Esta obra se llama EL HÁBITO y es de Tomás Urtusátegui

 

PERSONAJES:
ASUNCIÓN….MADRE
LUPE….HIJA.
ALICIA….AMIGA DE LUPE

ESCENOGRAFÍA: Tres pantallas situadas una en medio y dos laterales. En ellas se proyectarán diferentes escenarios. No habrá otro tipo de escenografia con excepción de una silla diferente frente a cada una de las pantallas. Una silla de hospital, una silla de recámara, una silla de comedor. También serán las sillas asiento del metro y las demás que se necesiten.

Las escenas serán cortas y se apoyarán en un fondo musical que deberá decidir el director.

La hija está terminando de arreglarse para salir a la calle. Bebe un café que llevó a su recámara. Imagen de un recámara en la pantalla.

LUPE.- El café está frío, mamá.
ASUNCIÓN.- Tómatelo como esté que se te va a hacer tarde si ya no se te hizo.
LUPE.- No encontraba los tenis para la clase de deporte, casi me vuelvo loca buscándolos. De seguro tú los pusiste ahí.
ASUNCIÓN.-¿ Dónde?
LUPE.- No te hagas. En el baño. Entre la ropa sucia.
ASUNCIÓN.- Todo lo dejas regado. Un día de estos vas a dejar por ahí tu cabeza.
LUPE.- (Rie). Sería la descabezada de la colonia Narvarte. Imagínate, de noche podía asustar a más de uno…o una, empezando por mi teacher de inglés. No la soporto.
ASUNCIÓN.- No hables de aparecidos, ya sabes que no me gusta.
LUPE.- Qué tal y se te aparece el diablo y te dice que te cambia el alma por riquezas… Entonces sí te iba a gustar.
ASUNCIÓN.- Con el demonio no se juega, es algo peligroso.
LUPE.- No me digas que crees en él.
ASUNCIÓN.- Claro que creo en él. La iglesia claramente especifica que Satanás es…
LUPE.- ¡Ay, güey! Perdón, pero la bruta de mí se metió en terreno pantanoso. Ya sé que en esta casa no se puede hablar de religión. Perdón otra vez. Juro por todos los santos que nunca más… No, ya otra vez iba a nombrar la iglesia. Menos puedo jurar por todos los diablos…(Ríe provocadora).
ASUNCIÓN.- Por supuesto que se puede hablar de religión. Es más, deberíamos hacerlo varias veces al día. Al levantarnos para agradecer a Dios otro día de vida, al desayunar…
LUPE.- Ya para tu rollo. ¿No? Ya me tengo que ir.
ASUNCIÓN.- Un día podemos platicar de eso sin violentarnos.
LUPE.- Está bien. Un día. Adiós.
ASUNCIÓN.- Que Dios te ayude, hija.

Se apaga esta pantalla. En la del centro aparece el interior del metro. Lupe está de pie. Un momento después tiene un ligero mareo. Está por caer. Se puede mantener de pie. Suda. Se seca el sudor.
Se apaga la pantalla. En otra aparece un altar de una iglesia. La imagen es de la Virgen de Guadalupе.

ASUNCIÓN.- (Rezando con mucha devoción y al mismo tiempo con mucha angustia).¡ Sálvala Virgencita, te lo ruego!

Llora mientras va pasando las cuentas de un rosario. Se apaga la pantalla. En la derecha aparece un cuarto de hospital. Lupe, muy decaida está sentada. Dormita. Entra la asunción. Trae unas flores.

ASUNCIÓN.- ¿Cómo sigue mi reina?
LUPE.- (Despertando). Ah, eres tú.
ASUNCIÓN.- ¿No te da gusto?
LUPE.- Quedaste en venir hace una hora.
ASUNCIÓN.- Fui a comprarte estas flores. ¿No están divinas? Son un regalo de Dios.
LUPE.- Gracias, ponlas por ai.
ASUNCIÓN.- Vi al médico, me dijo que en tres días te va a dar de alta. ¡Gracias a la Virgen!
LUPE.- ¿Qué más te dijo?
ASUNCIÓN.- Nada, por qué.
LUPE.- Me salió con que debo seguir en la casa en reposo un mes más. Qué se cree el baboso, que no tengo nada que hacer o qué. Qué fácil decir no haga nada. Ya voy a perder el semestre.
ASUNCIÓN.- Si lo dice es por algo. La hepatitis sólo así se cura. Ya ves a Jorge Negrete, por no cuidarse se murió.
LUPE.- Se murió hace como cien años. Hoy la medicina es diferente.
ASUNCIÓN.-Este médico sabe mucho. A mí me lo recomendó Doña Alberta.
LUPE.- Buena recomendación.
ASUNCIÓN.- ¿Tienes algo en contra de ella? Es la directora del catecismo y además es miembro…
LUPE.- Déjalo.
ASUNCIÓN.- ¿Te dijo el médico qué vas a poder comer cuando salgas?
LUPE.- No, me dijo lo del reposo y se rió de mí.
ASUNCIÓN.- ¿Se rió?
LUPE.- Por lo de mi nombre. No lo podía creer.
ASUNCIÓN.- ¿Qué tiene de chistoso tu nombre?
LUPE.- ¿No es para cagarse de risa un nombre como el mío? Fátima Guadalupe Concepción del Sagrado Corazón. Lo menos que puedo es llegar a ser santa.
ASUNCIÓN.- Hace unos años a todas las niñas se les ponían nombres así, nombres cristianos no como ahora. Por todos lados hay Thalías, Yesenías y quién sabe cuantas porquerías más. 
LUPE.- Mi nombre es nombre de hace un siglo. Y da la casualidad de que ya estamos en el siglo veintiuno.
ASUNCIÓN.- ¿No te gusta el nombre de Lupe?
LUPE.- Todas las sirvientas se llaman así.
ASUNCIÓN.- No sólo las sirvientas, así se llaman muchas mujeres en México en honor de nuestra Santa Patrona la Virgencita de Guadalupe.
LUPE.- Si tú dices.
ASUNCIÓN.- Me hubiera encantado que mis papás me pusieran ese nombre.
LUPE.- Pues a mí me caga el nombrecito.
ASUNCIÓN.- ¡Niña!
LUPE.- ¿Me trajiste ropa limpia?
ASUNCIÓN.- Te la traigo el día que salgas.

Se apaga esa pantalla. En la tercera se proyecta un rincón de una escuela.

LUPE.- La pinche maestra me va a tronar, ya me lo dijo, como si hubiera sido culpa mía la enfermedad.
ALICIA.- ¿Ya le enseñaste el certificado médico?
LUPE.- Le valió, güey. Me dijo que dos meses de inasistencia es un montón de tiempo, que tengo que repetir el curso. Y lo peor de todo es que tengo que seguir faltando. El méndigo del médico me cito mañana para darme los resultados. De ellos depende si me da o no de alta.
ALICIA.- Ya te ves bien, güey.
LUPE.- Por lo menos no estoy de china…toda amarilla. (Rien). Qué gacho color. Hasta la ropa se me manchaba.
ALICIA.- ¿Tu mamá ya sabe que te van a tronar?
LUPE.- Sí, güey.
ALICIA.-¿Y?
LUPE.- También le valió. Ella con tal de tener sus veladoras prendidas a quien sabe cuantos santos le basta y sobra. Yo tengo dos en mi recámara. Una para la Virgen y otra para San Judas. Y ay de mí si las apago. Entonces arde Troya.
ALICIA.- Tu mamá es buena onda, güey. Déjala que crea en eso, total, a ti qué.
LUPE.- La dejo. Pero que no me esté chingue y chingue con que tengo que rezar a no sé quién y acompañarla a la iglesia. Yo paso.
ALICIA.- ¿Tú eres creyente?
LUPE.- Sí.
ALICIA.- Lo dices muy segura.
LUPE.- Porque es la verdad.
ALICIA.- ¿No criticas a tu madre por eso, güey?
LUPE.- Ella no es creyente, la pendeja es una mocha.
ALICIA.- ¿Qué le mocharon?
LUPE.- (Riendo). El cerebro.

(Rien las dos).
Se apaga la pantalla. Aparece una caseta telefónica en la calle. Lupe habla.

LUPE.- Estás chiflado (Ríe). Claro que ya estoy buena…yo diría muy buena. Se rie. Sí, güey, a las pruebas me remito. Estoy mucho mejor que Rita, y a ti esa te hace andar de nalgas por todo el pavimento del Zócalo. Di que no es cierto. (Ríe). Eso dices ahora, menso. Pero a mí, ya sabes… ¿Que tú me vas a invitar? Fíjate que no te lo creo… ¿Con qué, güey? si nunca tienes un quinto…  ¿A ese antro? ¡Guácala!…Bueno, está bien, nomás para que no digas que soy apretada…Óyeme, yo sabré que me pongo…No, esa falda está bien corta y mi mamá si me ve me mata…Está bien, me la voy a poner. Total…Está bien, ya te entendí. Es el sábado ¿no? No soy una tarada…Mira, güey, el tarado será otro…O K, aí nos vidrios… Te lo lavas tú, estúpido. (Rie. Cuelga. Se va caminando  cоqueta)

Se apaga esa pantalla. En otra aparece un closet abierto. Lupe se prueba diversas faldas y blusas. La mayoria de ellas son muy ajustadas y muy provocativas. Ella modela para sí misma. Puede bailar un momento. Sonrie muy satisfecha de los resultados. También puede cambiar de peinados y de zapatos. Busca ser lo más sexi posible.

Se apaga esa pantalla, aparece la sala de la casa. Sobre la silla está una caja grande envuelta como regalo. La madre escribe una tarjeta. La pone en la caja. Entra Lupe. Viene arreglada
para salir con su amigo. Se ve muy coqueta y bella.

LUPE.-¿Y eso?
ASUNCIÓN.- ¿Vas a salir?
LUPE.- ¿No se nota?
ASUNCIÓN.- Pensé que íbamos a festejar las dos.
LUPE.- ¿Qué tenemos que festejar? Que yo sepa no es mi cumple ni el tuyo.
ASUNCIÓN.- Festejar que el médico ya te dio el día de hoy el alta. Ya estás totalmente sana, gracias a Dios. No sabes el gusto que tengo. Estas enfermedades luego dejan secuencias…Ya tus bilirrubinas están normales.
LUPE.- Te pregunté que qué es esa caja. Parece un regalo. ¿Es para mí?
ASUNCIÓN.- Así es.
LUPE.- ¿Es un vestido? Gracias, mami. No esperaba menos de ti. ¿Me lo puedo probar? Ojalá y sea como los que a mí me gustan.
ASUNCIÓN.- No creo…
LUPE.- Deja verlo.

Lupe toma la caja para abrirla. Se lo impide asunción. Ella toma la caja.

ASUNCIÓN.- Antes tengo que hablar contigo.
LUPE.- Újale, ya se me había olvidado que si tú das cualquier cosa antes tiene que haber promesas. ¿Qué te tengo que prometer para que me lo des? ¿Lavar los trastes, guardar mi ropa, hablar menos por teléfono, rezar antes de dormirme?
ASUNCIÓN.- No es nada de eso.
LUPE.- ¿Tons?
ASUNCIÓN.- Quiero que te lo pongas desde hoy hasta dentro de un año. Todos los días.
LUPE.- ¿El mismo vestido todos los días? Ora sí que te patina el coco, ma. ¿De qué yerba fumaste?
ASUNCIÓN: Es una promesa. Te voy a comprar otro para que puedas estártelo cambiando.
LUPE.-¿ Qué?
ASUNCIÓN.- Estuviste muy grave, un médico me dijo que corrías peligro hasta de morir.
LUPE.- Ya estoy bien.
ASUNCIÓN.- Por eso.
LUPE.- Por eso ¿qué?
ASUNCIÓN.- Prometí a San Judas Tadeo que si te aliviabas…
LUPE.- ¿Qué le prometiste?
ASUNCIÓN.- Que te ibas a poner este hábito. Es de las clarisas. Es lo menos que puedes hacer por el milagro.
LUPE.-¿ Qué?

Asunción saca de la caja el hábito. Se lo da a la hija. Esta no puede creer lo que ve. Se apaga esa pantalla. En otra aparece un parque. Alicia, sentada lee un libro de poemas. Suspira. Un momento después llega Lupe. Viste el hábito de clarisa.
LUPE.- Quiubo.
ALICIA.- Vaya, hasta que llego Sor Presa.
LUPE.-¿Ya vas a empezar de nuevo?
ALICIA.- En la escuela te dicen peor: Sor Bete, Sor Tija, Sor Na y para que seguirle. La verdad que me sigue dando un chorro de risa verte así. Te ves vaciadísima.
LUPE.- (Se pone a llorar). ¡Ya no aguanto más! Y faltan todavía 8 meses.
ALICIA-.- Pues manda a volar a tu mamá, nunca pensé que le siguieras la onda religiosa, tú que…
LUPE.- Me obligó.
ALICIA.- ¿Con una pistola o qué? Se me hace que hasta te gusta andar vestida así.
LUPE.- Me ganó con sus llantos, sus súplicas.
ALICIA.- No puede obligarte.
LUPE.- Eso le dije. Me contestaba que una promesa es una promesa, que si no la cumplía iban sucederle a ella mil cosas terribles, y a mí también. Íbamos a perder la casa, el trabajo, nos íbamos a llenar de enfermedades y de deudas. Y sobre todo nos íbamos a condenar por los siglos de los siglos.
ALICIA.- Amén.
LUPE.- Sí. Amén.
ALICIA.-¿Y no te has defendido?
LUPE.- ¿No? Le dejé de hablar como un mes. Otro mes casi dejé de comer. Ya no la ayudo nada en la casa. Pero ella sigue con lo de la promesa.
ALICIA.- ¿Y Jorge? ¿No te dice nada Jorge?
LUPE.- No, no me dice nada, güey.
ALICIA.- No es posible, él que siempre se está burlando de todo lo de la iglesia.
LUPE.- No me dice nada porque ya no me ve. Me cortó cuando le dije que iba a usar esta madre un año.
ALICIA.- ¿Y sí la vas a usar?
LUPE.-No.
ALICIA.- ¿Y tu mamá?
LUPE.- Me voy a largar de la casa.
ALICIA.- ¿Largarte? ¿Y dónde vas a ir, güey?
LUPE.- Donde sea. Donde pueda vestirme como se me hinchen.
ALICIA.- Pero dónde.
LUPE.- Ya te dije, donde sea.
ALICIA.- Yo te ofrecería mi casa pero ya sabes…
LUPE.- No faltará donde.
Se apaga esa pantalla. Aparece la sala de casa de Lupe en otra. Alicia habla con Asunción.
ASUNCIÓN.- ¿Estás segura, hija?
ALICIA.- Totalmente.
ASUNCIÓN.- ¿Y qué puedo hacer, Dios Santo?
ALICIA.- Es muy fácil, señora, deje que se vista normal.
ASUNCIÓN.- No puedo.
ALICIA.- ¿No le importa dónde se pueda ir Lupe?
ASUNCIÓN.- Claro que me importa. Soy su madre.
ALICIA.- Pues no se nota.
ASUNCIÓN.- Ella sabe que una promesa no se puede romper.
ALICIA.- Una promesa que haga ella, pero no una promesa que no hizo.
ASUNCIÓN.- La hice yo.
ALICIA.- Ya ve.
ASUNCIÓN.- Ella es mi hija.
ALICIA.- Suponga, y hablo de una suposición, que ella promete que usted va a salir encuerda al mercado durante un mes.
ASUNCIÓN.- Ella no puede prometer algo así.
ALICIA.- ¿Por qué no?
ASUNCIÓN.- No puedes comparar. Un hábito es algo santo.
ALICIA.- Para usted, no para ella. El desnudo para ella puede significar libertad. ¿Y verdad que usted no saldría desnuda ni aunque la mataran?
ASUNCIÓN.- Por supuesto que no.
ALICIA.-¿Y no le importaría la promesa de su hija?
ASUNCIÓN.- Es una promesa equivocada.
ALICIA.- Pues para ella la promesa de usted está igualmente equivocada. Yo pienso que uno debe prometer sólo cosas que uno va a cumplir y no prometer por otros.
ASUNCIÓN.- Puede que tengas razón, pero ya lo hice y ella tiene que cumplir.
ALICIA.- Se le va a ir, después no esté llorando.

Se apaga la pantalla. En otra aparece una entrada al salón de un antro. Lupe, vestida mиy coquetamente, se arregla frente a un espejo. Usa una minifalda muy acentuada. Está feliz. Un momento después llega Alicia.
ALICIA.- Ya hablé a su casa. Sí va a venir.
LUPE.- ¿Le dijiste que yo iba a estar, güey?
ALICIA.- De eso se trata ¿no?
LUPE.- ¿Qué dijo?
ALICIA.- ¿Que si ibas a venir de hábito? Que si era así ni pensaras que él se fuera a presentar.
LUPE.- Yo creí que me iba a cortar de por vida.
ALICIA.- Se me hace que quedó bien picado al verte de monja. No lo dice pero se me hace que le gustaste así. Ya sabes, a los hombres les encanta seducir monjas.
LUPE.- ¿De dónde sacas eso?
ALICIA.- Una que lee, que se cultiva.
LUPE.-¿Cómo me veo?
ALICIA.-¿Me estás echando los perros? Pregúntale a Jorge. Yo no le hago a eso.
LUPE.- No seas payasa, güey. Dime.
ALICIA.- Te ves mejor que de monja. Me cae.
LUPE.- Ya me anda porque llegue.
ALICIA.- No me has dicho cómo le hiciste con tu mamá. Te faltaban todavía seis meses de promesa.
LUPE.- Hablamos, gritamos, nos insultamos, lloramos, amenazamos con suicidarnos las dos, volvimos a llorar y por último llegamos a un arreglo.
ALICIA.- ¿Cuál?
LUPE.- Uno.
ALICIA.-¿No me lo vas a decir?
LUPE.- Que te lo diga ella.
ALICIA.-¿Vino aquí?
LUPE.- Esté en el baño, perdón, en el tocador de señoras. No ha de tardar.

Entra la madre. Ella viste el hábito. Alicia se queda viendo a Lupe. Esta sonrie. Se hace oscuro total.

FIN

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