sin que se produzcan explosiones, los soldados disparan varias veces sobre los campesinos; uno que todavía se mueve es liquidado. No fue fusilamiento sino matanza. Quedan formando el grupo plástico de los «quebrados», medio incorporados, como racimo, recargados en el árbol.

HUERTISTA 1: Buen trabajo.

HUERTISTA 2: Nos llevamos los rifles, nos pueden servir.

HUERTISTA 1: Seguro. (Recogen las armas que están en el suelo.) Vamos por el que andaba huyendo.

Salen.

Oscuro. Pero de inmediato vuelve a subir la luz y a la vista del público salen los campesinos guerrilleros. Al espacio 4 entra otro campesino y queda sentado en el maguey.

NARRADOR (Entrando.): Cuatro campesinos muertos… Pero son muchos más. Son muchos, los quebrados… El campesino en su maguey lleva años ahí. Sabe que la muerte anda cerca. Sabe que algún día él será el quebrado. Espera con la tranquilidad sublime del que sabe que no se va a poder salvar, que la Revolución va a terminar con él. Espera la muerte, sin decir nada. Una tarde, en 1919, se enterará de que en la hacienda de Chinameca mataron a Emiliano Zapata. Para el campesino en su maguey no hay paso del tiempo. Después o antes, en 1910 o el día de hoy, el campesino se lamenta cuando ya su dolor no aguanta. Y para lamentarse, el campesino canta.

Sale. El campesino se levanta y recita.

CAMPESINO EN EL MAGUEY:

Una rana en un charquito cantaba en su serenata:

-¿Dónde hubo un charro mejor que mi general Zapata? (1)

Vuelve a sentarse en el maguey. Entran los dos soldados de Huerta del cuadro anterior con el campesino 5. Es Jelipe, con las manos atadas a la espalda. A empujones lo obligan a subir al espacio 3 . Toman una reata y se disponen a colgarlo.

HUERTISTA 1: Ora sí, desgraciado, vas a ver como te va.

HUERTISTA 2: Pinche cabrón, hijo de tu madre.

HUERTISTA 1: Vas a ver lo que hacemos nosotros con los campesinos guerrilleros.

HUERTISTA 2: A poco de veras creíste que te nos ibas a escapar.

HUERTISTA 1: Esto les pasa a los que andan cargando rifles en contra de mi general Huerta. Mi general Victoriano Huerta es nuestro padre.

HUERTISTA 2: Ora vas a sentir lo que hacemos con los zapatistas.

HUERTISTA 1: ¡Muérete ya!

Lo cuelgan.

HUERTISTA 2: Otro más al que le dimos su merecido.

HUERTISTA 1: Para que aprendan.

Salen. Entró Audio musical que irá subiendo. El colgado se balancea, suspendido de la cuerda. El campesino que presenció la escena se levanta de detrás del maguey, toma un fusil.

NARRADOR (Entrando, lee el script.): El campesino lleva mucho tiempo esperando. La muerte de los suyos, la tiene viva en su sangre. Ya no se queja ni canta. Acompañado de sus muertos, se lanza al combate. La Revolución crece, invade el país y el teatro.

Sale. El campesino apunta con su fusil hacia el lugar por donde salieron los soldados. Viene el oscuro en el Espacio principal después en el área del colgado, finalmente en la del campesino armado.

 

 

Doce

La periodista y el narrador, en extremos opuestos.

PERIODISTA: Pancho Villa, Emiliano Zapata, Álvaro Obregón y Pablo González destacan en la lucha contra Victoriano Huerta, que finalmente tiene que disolver su gabinete y salir del país.

NARRADOR: A ése no lo asesinaron. Nada más se fue.

PERIODISTA: En agosto de 1914 Venustiano Carranza entra a la capital y asume el Poder Ejecutivo.

NARRADOR: Pero tiene ya una mala relación con Villa y con Zapata.

PERIODISTA: La Convención de Aguascalientes desconoce a Carranza. (1)

NARRADOR: Pero Carranza desconoce a la Convención y establece su gobierno en Veracruz, con el apoyo de Álvaro Obregón y de Pablo González. Hay dos gobiernos. El carrancista y el convencionista.

PERIODISTA: A nivel internacional, México está solo con sus problemas. Se ha declarado la guerra mundial.

NARRADOR: Las tropas de Villa y de Zapata entran a la ciudad de México y los dos caudillos se encuentran el 4 de diciembre.

PERIODISTA: En Xochimilco.

Sale.

NARRADOR (Iba a salir, pero regresa y lee el script de la obra): Al espacio principal entran Villa, con 4 soldados villistas, y Zapata, con 4 soldados zapatistas.

Entran los personajes anunciados y aguardan indicaciones.

NARRADOR (Sigue leyendo y dirige la escena.):Villa y Zapata quedan al centro y los soldados alrededor de ellos, frente a las salidas. (Los soldados se colocan). De cara a sus jefes. (Los personajes voltean de cara a sus jefes.) Los soldados no parecen participar en la escena entre los dos generales, sino más bien enmarcarla. El diálogo entre Villa y Zapata se basa en versión taquigráfica de la época. (2)

Sale.

VILLA: Siempre tuve preocupación de que ustedes, los zapatistas, se fueran a quedar olvidados, pues yo tenía empeño en que entraran en esta Revolución.  Los carrancistas son hombres que han dormido en almohada blandita. ¿Dónde van a ser amigos del pueblo, que toda la vida se la ha pasado de puro sufrimiento?

ZAPATA: Al contrario, han estado acostumbrados a ser el azote del pueblo.

VILLA: Con estos hombres no hubiéramos tenido progreso, ni bienestar, ni reparto de tierras, sino una tiranía en el país. Porque, usted sabe, cuando hay inteligencia, y se llega a una tiranía, y si es inteligente la tiranía, pues tiene que dominar. Pero la tiranía de estos hombres era una tiranía taruga y eso sería la muerte para el país.

ZAPATA: Por eso yo se los advierto a todos los amigos que mucho cuidado, si no, les cae el machete… Yo creo que no seremos engañados. Nosotros nos hemos limitado a estarlos arreando, cuidando, cuidando por un lado y por otro, seguirlos pastoreando.

VILLA: Yo muy bien comprendo que la guerra la hacemos nosotros, los hombres ignorantes, y la tienen que aprovechar los gabinetes; pero que ya no nos den quehacer.

ZAPATA: Los hombres que han trabajado más son los menos que tienen que disfrutar de aquellas banquetas. Nomás puras banquetas. Y yo lo digo por mí: de que ando en una banqueta hasta me quiero caer.

VILLA: Para el pueblo queremos las tierritas. Ya después que se las repartan, comenzará el partido que se las quite.

ZAPATA: Le tienen mucho amor a la tierra. Todavía no lo creen cuando se les dice: “Esta tierra es tuya”. Creen que es un sueño. Pero luego que hayan visto que otros están sacando productos de estas tierras dirán ellos también: “Voy a pedir mi tierra y voy a sembrar”. Sobre todo ése es el amor que le tiene el pueblo a la tierra. Por lo regular toda la gente de eso se mantiene.

VILLA: Ya verán como el pueblo es el que manda, y que él va a ver quiénes son sus amigos.

ZAPATA: Él sabe si quiere que le quiten las tierras. Él sabe por sí solo que tiene que defenderse. Pero primero lo matan que dejar la tierra.

VILLA: Nomás le toman sabor y después les damos el partido que se las quite. Pero yo creo que en lo sucesivo va a ser otra vida. Y si no, no dejamos esos máusers que tenemos. Yo aquí, juntito a la capital, tengo 40 mil mauseritos y unos 77 cañones.

ZAPATA: Está bueno.

VILLA: Me ocupé de comprar parque y dije: “Con la voluntad de Dios y la ayuda de ustedes, los del sur”. Porque yo nunca los abandoné, todo el tiempo estuve comunicándome. Yo soy un hombre que no me gusta adular a nadie, pero usted bien sabe tanto tiempo que estuve yo pensando en ustedes.

ZAPATA: Así nosotros. Los que han ido allá al norte, de los muchos que han ido, le habrán comunicado que allá tenía yo esperanzas. Él es, decía yo, la única persona segura, y la guerra seguirá porque lo que es aquí conmigo no arreglan nada y aquí seguiré hasta que no me muera yo y todos los que me acompañan.

VILLA: Pues sí, a ver ésos que saben de gabinete… Pues, hombre, hasta que me vine a encontrar con los verdaderos hombres del pueblo.

ZAPATA: Celebro que me haya encontrado con un hombre que de verdad sabe luchar.

Salen, seguidos de sus soldados, y entra el narrador, que ubicará el Palacio Nacional y una imaginaria silla presidencial.

NARRADOR: Después, Villa y Zapata hicieron una visita de cortesía al presidente Eulalio Gutiérrez, en Palacio Nacional, y Villa, bromeando, se sentó un momento en la silla presidencial, con Zapata a su lado.

Por otro extremo entran Villa y Zapata. Villa irá directo a sentarse en la silla, pero ve a Zapata y se hace a un lado.

VILLA: Emiliano, a ti te toca.

ZAPATA: No peleé por esto. Peleé por las tierras que se las devuelvan, a mí no me importa la política. (3)

VILLA: Yo no necesito de puestos públicos, porque no los sé lidiar.

ZAPATA: Se van a reconcentrar en sus comederos viejos.

VILLA: Aquí me van a dar la quemada, pero yo creo que les gano. Yo les aseguro que me encargo de la campaña del norte, y yo creo que a cada plaza que lleguen también se las tomo. Va a parar el asunto en que para los toros de Tepehuanes, los caballos de allá mismo. (4) (Contentos, muy amigos, se alejan.)

ZAPATA: Después de usted, general.

VILLA: No faltaba más, general, después de usted.

Salen.

NARRADOR: Pero también entre Villa y Zapata surge la discordia. La Revolución está escindida.

Trece

Al Espacio principal entran 2 soldados villistas que se colocan en un extremo. Al Espacio 4 entra el coronel Enrique Villa, zapatista. Al Espacio 2 entran 2 soldados de Carranza.

NARRADOR: (Prosigue.) Villa con su gente están ahora en Guadalajara, Zapata y los suyos en Puebla y Carranza con sus hombres sigue en Veracruz.

Sale.

Al Espacio principal entra Villa, en su mundo propio, alejado de su gente. Enciende un cigarrillo; sus villistas lo observan.

VILLISTA 1: Le gusta estar solo.

2: Ni tanto. Luego le hace falta con quien platicar.

1: En qué estará pensando.

2: Sepa.

Villa se aleja y sale.

1: Mientras volvemos a la pelea, hay que descansar un rato.

2: ¿Crees que mañana sigamos lejos del borlote?

1: No. A ver si hoy siquiera.

A su área entra Emiliano Zapata.

ZAPATA: Coronel Enrique Villa, mañana salimos a pelear contra los de Carranza. Ésta será nuestra última noche en el cuartel. Mañana tendremos como único refugio la aspereza de las montañas.

CORONEL: Montañas zapatistas.

ZAPATA: Montañas de tierra roja, arrasadas por las lluvias y quemadas por el sol. Montañas de herrumbre, cortadas de golpe. Montañas de sufrimiento y de hambre.

CORONEL: Montañas amigas.

ZAPATA: ¡Se me persigue como bandido! Me persiguen a muerte otros revolucionarios por el delito de procurar que coman a sus anchas los que siempre han tenido hambre, los que nunca han comido bastante. (1)

CARRANCISTA 1: ¿Y cómo ves eso de los dos gobiernos?

2: Hay un solo gobierno: el de don Venus. El nuestro.

1: Pero los de la Convención…

2: Esos no cuentan; los venceremos.

1: Pero Villa y Zapata…

2: Los villistas están perdidos. Y esos zapatistas no tienen dónde caerse muertos.

VILLISTA 1: Que se disgustó Zapata con nosotros los villistas porque noche a noche Rodolfo Fierro, por su cuenta y gusto, fusila a veinte coroneles zapatistas. (2)

2: ¿Nomás por eso se disgustó?

1: Y creo que por algún otro detallito más.

2: Es muy fijado el general Zapata.

1: Ora ya andamos de enemigos.

2: También de los carrancistas.

1: Pos también.

CORONEL: ¡La tierra libre para el hombre libre! Eso nos enseñaste, Emiliano Zapata.(3)

ZAPATA: Conque a ver, coronel Enrique Villa, explícame qué es eso del comunismo.

CORONEL: El comunismo quiere, por ejemplo, que todos los vecinos de un pueblo cultiven juntos, o en común, las tierras que les corresponden. Y que en seguida el total de las cosechas así obtenidas se reparta equitativamente entre los que con su trabajo contribuyeron a producirlas.

ZAPATA: ¿Y quién hace el reparto?

CORONEL: Un representante o una junta que elija la comunidad.

ZAPATA: ¡Ah!… Pues mira, por lo que a mí hace si cualquier tal por cual se entremetiera y quisiera disponer en esa forma de los frutos de mi trabajo, ese tal, sea quien fuere, recibiría de mí muchísimos… balazos. (4)

Bromeando, salen, mientras al espacio principal entra Carranza.

CARRANZA: (Al público.): Gracias, señores, por su valiosa colaboración. Anuncié hace un año mis propósitos de que se elabore una nueva Constitución, fundar el Banco del Estado y promulgar leyes que favorezcan al campesino y al obrero. Insistí también en el respeto que los pueblos poderosos deben a los que no lo son. (5) Recientemente hemos redactado y he expedido leyes sobre el municipio libre, el divorcio, la repartición de tierras, la explotación petrolera, la cuestión obrera… Creo que podemos decir que hoy comienza la Revolución social. (6)

Sale.

CARRANCISTA 2: Ya lo oíste. ¡Hoy comienza la Revolución social!

1: Regresaremos a la ciudad de México.

2: Un solo gobierno: el del Presidente Carranza.

VILLISTA 1 (Quedo, canta.): “La cucaracha, la cucaracha. . .” (Chifla el verso siguiente.)

2: ¿Y cuál es esa Revolución social de los carranclanes?

1: La de las leyes, ¿no?

2: Pa qué quieren las leyes. Habladores nada más

1: Aquí nosotros no hacemos política. Mejor peleamos con las armas. Peleamos por el pueblo.

2: También las leyes se hacen para el pueblo.

1: Órale, órale, a poco te me vas a volver carrancista.

2: ¿Yo? ¡Carrancista yo, un villista!

1: Como dice el jefe: Esos carranclanes nos quieren quitar hasta la libertad de consensia. (7)

VILLA (Entrando, a su gente.): Pídanle a Dios, mis muchachitos, nuestra victoria y cuando haya acabado con los carranclanes les construiré una carretera para ir a ver la Virgen de San Juan de los Lagos. (8)

2: ¡Ése es mi general Villa!

Sale Villa.

1:-Cuando fue gobernador ordenó confiscar tierras y propiedades de los terratenientes mexicanos más ricos de Chihuahua. Y que las ganancias fueran para el ejército y para las viudas y huérfanos de los muertos de la Revolución. (9)

2: ¡Ése es mi general Villa!

A su área entran Zapata y el coronel Enrique Villa, que prosiguen su conversación.

ZAPATA: La Revolución se inició con el apoyo de Dios y del pueblo. (10)

CORONEL: Así fue, mi general.

ZAPATA: Al que venga a querer tentarme con la Presidencia de la República, que ya hay algunos que me la medio ofertan, lo voy a quebrar. (11)

Sale.

CARRANCISTA 1: ¡Vámonos con Carranza!

2: ¡Con mi Presidente Carranza!

Salen.

VILLISTA 1: Tan cierto como que Dios existe, sigue la bola. ¡Ahora es Pancho Villa contra Carranza! (12)

2: Y contra Zapata.

CORONEL: Zapata contra Villa y contra Carranza. ¡Vámonos con mi general Zapata!

Sale.

VILLISTA 1: ¡Con mi general Villa!

2: ¡I… jajajai! ¡A la bola! ¡Vámonos a la bola!

1: ¡I… jajajai! ¡Con mi general Villa!

Salen

Catorce

Al Espacio 1 entran el artillero y su compadre, este último empujando el cañón. El artillero solamente da instrucciones.

ARTILLERO: Eso es, compadre, eso es, aquí es el lugar del cañón. Ya cada vez somos más rápidos. No te me desvíes, no te me desvíes, siempre a la izquierda…Ya estuvo. Aquí le puedo seguir haciendo la lucha, a ver si lo compongo.

COMPADRE: Pero compadre, si ya vas para dos años en eso.

ARTILLERO: Qué le hace. Algún día lo voy a componer.

COMPADRE: Ya olvídate del cañón, compadre. Abandónalo, pues.

ARTILLERO: Como que no me animo… (Al público.) Y ustedes qué dijeron, ¡al artillero ya se lo quebraron! Pos no, amigos, aquí estoy.

COMPADRE: Ora en qué negocio andas.

ARTILLERO: Me metí a lo de frutas y verduras, pero apenas se venden. Hay pocos ricos. Los otros no compran fruta, nomás taquitos de fríjol… O de sal.

COMPADRE: De aire.

ARTILLERO: Encontré una bodeguita abandonada y no tenía dinero para alquilarla, así que nomás le puse candado. Eso sí, pagué mi candado. Pero no he tenido problema. En la bodega quedó muy bien mi Sebas; ahí está bien guardado.

COMPADRE: Habías de olvidarte de él. Ya no eres artillero. Ya no somos soldados. Mira, ahora soy artista. Ando de pintor. Con tanto destrozo de la guerra, siempre hay alguna bardita que pintar.

ARTILLERO: Extraño mucho a mi Sebas, pero casi no lo saco para que no me meta en problemas… Ahorita lo tengo cargado.

COMPADRE: ¡A poco!

ARTILLERO: En serio.

COMPADRE: Mira, compadre, yo porque soy de la capital y aquí tengo a mi familia. Pero tú mejor habías de regresar a tu tierra. Ora que estuve por allá tu mujer Chonita me dijo que ya le andaba por que regresaras.

ARTILLERO: ¿Eso te dijo?

COMPADRE: Seguro. Habías de regresar con ella. Bien que te hacía tu comida sabrosa y te preparaba rico tus totopos.

ARTILLERO: La verdad, a la Chonita todavía la quiero… Y qué más dice la Chonita.

COMPADRE: Nada más. La dejaste por andar de artillero. Pero ella no se fue con otro, eso no. La Chonita te sigue siendo fiel.

ARTILLERO: ¡Claro que me es fiel, nomás eso faltaba!

COMPADRE: Regresa con ella y le haces un hijo, así como el mío que me bautizaste.

ARTILLERO: Taría güeno…Pero como que en la capital ya tengo mi querencia. Aquí a veces me siento como que voy a ser artillero otra vez. ¡Artillero de la Revolución!

COMPADRE: Cuál Revolución. Ora ya son muchas revoluciones.

ARTILLERO: Sí, ora son todos contra todos. Villa y su División del Norte contra Carranza. Carranza contra Villa y contra Felipe Ángeles. Zapata contra Carranza, pero también Villa contra Zapata y Zapata contra Villa y Obregón con los carranclanes. Pero veremos en qué va a parar todo esto. Porque también hay carrancistas metidos de villistas y zapatistas metidos de obregonitas. Además de los alzados por su cuenta. (1)

COMPADRE: Ya esto ni quien lo entienda.

ARTILLERO: Es la bola, compadre, es la bola.

COMPADRE: ¡Ah, jijos, ahí vienen!

ARTILLERO: ¿Quiénes?

COMPADRE: Los soldados.

ARTILLERO: ¿Qué soldados?

COMPADRE: ¡Vámonos, manito; córrele, compadre!

Sale corriendo.

ARTILLERO: Perdóname, Sebastián, ahorita regreso. (Pero ve a los soldados acercarse, fuera de escena.) Demasiado tarde. Mejor me escondo.

Se esconde y cruzan el escenario, eufóricos, 6 villistas en la capital.

VILLISTAS:

—Terminamos con los catrines.

—Vamos por más.

—Aquí adelante hay más pacíficos escondidos en sus casas.

—Entramos y acabamos con ellos. Nos quedamos con todo lo que tengan.

—Yo pido mano con las viejas.

—A como nos toque. Todas para mí ninguna para ti.

— ¿Ninguna?

—Ya saben, todo se reparte parejo.

Salen, menos el que protesta.

VILLISTA: Se reparte parejo…

Sale también. Poco a poco, el artillero asoma.

ARTILLERO: Carajo… Quien quita y sean zapatistas… Podrían ser villistas, pero no se ven Dorados… Carrancistas, pero esos no andan tan mugrosos… Carajo, con la bola me hago bolas. (Se enoja con un espectador.) Qué, ¿le da risa? Ya quisiera verlos a ustedes en la bola… Bueno, no quisiera, pero a ver cómo le hacían. Aquí esto está color de hormiga. Mejor me voy. Regreso, Sebastián, no te me achicopales, perdóname por abandonarte, te prometo que regreso.

Va a salir, pero regresan dos villistas con sus rifles.

VILLISTA PRIMERO: Se me hace que por aquí vi un cañón… Ah, pos aquí está. ¿Tú qué andas haciendo con este cañón?

ARTILLERO: ¿Yo? Nada, mi jefe, nada. Éste ya no dispara. Ahora los dos estamos jubilados.

PRIMERO: ¿Jubilados?

ARTILLERO: Era yo artillero con los maderistas, pero ahora ando en lo de frutas y verduras. El cañón ya no sirve; tengo que arreglarlo.

PRIMERO: ¿Arreglarlo? ¿Para disparar contra quién?

ARTILLERO: Contra nadie, mi jefe, contra nadie.

2: Me parece sospechoso.

PRIMERO: A mí también.

ARTILLERO: ¿Sospechoso? No, señor, para nada.

PRIMERO: Cuál señor, aquí no hay ningún señor. ¡Somos soldados!

ARTILLERO: Soldados, sí señor, soldados. En eso ya tengo experiencia. ¡Que viva mi general Zapata!

PRIMERO: (Se acerca y le apunta con el rifle). ¿Zapata?

ARTILLERO (Desesperado.): Mi general Carranza, ¡Que viva mi general Carranza!

2 (Burlón.): A ése ni lo vamos a dejar entrar a la capital.

PRIMERO: Ora si te mueres.

ARTILLERO:¡Arriba mi general Pancho Villa! ¡Viva Villa!

PRIMERO (Se aleja unos pasos.): ¡Viva Villa! ¿Por que no lo dijiste antes?

ARTILLERO: Es que estoy hecho bolas.

2: Me parece sospechoso.

PRIMERO: Se me hace, cabrón, que ya firmaste tu sentencia

ARTILLERO: No le haga, mi jefe, mi coronel… Mira, Sebastián, aquí están mis amigos, estos cuates son villistas como nosotros, son mis amigos.

2: ¿Con quién hablas? ¿Quién es Sebastián?

ARTILLERO: ¿Sebastián? Pos es mi cañón. Le puse así por un primo que yo tenía y lo quería mucho, pero se fue con la Revolución y lo quebraron. Pobre Sebas, igualito a éste, nunca disparaba.

PRIMERO:¡Ya basta!

2: Nos lo echamos, ¿no?

ARTILLERO: Pero por qué, mi jefe, mi coronel, mi soldado, por qué me quieren matar.

PRIMERO: Eres artillero, ¿no? Y tienes un cañón.

ARTILLERO: Está descompuesto, desde que murió el señor Madero. Le juro que no dispara. No sirve.

2: (Burlón.) ¿No sirve?

ARTILLERO: Miren, vean. Les voy a mostrar que no dispara… Ahora ando en lo de la frutas y verduras… (Prende la mecha del cañón.) Les digo que no dispara.

Terrible detonación. El artillero cae sentado. Los villistas prácticamente se tiran de cabeza para hacerse a un lado.

ARTILLERO: ¡Ah chirrión, sí disparó! (Se levanta feliz.) ¡Disparaste, Sebastián, disparaste!  Ora sí podemos andar juntos, puedo volver a ser artillero. ¿A dónde vamos, mi Sebas? ¿Por dónde anda la bola?

2 (Furioso.): ¿Cuál bola?, desgraciado.

ARTILLERO: Pos la de siempre, ¿no? O bueno, otra bola distinta, ya a nada le entiendo nada.

PRIMERO: Pos entonces te mueres, por büey. (Le dispara. El artillero cae.)

ARTILLERO: Siempre sí me quebraron. (El villista le dispara otra vez.) Adiós, Sebastián.(Muere.)

2: ¡Por buey!

PRIMERO: Nos llevamos el cañón, nos puede servir.

2: Ya vimos que sí dispara.

PRIMERO: Y a éste también nos lo llevamos. Lo ponemos sobre el cañón y por ahí lo botamos con los demás muertos.

2: Órale. (Entre los dos ponen al artillero sobre el cañón.)

PRIMERO: Vámonos. (Se alejan, empujando el cañón.)

2: Quién quita y nos compren el cañón.

PRIMERO: Quien quita.

2: A éste lo botamos con los demás muertos.

Salen. Por otro extremo entra el compadre. Se queda viendo al lugar por donde se llevaron al artillero.

COMPADRE: Te lo dije, compadre. Te hubieras ido a tu tierra, compadrito, compadre…

Da media vuelta y sale rápido, a la vez que se inicia el cuadro siguiente.


Quince

NARRADOR (Entrando.): Los villistas habían peleado duro contra Huerta. En Torreón vencieron al enemigo después de 14 días de combates. Poco antes de la victoria, la infantería está extenuada.

Sale. Al Espacio principal entraron con sus rifles, sosteniéndose apenas en pie 2 villistas en Torreón. El primero suelta el rifle y muere.

VILLISTA 2: No le hagas, mano, no te mueras… (Pero se da cuenta de que ya murió.) Me lleva la chingada… Manito, no te mueras… Ahí nos vemos, hermano; ahí nos vemos pronto. (No puede más, queda en el suelo, con la cabeza apoyada en los pies del muerto y el rifle entre las piernas. Llora. Así se quedará dormido.)

Fuera de escena otros hombres se acercan. Entran con sus rifles los villistas 3, 4, 5, y 6. Agotados, se dejan caer al suelo. (1)

3: Estuvo duro toda la noche.

4: Hicieron con nosotros una carnicería.

5: Pero les vamos a ganar.

6: Desgraciado cabrón, ese Huerta.

5: Los villistas les vamos a ganar.

3: En el canal vi a muchos de los nuestros, tirados boca abajo, sacando agua sucia en el hueco de sus manos. (2)

4: Ya mero amanece.

3: Junto a la vía del ferrocarril hay un tanque de agua.

6: Nomás que dejen de disparar.

5: Cuando dejen de disparar vamos por el agua.

3: Oí galopar a los nuestros durante toda la noche El galopar de los caballos me pone a soñar a veces… Pero creo que no era sueño. Era un galopar de guerra.

4: No hay revolución sin caballos.

6: Voy a tirar al blanco. (Se dirige hacia un extremo y ubica un blanco fuera de escena).

3: Oí galopar a los nuestros toda la noche… Era un galopar de guerra.

4: Nosotros somos de infantería.

3: Total, se muere uno lo mismo.

5: Pero en lo que te mueres, a caballo vives mejor.

4: El hambre está canija. Ni quien pueda dormir. (Saca una baraja.) Mejor vamos a jugar a las cartas.

5: Ya vas.

6 (Dispara.): Le atiné. Nomás pienso que es un federal y le atino. (Risa nerviosa y se instala de cara a su blanco.)

3: A ver qué dicen aquellos dos. (Va hacia el villista 2.)

4: ¡Te quedaste con 6 cartas!

5 (Las muestra.): Son cinco.

4: No hagas trampa.

5: ¡Jamás!

3 (Al 2.): ¡Órale, tú, despierta!

2 (Toma su fusil y se levanta de un salto.): ¡Suéltame, desgraciado, te vas a morir!.

3: Qué te pasa. Somos de los tuyos, somos villistas.

2 (Feliz.): ¿Villistas? ¡Villistas de mi general Pancho Villa!

3: Pos de cuál otro, ¡de Pancho Villa! (Se acerca al Villista 1): ¿Y éste? ¿Está muerto?

2: Muerto, sí. (Ríe y se acuesta.)

3: Y tú estás borracho.

2: ¿Ves cuántas estrellas, allá arriba? … Muchas estrellitas juntas, ¿no es cierto?… Así es el cielo de nuestro México, muy bonito y muy azul, con muchas estrellas… ¿Ves el cielo? (Brusco, se pone en pie.) No está hecho para nosotros. Somos pura carne de cañón. Nosotros estamos aquí para morir. El cielo no es para nosotros… Pero se ve hermoso, como transparente, ¿no?, como que ya va a tener más luz porque ya pronto amanece. Y las estrellas… ¡No, no estoy borracho! Ojalá estuviera borracho. Dame con qué emborracharme. ¿Traes con qué?

3: Ni siquiera agua traemos. No hemos comido ni bebido desde ayer.

2: Yo ni sé desde cuándo.

Disparo del que tira al blanco.

6: Pienso que es un federal y le atino…

3: ¿Llevan mucho tiempo aquí?, digo, tú y éste.

2: Creo que sí. Mucho tiempo, creo que sí.

3 (Hace ademán de espantar moscas sobre el cadáver.): Hay que espantarle las moscas.

2: Ya ni las siento.

3: Órale, tú, estás llorando.

2: Era mi amigo… ¡No lloro, pinche buey, no lloro! Cuándo has visto llorar a un hombre, y menos a un soldado. No lloro, nomás veo las estrellitas, ¿te das cuenta?, las estrellitas nomás. (Se sienta.)

3 (Se sienta a su lado.): De acuerdo. ¿Quieres un cigarro?

2 (Sí lo quiere.): ¿Tienes cigarros?

3: Tengo uno. Bueno, tengo medio (Lo parte y se lo ofrece.)

2 (Ve a su amigo muerto; no toma el cigarro.): Gracias, manito, de veras gracias.

3: Tengo un cerillo. (Lo muestra.) ¿No fumas ?

2: Ahora no… Creo que no.

5· (Al 4): ¡Perdiste!

4 (De pie.): ¡Sigues haciendo trampa!

5·(De pie.): Bueno, y qué. No había apuesta.

4: Que no vuelva a suceder.

5: No había apuesta.

4: No, pos ya qué apostamos … ¡Que no vuelva a suceder!

5: Cálmate. No se puede ganar siempre. (Se sientan y siguen jugando.)

Otra vez el que tira da en blanco. Ríe, cada vez más nervioso. Los de la baraja lo miran y siguen jugando.

5 (Sin entusiasmo.): Par de ases.

4 (Mismo tono.): Ni hablar, ganaste.

(Va hacia su amigo muerto y grita.) ¡Hay que llevar a éste a enterrar! (Todos voltean a ver al soldado 2 y al muerto.)

3: Ya se está mosqueando.

2 (Angustiado): Al rato todos nos morimos.

3: Ora verás, cuando se acaben los disparos te ayudamos a enterrarlo.

2: Al rato, todos nos mosqueamos… (Sigue riendo. Ahora todos ríen, con la misma angustia. Y de pronto las risas se cortan.)

OSCURO

Dieciséis

En el Espacio 3, El estudiante y la estudiante.

LA ESTUDIANTE: Que la Revolución no te me arrebate.

El ESTUDIANTE: No te aflijas.

Al Espacio 1 entran 3 villistas de 1916.

VILLISTA 1: ¿Falta mucho?

VILLISTA 2: Aquí a la vuelta.

VILLISTA 3: Méndigos carranclanes.

VILLISTA 1: Pos sí, ora el enemigo es Carranza.

LA ESTUDIANTE: Quizás porque somos estudiantes no te lleven.

El ESTUDIANTE: ¿Estudiantes? Nos va peor. (Ella se aleja y él queda de espaldas contra un muro.)

VILLISTA 3: ¿Falta mucho?

VILLISTA 2: Aquí a la vuelta.

VILLISTA 1: Ya llegamos. (Se sientan en el suelo.)

LA ESTUDIANTE: Siempre estás así, recargado en el muro… A los que fusilan los ponen contra un muro.

EL ESTUDIANTE: No me han fusilado … Todavía.

LA ESTUDIANTE: Pero te la pasas aquí contra el muro, callado… Que la Revolución no te lleve, ¡no te me arrebate!

EL ESTUDIANTE: ¡Revolución de brazos, costillas, manos! Los que ya acabaron de llorar. Rostro moreno. Bugambilia rota. ¡Todo roto! Estremecerse. Pero todavía respirar.

LA ESTUDIANTE: Te la pasas contra el muro…

EL ESTUDIANTE: ¡Revolución de brazos, costillas, manos! Los que ya acabaron de llorar.

Sale rápido, y ella tras él. Los villistas se apresuran a ponerse en pie porque entra Villa.

VILLISTA 2: ¿No trae un cigarrito, mi general?

VILLA: Venía a pedirles uno. Quedó vacío el tren con los sacos de harina, café, maíz, azúcar, tabaco … Qué, ¿les pareció mal?

VILLISTA 2: No, mi general, no, cómo va a parecemos mal si usted así lo manda.

VILLA: Lo repartimos todo para alimentar a la gente de nuestro campo. A ver, tú, dame eso… (Le quita la cantimplora al soldado 1, que bebía, y bebe él.)

VILLISTA 1: Pero, mi general …

VILLA (Termina de beber y le regresa la cantimplora): Toma.

VILLISTA: Pos ya no me dejó usted nada. Está vacía.

VILLA: Ve al río y dile que tienes permiso de Pancho Villa para llenarla. (1)

VILLISTA: ¿Le digo a quién?

VILLA: ¿Qué no oíste?

VILLISTA: ¿Le digo al río que tengo permiso?

VILLA (Amenazador.): ¿Obedeces o no?

VILLISTA (Apurado.): Sí, mi general, ya me voy. Voy a decirle al río que mi general Pancho Villa me dio permiso.

Sale.

VILLA: Muchachos, buenas noches.

VILLISTA 2 (Se le cuadra y hace saludo militar.): ¡Mi general!

VILLA: Cuidadito y se me duerman.

VILLISTA 3 (Saludo.): ¡No, mi general, no nos dormimos! ¡Buenas noches, mi general!

Enigmático, sonriente, Villa se aleja y sale.

VILLISTA 2: Nada más porque mi general Villa mató a unos cuantos gringos, el presidente Carranza lo declaró fuera de la ley. Y al rato, nada más porque se dio una vuelta por los Estados Unidos, nos mandaron quesque la Expedición Punitiva. (2)

VILLISTA 3: Pero los mexicanos les ganamos a los de Pershing.

VILLISTA 2: Mi general Villa se le pierde al general Pershing. Día a día el parte que recibe es el mismo: “Tengo el honor de informar a usted que Francisco Villa se encuentra en todas partes y en ninguna”. (3)

VILLISTA 3: Méndigos carranclanes.

Salen, a la vez que inesperadamente por otro extremo entra Villa.

VILLA (Al público.): Los Estados Unidos quieren tragarse a México; vamos a ver si se les atora en el gaznate. (4)

Sale, a la vez que entra el narrador.

NARRADOR (Al público.): Por qué los mexicanos odiamos a los gringos, dicho por un gringo:

“Nos odian porque cuando llegan a nuestro país les pegamos, los hacemos morir de hambre y los asesinamos. En el suroeste cada año se mata a muchos mexicanos, como a perros, porque el estadunidense de esa región los considera como animales.

«Nos odian porque todos los años se organizan partidas de caza del otro lado de la frontera, para hacer prácticas de tiro usando a los mexicanos como blanco. Y nos odian finalmente porque las compañías mineras y petroleras norteamericanas han establecido la esclavitud en México, tratándolos peor de lo que lo haría un explotador de su propia raza». Pero no vayan a pensar mal. Esto no sucede ahora. John Reed lo escribió en tiempos de la Revolución. (5).

Sale, mientras al espacio 5 entra un zapatista narrador.

ZAPATISTA NARRADOR (Al público.): Nosotros los zapatistas no somos bandidos, sino hombres de principios. Oigan a mi general Zapata.

ZAPATA (Entrando al Espacio 1, al público): Con derechos violados no puede existir la paz. (6) El campesino se ha levantado en armas no para conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para procurarse el pedazo de tierra que ha de proporcionarle alimento y libertad. (7)

ZAPATISTA NARRADOR: Nosotros por donde andamos no perseguimos a los sacerdotes, antes ellos nos ayudan. (8)

ZAPATA: Los carrancistas han asolado poblaciones, quemado casas, cometido en las iglesias sus acostumbrados desmanes. A Cuernavaca la han dejado inconocible; las casas están sin puertas, las calles y las plazas convertidas en estercoleros, los templos abiertos, las imágenes destrozadas y la ciudad abandonada. Se llevaron a todos los pacíficos a viva fuerza. Los nuestros sólo encontraron tres familias ocultas que escaparon a la leva. (9)

Sale.

ZAPATISTA NARRADOR: Méndigos carranclanes.

Sale, mientras al Espacio 3 entran los estudiantes y al Espacio 1 Abraham González. Es su presencia agradable, generosa, imponente. Pero viene seguido de un esbirro de Huerta.

ESBIRRO (Brusco, toma a González por el brazo): ¿Es usted Abraham González? (10)

Quedan inmóviles.

LA ESTUDIANTE (Al estudiante.): El presidente Madero se arrodilló ante su madre para pedirle perdón por la muerte de Gustavo.

GONZÁLEZ (Logra desasirse del esbirro.): Yo soy.

ESBIRRO (Burlón.): Es usted Abraham González, el «maderista»?

GONZÁLEZ: Yo soy. ¿Y usted es un esbirro de Huerta? ¿Es de los que asesinaron al presidente Madero?

ESBIRRO: Por órdenes de mi general Huerta … (De pronto contiene su ira y empieza a reír.)

AUDIO: La voz grabada, distorsionada, del esbirro repite: Por órdenes de mi general Huerta, mi general Huerta, mi general Huerta. Por órdenes de mi general Huerta…

ESBIRRO (Colérico.): ¡Haremos que el tren pase sobre tu cadáver! Que pase sobre tu cadáver. (A punta de pistola, lo saca de escena.) ¡Vamos, camina! ¡Camina!

Salen.

LA ESTUDIANTE (Al estudiante.): Se arrodilló y pidió perdón por la muerte de su hermano Gustavo.

EL ESTUDIANTE (Viendo hacia el Espacio 5, donde entra Ricardo Flores Magón, anuncia.): Ricardo Flores Magón. Manifiesto del 23 de septiembre de 1911.

FLORES MAGÓN (Al público.): La libertad al alcance de nuestras manos. El mismo esfuerzo y el mismo sacrificio que cuesta elevar a un gobernante, esto es, un tirano, cuesta la expropiación de los bienes que detentan los ricos. (11)

Sale y al Espacio 4 entra Felipe Ángeles.

EL ESTUDIANTE (Viéndolo.): El general Felipe Ángeles.

ÁNGELES (Al público.): La Revolución se hizo para librarnos de los amos, para que vuelva el gobierno a manos del mismo pueblo y éste elija en cada región a los hombres honrados y los obligue a fungir como sirvientes de su voluntad expresada en las leyes, no como sus señores.

Los verdaderos obstáculos de la democracia en nuestro país son la ambición de los caudillos, que olvidan sus promesas, y la falta de voluntad del pueblo, que no se decide a participar en los asuntos públicos y ve con indiferencia y sumisión el nombramiento de las autoridades. (12)

Salen Felipe Ángeles y los estudiantes, a la vez que entra el narrador.

NARRADOR (Anuncia.): Venustiano Carranza en Querétaro.

Al Espacio 1 entra Carranza.

CARRANZA (Al público.): Aquí, señores, se expedirán probablemente las últimas leyes, se darán los últimos decretos y tal vez hasta la última Constitución que México necesita para que pueda encauzarse, para que pueda mantener su independencia. (13)

NARRADOR: Poco después convoca a un Congreso Constituyente.

Sale.

CARRANZA: Considero la Carta Magna de 1857 inadecuada para la satisfacción de las necesidades públicas y muy propicia para volver a entronizar otra tiranía igual o parecida a las que con demasiada frecuencia ha tenido el país. (14).

Sale, y al Espacio 1 entra el estudiante.

EL ESTUDIANTE: A Emiliano Zapata, de Pablo Neruda.

“Zapata entonces fue tierra y aurora.

En todo el horizonte aparecía

la multitud de su semilla armada.

Reparte el pan, la tierra: te acompaño.

Yo renuncio a mis párpados celestes,

yo, Zapata, me voy con el rocío

de las caballerías matutinas,

en un disparo desde los nopales

hasta las casas de pared rosada,

cintitas pa tu pelo,

no llores por tu Pancho…

La luna duerme sobre las monturas,

la muerte amontonada y repartida yace con los soldados de Zapata”. (15)

Sale, a la vez que al mismo Espacio entran los 3 villistas de 1916 y una mujer que pide agua se acerca y los aborda.

LA QUE PIDE AGUA: ¿Quiénes son ustedes?

VILLISTA 1: Soldados, somos soldados.

VILLISTA 2: ¿Qué no nos estás viendo?

VILLISTA 3: Soldados de la Revolución.

LA QUE PIDE AGUA: ¿Pero de quiénes son?

VILLISTA 3: Somos de los mejores.

VILLISTA 1: De los buenos.

LA QUE PIDE AGUA: Denme agua. Andamos en los desiertos y se nos acabó el agua.

VILLISTA 2: A nosotros también.

VILLISTA 1: Y tampoco tenemos comida. Ni trenes. Nos ha ido mal, andamos perseguidos.

VILLISTA 3: Tendrás que esperar.

LA QUE PIDE AGUA (Su angustia es contenida, fuerte.): Estuve esperando. Mi bebé murió porque no teníamos agua.

VILLISTA 2: No es culpa nuestra.

LA QUE PIDE AGUA: Siempre estoy esperando. Mi bebé murió. Dennos agua.

VILLISTA 3: No seas necia. ¡No hay agua!

VILLISTA 1: ¡Apártate, vamos de prisa! Tenemos que alcanzar a nuestro general Pancho Villa.

VILLISTA 2: Así es esto de la Revolución.

Salen, mientras ella grita.

LA QUE PIDE AGUA: ¡Mi bebé murió! … (Quedo.) Agua.  Dennos agua… Así es esto de la Revolución. (Grita.) ¡Por qué tiene que ser así! (16)

Sale por otro extremo a la vez que al mismo Espacio entran Villa, un soldado villista y Felipe Ángeles.

VILLA (Al villista.): Me los fusilan a todos.

VILLISTA: Sí, mi general.

ÁNGELES (A Villa.): Quemas viva a la gente. Asesinas a ancianos. (17)

VILLA (Al villista.): ¡A todos!

VILLISTA: ¡Sí, mi general!

Sale.

VILLA: Felipe Ángeles, usted ha sido el único hombre a quien he permitido que me contradiga y no lo he mandado fusilar. (18)

ÁNGELES: Está usted a tiempo.

VILLA: Hablemos en serio. Sabe que lo respeto y mucho le agradezco lo que nos han ayudado en el combate sus conocimientos en matemáticas, balística, artillería. (19)

ÁNGELES: He dedicado toda mi vida al estudio. (20)

VILLA: Pero lo que más admiro en usted es su honradez y su valor. General, vuelva a unirse con nosotros.

ÁNGELES: Vine a buscar la manera de que cese esta lucha salvaje que consume al pueblo mexicano, unificando en un solo grupo a todos los bandos políticos que existen en la República.(21)

VILLA: Imposible. Estamos muy divididos. Yo mismo, con algunos de mis hombres, intenté marchar hacia el centro del país, pero los carrancistas tienen ahí control absoluto y no pudimos pasar.(22)

ÁNGELES: Regresé en son de paz. Me voy en son de paz.

VILLA: General, si no se queda con nosotros los carrancistas lo van a colgar de un árbol.

ÁNGELES: No estoy de acuerdo con el fusilamiento de los prisioneros. (Se aleja.)

VILLA (Hacia otro extremo de donde está Ángeles.): A dónde vas, Felipe Ángeles.

ÁNGELES (Hacia otro extremo de donde está Villa.): Me aparto de tu camino.

VILLA: Te escondes, Felipe, en la sierra … Estás solo, Felipe Ángeles.

ÁNGELES: Casi tan solo como tú, Francisco Villa.

VILLA: Uno de tus hombres te delata. (23)

ÁNGELES (Para sí.): Consejo de guerra.

VILLA: Tus jueces son tus más encarnizados enemigos. (24)

ÁNGELES (Al público.): Culpo del estado actual de Villa y de los suyos a los gobiernos que no han tenido compasión de los desheredados y los han vuelto fieras…(25)

VILLA (Viendo a Ángeles.): General Felipe Ángeles, admiro su honor y su cultura. No me avergonzaría servir como soldado bajo su mando. (26)

Sale y entra el narrador. Ángeles voltea a verlo. Sabe que la hora del consejo de guerra ha llegado. Le da su pistola al narrador. Éste la toma.

NARRADOR (Con emoción, con afecto.): Te van a matar. Pero no borrarán la huella que dejaste en nosotros, Felipe Ángeles.

ÁNGELES (Para sí.): Tres palabras: pureza, amor, esperanza.

NARRADOR: En tus escritos te muestras de acuerdo con el socialismo, citas a Carlos Marx. (27)

ÁNGELES (Para sí.): La religión de Cristo se resume en tres palabras: pureza, amor, esperanza. (28) (Al público.) Sé que me van a matar. Pero también sé que mi muerte hará más por la causa democrática, porque la sangre de los mártires fecundiza las grandes causas. (29)

Sale.

NARRADOR: Al enterarse del fusilamiento de Ángeles, Pancho Villa envía sus tropas a la guarnición carrancista de Santa Rosalía, donde matan hasta el último de los defensores. (30)

EL SOLDADO VILLISTA (Entrando): Esta vez no estaba usted ahí para decirnos que no los matáramos, general Felipe Ángeles.

Sale.

NARRADOR (Anuncia.): Tres instantáneas. La muerte de tres caudillos…. Con indignación vemos esto, con mucha indignación y tristeza… Carranza ordena una nueva ofensiva contra los zapatistas. Pablo González siempre había combatido a Zapata y se vale de la traición de Jesús Guajardo.

Sale, a la vez que al Espacio 5 entra el zapatista narrador y al Espacio principal 5 soldados de Guajardo con sus fusiles, uno de ellos es también el clarín.

ZAPATISTA NARRADOR: En Chinameca, a mi general Zapata los soldados de Guajardo le presentaron armas.

Entra Zapata y el clarín toca tres veces llamada de honor. Los soldados le presentan armas a Zapata. Zapata avanza y llega frente a los de Guajardo.

ZAPATISTA NARRADOR: Le presentaron armas.

Los soldados vuelven a presentar armas; Zapata da media vuelta y sale. Inmediatamente los soldados apuntan hacia donde salió y fuera de escena se oye a la gente de Guajardo descargar sus fusiles contra Zapata. Los soldados hicieron mímica de disparar también y están felices de su hazaña. (31)

SOLDADOS:

—Lo agarramos desprevenido.

—No se decidía a entrar a la hacienda.

—Pero entró. Y con sólo diez hombres.

—Terminamos con Emiliano Zapata.

—Se cumplieron las órdenes de mi general Guajardo.

Salen.

ZAPATISTA NARRADOR: En Chinameca fue una emboscada. Ahí murió mi general Zapata.

Sale, a la vez que al Espacio principal entra el narrador, con un quinqué encendido. De noche, lluvia torrencial. El narrador coloca el quinqué y un pliego de papel.

NARRADOR: La choza de Tlaxcalantongo es un pobre jacal… Cuando legisladores y militares obregonistas, encabezados por Adolfo de la Huerta, se levantan en armas con el Plan de Aguaprieta, Carranza tiene que salir de la capital. A Tlaxcalantongo llega en su huída el Rey Viejo, como lo llamó Femando Benítez. Carranza tiene 61 años. Viene con Rodolfo Herrero, que le había servido de guía en la sierra de Puebla. Herrero, hasta ahí leal servidor de don Venustiano, ahora deja de ser solícito y sumiso.

Sale y por otro extremo entra Rodolfo Herrero, seguido de Carranza.

HERRERO (Burlón.): Ésta es la mejor casa en donde podrá usted pasar la noche, señor presidente.

CARRANZA: Gracias, general Herrero

HERRERO: Por ahora aquí será su Palacio Nacional.

Sale. Breve silencio. Carranza en el jacal. Ve el pliego de papel, lo desdobla y  lo lee.

CARRANZA (Para sí.): Un parte del general Mariel. Todo está arreglado. (Se dirige hacia un extremo y habla a personajes fuera de escena.). Ahora sí, señores, podemos descansar. (32)

Sale, con el papel y el quinqué. Fuera de escena, descargas de fusilería y relinchos de caballos asustados.

Voces:

—¡Por aquí están!

—¡Vamos por ellos!

—¡No dejen de disparar!

—¡Muéranse, jijos, muéranse!

Entran, armados, 7 Asaltantes en Tlaxcalantongo

ASALTANTES:

—Salgan, desgraciados.

—Salgan.

—Muera Carranza.

—Sal, viejo barbas de chivo.

—Muera Carranza.

—(Salió de escena.) Aquí terminó el viejo.

—Ven para arrastrarte.

Salieron todos; las descargas terminan. Un asaltante regresa y cruza el escenario con el quinqué.

ASALTANTE:(Burlón.) Ni siquiera carabina traía el señor presidente.

Sale. Termina la lluvia y entra el narrador.

NARRADOR: Los periódicos dan la noticia del asesinato.

Entra un voceador de periódicos.

VOCEADOR: Excélsior… Excélsior… Asesinato del presidente Carranza. . . Horrendo crimen en Tlaxcalantongo, a cuatro leguas de Villa Juárez… (Muestra el periódico a un espectador.) Excélsior, mi jefe, vea usted: 22 de mayo de 1920. Ayer mataron al presidente Carranza. Lo mató el ex federal Rodolfo Herrero, a la una de la mañana de ayer… (Vuelve a vocear.) Horrendo crimen. El presidente Carranza asesinado…

NARRADOR: Herrero negó el asesinato. Se quiso defender la tesis del suicidio…

VOCEADOR: Excélsior… El Presidente Carranza asesinado…

Sale.

NARRADOR: Honores de jefe de Estado en el entierro de don Venustiano.

Sale, a la vez que al mismo Espacio 1 entra un villista en Parral.

VILLISTA (Al público.): Mi general Pancho Villa quiso ir a un bautizo… Quiso ir manejando su propio auto…

Entra Villa.

VILLA: Aquí me esperas. Voy y regreso.

VILLISTA: Había de llevar su escolta.

VILLA: Van unos soldados en mi auto.

VILLISTA: Había de llevar su escolta.

VILLA: Aquí me esperas. Voy y regreso.

VILLISTA: Sí, mi general.

Salen, por diferentes extremos, a la vez que entra el narrador.

NARRADOR: En la calle de Gabino Barreda, en Parral, alquilan una casa los asesinos que esperan el regreso de Villa. Regresa, y por fin llega la mañana en que decide salir hacia su hacienda de Canutillo. Es la ocasión que los asesinos eligen. Un cómplice, parado en la esquina de Juárez y Barreda, les da la señal.

CÓMPLICE (Entra y ve el auto de Villa. Se apresura, levanta la mano para saludar): ¡Viva Villa! (Sale corriendo).

NARRADOR: El auto se acerca. Al dar vuelta a la esquina los asesinos abren fuego. Villa recibe 9 balazos y muere instantáneamente.

Satisfechos de su hazaña entran 5 asesinos con sus rifles y ubican el auto en el escenario.

—Era desconfiado, pero esta vez le falló.

—Ni cuenta se dio de que nuestros rifles le apuntaban.

—Aquí murió Francisco Villa.

—¿Y si nos agarran?

—No te preocupes, luego luego nos sueltan.

Salen Con la angustia de la muerte de su general, entra el villista en Parral y se acerca al auto.

VILLISTA: Por qué no llevó su escolta, mi general.

NARRADOR: Villa -escribe Ramón Puente- ha quedado exánime, con el cuerpo completamente doblado hacia la portezuela y la mano derecha en actitud como de sacar la pistola. Las dos manos heridas, el cráneo y la cara perforados. En la autopsia difícilmente se le reconoce el corazón, efecto destructor de las balas expansivas empleadas en el asalto. (33)

Sale.

VILLISTA: Así murió mi general Pancho Villa, destrozado su gran corazón.

Sale y se oye el Audio del cuadro siguiente.

 

 

Diecisiete

Audio de tren que se acerca. Al Espacio 1 entran 6 soldados y 3 mujeres que van a despedirlos. Los soldados traen sus rifles y cartucheras, cargan bultos con su ropa. Todos esperan. El tren llega. Los soldados se dirigen a él y con los bultos de ropa van formando un vagón imaginario.

NARRADOR (Entrando, lee el script.): Esos trenes de la Revolución… Diríase que no pudo haber Revolución sin los trenes. Fueron parte de la historia y parte del pueblo.

Quedaron algunos soldados arriba del vagón y otros abajo, con las mujeres. Voces y risas. Una mujer con el brazo sobre el hombro de un soldado, que la ve con cariño; otro soldado sostiene el rifle con una mano y con la otra abraza a su compañera. Se oyen fragmentos de conversaciones, frases alternadas en las conversaciones de diferentes parejas.

—…regresa pronto…

—…sí, así es esto…

—…regresaré…

—…en el pueblo siguiente…

—…la Revolución…

—…mi sangre junto a la tuya…

—…la Revolución…

—…nomás ahora, porque te vas…

Fuera de escena, redobles de tambor. Entra con su bulto de ropa, rifle y cartucheras, tocando el tambor, un soldado muy joven, que se dirige al tren. Se hace un silencio, todos lo miran.

NARRADOR (Lee.): El soldado más joven, casi un niño… Viene serio.  Está consciente de su responsabilidad. Va a la guerra.

Sale. Los redobles del tambor son lo único que se escucha. El soldado llega al tren y termina de tocar. Sube al vagón. El tren empieza a avanzar. Ruido de la máquina, silbato de la locomotora. Las mujeres retroceden, ellas y los soldados levantan las manos, haciendo señal de despedida. Las mujeres se van alejando, salen. Ellos siguen el movimiento rítmico del tren. El Audio sube, crece; el tren está en plena marcha. De pronto, gran explosión y efectos de luces; el tren descarrila, vuela, se desintegra. Los soldados caen muertos, el más joven junto al tambor. (1)

Al mismo espacio principal entra un actor de la obra que se está representando.

ACTOR: “Es la Revolución, la palabra mágica que va a cambiarlo todo y que nos va a dar una alegría inmensa y una muerte rápida. La Revolución es el rostro brutal y resplandeciente de la fiesta y la muerte, del mitote y el balazo, de la feria y el amor. Es un salir al aire muchas ferocidades, muchas ternuras y muchas finuras ocultas por el miedo a ser. México se atreve a ser. La explosión revolucionaria es una portentosa fiesta en la que el mexicano, borracho de sí mismo, conoce al fin, en abrazo mortal, al otro mexicano”. Octavio Paz. (2)

Sale. Bajan las luces y queda un cenital : el soldado niño y su tambor. . .

Oscuro. Inmediatamente vuelve la luz y a la vista del público los soldados salen.

Dieciocho

El actor regresa y se dirige al público, mientras van entrando todos los demás, también como actores de la obra.

ACTOR: Los actores de esta obra hemos interpretado personajes y representado acontecimientos que forman parte de la historia de nuestro país.

ACTORES:

—Un millón de muertos.

—De 1914 a 1919 murieron un millón de mexicanos. La cuarta parte en campos de batalla y frente a los pelotones de ejecución, o colgados de los árboles. (1)

—Las otras tres cuartas partes a causa de la hambruna, el tifo y otras epidemias que se abatieron sobre la población debilitada. (2)

—Pero la Revolución mexicana no fue nada más batallas y asesinatos. Fue también una revolución social.

—Un país agrario y feudal se convirtió en industrializado. Hoy, viendo lo que México era en 1910 y lo que es ahora, no podemos negar el legado positivo que nos dejó la Revolución.

—La Constitución de 1917.

—(Anuncia.) Los constituyentes.

Todos se convierten en constituyentes.

CONSTITUYENTES:

—Artículo Tercero. La enseñanza es libre, pero será laica la que se dé en los establecimientos oficiales de educación .

—Artículo Veintisiete. La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponde originalmente a la nación.

—Artículo Veintiocho. En los Estados Unidos Mexicanos no habrá monopolios ni estancos de ninguna clase.

—Artículo Ciento Veintitrés. La duración de la jornada máxima será de ocho horas.

—Por cada seis días de trabajo deberá disfrutar el operario de un día de descanso.

—Los trabajadores tendrán derecho a una participación en las utilidades.

—Las huelgas serán lícitas cuando tengan por objeto conseguir el equilibrio entre los diversos factores de la producción.

—Armonizando los derechos del trabajo con los del capital.

—Artículo Ciento Treinta: El Congreso no puede dictar leyes estableciendo o prohibiendo religión cualquiera.

—El matrimonio es un contrato civil.

—Los ministros de los cultos serán considerados como personas que ejercen una profesión y estarán directamente sujetos a las leyes que sobre la materia se dicten. (3)

Se convierten en El pueblo, a la vez que uno de ellos dice.

CONSTITUYENTE: ¿Y el pueblo? Cómo vivió la Revolución. ¿Qué pueden decimos de la Revolución los que más la padecieron. Oigamos al pueblo.

Se convierte también en pueblo. Entre el público, cada persona del pueblo se dirigirá a un grupo de espectadores; se forman así 11 grupos.

EL PUEBLO:

—Yo siento que lo peor fue el miedo. A muchos nos entró el miedo.

— A todos.

—El miedo te agarra en todo el cuerpo y ya no te deja ni pensar ni llorar, apenas respirar.

—Ahí estaban tirados, mujeres, hombres, niños. Nomás los acomodaron en hileras, cinco o seis hileras de muertos, y ahí mismo abrieron una zanja y los echaron dentro.

—Vimos llegar a los soldados. Todavía no sabíamos de cuáles eran.

—Venía la infantería, cargando las ametralladoras.

—La caballería se había adelantado, pero un oficial regresó hacia atrás, hacia la retaguardia, para ver si alguno quería desertar. Y si quería, le disparaba y lo mataba.

—Por lo menos en el combate se muere uno rápido, no de enfermedad. En el combate te mueres rápido.

—Yo como soldado no me tentaba el corazón para quebrarme a alguien. Al cabo que los crímenes del enemigo eran peores que los nuestros.

—Los rurales estábamos del lado bueno, del lado del gobierno. Pero también los nuestros murieron de a montón.

—Usted, señora qué opina.

—Pos que quere que yo opine. Nosotros los indios nomás pegados a la cola del caballo de Zapata. (4)

—Fue peor que cuando tiembla la tierra. Yo estaba en mi casa y empezamos a oír balazos, y hasta granadas, y mi viejo me dijo: no salgas. Y no salí, al cabo que yo nunca salgo, pero al rato se nos metió la Revolución en la casa y una pared se vino abajo, como si hubiera un temblor, así se metió la Revolución dentro de la casa.

—En la capital no había gobierno, ni leyes, ni bancos. Por todas partes los soldados juzgaban, robaban, mataban. (5)

—Así estuvo la cosa.

—De mi familia nadie quedó. Estábamos cenando cuando llegaron los federales. ¿No nos convidan?, dijeron. Y rápido se llevaron a los hombres, mi marido y mis tres hijos, se los llevaron sin hacer caso de mis gritos y porque yo me les arrodillaba de un golpe me dejaron ahí tirada. Y luego luego, allá abajo de los árboles, apenas se los habían llevado, se oyeron los disparos de fusiles. ¡Asesinos, jijos, desgraciados! A todos los mataron.

— Las mujeres nos fuimos, cargando con los niños y con nuestros fusiles. No nada más como soldaderas, sino con nuestros fusiles y con los niños. Por eso también muchos niños murieron.

—Siempre la muerte a la vuelta de la esquina.

—Aunque fuéramos pacíficos, nos llevaban con la leva.

—Yo vi la Revolución como una lucha por la dignidad humana. Así empezó y así siguió: una lucha por la dignidad humana.

—Cuál dignidad humana. Lo que teníamos era hambre.

—Ya los campesinos comíamos nomás salvado, y todavía los dueños de los comercios le habían echado serrín.

—Otros comíamos tierra. (6)

—En Zacatecas fue una carnicería. A la llegada de Villa los federales hicieron explotar el cuartel donde tenían sus municiones. Quedaron muchos cuerpos sepultados en los escombros y otros tirados en la calle. Tuve que saltar sobre los muertos, personas y caballos. (7)

—Allá por Atlixco, cada que pasaban las tropas de Guajardo robaban los pueblos y se llevaban todo: bestias de carga, puercos, gallinas, guajolotes, todo agarraban. Y lo que no podían llevarse lo destruían. Quemaban nuestros jacales y nuestras cosechas. A todas las mujeres las violaban. Jovencitas y ancianas, a todas. Pasaban veinte soldados, y a veces más, por sobre cada una. (8)

— Nuestros principales enemigos no eran los carrancistas, sino los piojos y las ratas. Las moscas iban de los cadáveres a lo que estábamos comiendo. Las ratas estaban panzonas de carne de muertos, pero con todo venían a roer nuestra comida. (9)

—Caen las hojas y ruedan las piedras.

—Fueron muchos años de andarle huyendo a la muerte.

—Todavía amanecemos con esa angustia todos los días. Y no hallamos como olvidar.

—Heridas causadas por el miedo, las obsesiones, los actos compulsivos y repetitivos provocados por el terror, por el grado enorme de sufrimiento.

—Como sea, al pueblo siempre le va mal.

Salen todos, menos uno que se convierte en el actor y los cuatro que interpretaron los papeles de Madero, Zapata, Villa y Carranza, que se convierten en los caudillos.

ACTOR: Diez años después de iniciada la Revolución, Madero, Zapata y Carranza ya no existían. A Villa lo asesinan en 1923. Cuáles fueron los ideales de los caudillos. Cuáles sus sentimientos. Cómo pensaban, qué querían.

Sale. Los caudillos se adelantan.

MADERO: Francisco I. Madero. Prefiero hundirme en la ley que sostenerme sin ella. (10)

ZAPATA: Yo no soy político. A Emiliano Zapata no se le compra con oro.(11)

VILLA: Pancho Villa no tiene ambiciones políticas. Me retiraré cuando los combates terminen. (12)

CARRANZA: Venustiano Carranza. Si los jefes me abandonan, me retiraré de mi patria; en caso contrario lucharemos hasta morir. (13)

MADERO: La situación del obrero mexicano es tan precaria que a pesar de las humillaciones sufridas allende el río Bravo anualmente emigran hacia los Estados Unidos miles de nuestros compatriotas. Y la verdad es que su suerte allá es menos triste que en su tierra natal. (14)

VILLA: Quiero una nueva República. En ella serán establecidas colonias militares formadas por veteranos de la Revolución. El Estado les dará posesión de tierras agrícolas y creará grandes empresas industriales para darles trabajo. Laborarán tres días a la semana y los demás recibirán instrucción militar que impartirán a todo el pueblo, para enseñarlo a pelear. (15)

CARRANZA: Apego al orden constitucional. Lo más importante es la ley escrita.

VILLA: Cuando se establezca la nueva República no habrá más ejército en México. Los ejércitos son los más grandes apoyos de la tiranía. No puede haber dictador sin su ejército. (16)

MADERO: Dar la gran batalla en contra del absolutismo. Pero no la guerra fratricida por medió de las armas, sino las luchas de la idea por la prensa, la tribuna, en las urnas electorales, en el vasto campo de la democracia. (17)

ZAPATA: Plan de Ayala. En virtud de que la inmensa mayoría de mexicanos no son dueños más que del terreno que pisan, sin poder mejorar en nada su condición social ni dedicarse a la industria o a la agricultura, por estar monopolizadas en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas, se expropiarán, previa indemnización de la tercera parte de estos monopolios, a los poderosos propietarios de ellos, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fondos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor, y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos. (18)

CARRANZA: Esta Revolución debe restablecer el orden constitucional, sin llevar al pueblo, con engaños, a una lucha que ha de costar mucha sangre para después, si no cumple, dar lugar a mayores movimientos revolucionarios. (19)

ZAPATA: El pueblo teme que los libertadores de hoy vayan a ser iguales a los caudillos de ayer. (20)

CARRANZA: Propongo pacificar al país disolviendo los cuerpos del ejército. Propongo acrecentar la producción.

MADERO: Cometí dos grandes errores que causaron mi caída: querer contentar a todos y no saber confiar en mis verdaderos amigos. (21)

CARRANZA: Revolución que transa es revolución perdida. Las revoluciones necesitan ser implacables. Lo repito: revolución que transa, se suicida. (22)

VILLA: Nunca guardé resentimiento a mis carceleros, pero sí a las instituciones. (23)

En la ciudad de México vi a niños dormir en la calle. Me pudo mucho. Hice que se llevaran a cientos de ellos a la Escuela de Artes y Oficios de Chihuahua. (24)

Cuando me dieron una medalla y dijeron que era por mi heroísmo en el campo de batalla, les contesté lo que ahora les digo a ustedes: No hay palabras para hablar. Lo único que puedo decir es que mi corazón les pertenece. (25)

CARRANZA: Tendremos que removerlo todo, drenarlo y construirlo de verdad. (26)

ZAPATA: Nunca me aparté de mi meta de devolver las tierras a los campesinos. (27)

La Revolución por mí encabezada cumple estrictamente sus promesas. (28)

Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres. (29)

Nunca he pedido clemencia, más que a Dios. (30)

Entra el actor, que insiste.

ACTOR: ¿Y el pueblo? Oigamos al pueblo.

Todos se convierten en el pueblo que reclama, exige.

EL PUEBLO:

—Los que vivimos los balazos, los combates, la desesperación.

—La soledad.

—Peones y hacendados. Pobres y ricos.

—Ciudadanos, campesinos, soldados, caudillos.

—Los estudiantes.

—Y los poetas. Todos somos la nación. Todos somos el pueblo.

—Murieron los que más queríamos.

—En los montes y en las calles. En la desesperación y en los combates.

—Ahí quedaron.

—En los montes y en las calles.

—En los hoyancos y en las zanjas.

—En los cementerios.

—Ahí quedaron.

—En nuestra sangre, en nuestro respirar, en nuestras manos y puños.

—Ahí quedaron.

—Los que más queríamos.

—Los entrañables.

—¡Ahora, que no nos cuenten lo que nos pasa!

—No queremos más muertos.

—No queremos otra guerra.

—¡Pero exigimos soluciones ! ¡Exigimos justicia!

Una actriz y un actor se convierten en la mujer y el hombre del principio de la obra, ella queda en el espacio 2 y él se acerca. Al espacio principal entra el narrador con el script y se repiten frases del cuadro uno.

NARRADOR (Lee.): El pueblo nada tiene, todo le quitan…

HOMBRE (A la mujer.): No traje nada… (Empieza a gritar, cada vez más fuerte.) ¡No traje nada! ¡No traje nada! ¡No traje nada! No traje nada! (Se une, con la mujer, al coro de voces.)

TODOS: ¡Exigimos soluciones ! ¡Exigimos justicia!

NARRADOR: En un país llamado México. Tierra esplendorosa, tierra de luz.

Cierra el script. Entró Audio musical que sube, mientras bajan las luces.

Oscuro final.

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